Mi?rcoles, 13 de febrero de 2008

 

Algún dato más acerca de este barakaldarra que acompañó a Vasco Núñez de Balboa en el descubrimiento del Océano Pacífico.

Juan de Urkullu (fallecido hacia 1516) y su esposa, María López de Urkullu (fallecida hacia 1521), vivieron en la segunda mitad del siglo XV en Urkullu, lugar del cual habían tomado el apellido, situado en el valle de Barakaldo. Fruto de aquel matrimonio nacieron Juan Urtiz, Sancho Urtíz, Ortuño, María Sáez y Juana de Urkullu.
En aquel tiempo era costumbre en este valle, como en otros muchos lugares de Euskalherria, que el apellido coincidiese con el solar en que se residía; por esa razón, las dos hijas, María Sáez y Juana de Urkullu, cambiaron el suyo cuando contrajeron matrimonio con Juan González de Tellitu y Pedro Sanz de Eskauritza, respectivamente. Los varones mantuvieron el apellido salvo en el caso de Ortuño, al cual es frecuente encontrarlo documentado como Ortuño de Barakaldo. En este caso nos encontramos ante otra costumbre bastante generalizada entre las personas que se trasladaban a América, que cambiaban su apellido por el del pueblo del que eran originarias. Sin embargo, no existe duda a la hora de identificar a Ortuño, ya sea con uno u otro apellido, pues, cuando en Barakaldo se siguieron los trámites para reclamar la herencia que había dejado –638 pesos de oro-, los testigos presentados dejaron bien claro que no existió otro Ortuño que hubiese ido a América excepto el que conocieron indistintamente con los nombres de Ortuño de Urkullu o de Barakaldo y que era natural de aquel valle.

En la copia de su testamento, otorgado en la ciudad de Panamá a 18 de octubre de 1529, se lee sobre su origen: “sepan quantos esta carta vieren como yo, Hurtuño de Baracaldo, natural de Baricaldo de la provinçia de Orculo (sic), hijo de Juan de Orculo e de Maria Lopes de Vrculo, mis señores padre e madre, difuntos, que Dios aya, vezinos del dicho lugar de Vrculo, estante al presente en esta çibdad de Panama, ques en estos reinos de Castilla del Oro, en la costa de la mar del Sur...”

Entre otras mandas pedía ser enterrado en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Panamá pero, aunque dedicó a esta cierta suma de dinero, fue especialmente generoso con la de Barakaldo a la que mandó lo siguiente: “a la dicha yglesia de señor San Biçente de Varacaldo un caliz de plata sobre dorado con su portapaz de lo mismo, e mando para él quinze castellanos”. Además, pidió que, según la costumbre, se le hiciesen las honras en dicha iglesia de San Vicente, encima de la sepultura de sus padres y se le rezase un “treintanario”.

En el resto de disposiciones recogía algunas deudas que tenía contraidas y otras de las que era acreedor. Después estableció una manda de 15.000 maravedís para casar a la más necesitada de sus sobrinas.

Dejaba como heredero universal a su hijo Ortuño de Iguliz, fruto de su matrimonio con Marina de Iguliz. Sin embargo, su mayor preocupación era su hijo “Juanico”, habido en una india llamada Beatriz, al que dejaba 50 pesos de oro y pedía a sus albaceas testamentarios que dispusiesen lo necesario para que llevasen a ambos a Barakaldo: “mando a mis albaceas que lo envien con mis bienes y con su madre al dicho lugar de Baracaldo para que allí esté con mi hijo”.

Este es, a grandes rasgos el testamento de uno de los descubridores de La Mar del Sur, lleno de referencias al valle que le vio nacer.

Evidentemente, Juan de Zubileta es el navegante más reconocido del valle de Barakaldo, pero no parece justo que otros como Ortuño de Urkullu, o el capitán Sancho de Beurko, o el piloto Ortuño de Larrea, o Pedro Fernández de Zubileta, o Juan de Zamudio, por citar solo alguno, permanezcan en el más triste de los olvidos.


 


 

Goio Bañales


Publicado por negrodehumo @ 9:47  | PERSONAJES
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