Lunes, 18 de febrero de 2008

Somorrostro ha sido cuna de marinos que han surcado en sus navíos todos los mares del mundo. Cada época ha dado sus correspondientes personajes pero, seguramente, no existirán muchas discrepancias en catalogar a los siglos XVI y XVII como los más destacados tanto para nuestra marina como para nuestros marinos. Por desgracia, hoy día algunos de estos han caído en el olvido o son escasamente conocidos. Es el caso de Andrés de Cotillo, al cual, a pesar de lo poco que de él se conoce, creo que puede considerarse como el marino más importante que ha dado Santurtzi.

La primera vez que leí algo referente a Andrés de Cotillo se trataba de una petición de su hermana, fechada a mediados del siglo XVII, solicitando que el hábito de caballero de Santiago, del que aquel gozaba, se traspasase en otra persona porque Cotillo padecía demencia. También encontré una nota del capitán Jorge de Zuazo, su primo-hermano, refiriéndose a los gastos que ocasionaba el cuidado de aquel.
Luego muy poco más, pero jugoso e interesante.

La permanente vida en el mar y la consecuente ausencia del hogar es lo que origina que personajes muy conocidos por sus hazañas hayan dejado escasa documentación de su vida diaria. Las temporadas que dejaban la navegación y podían pasar en su tierra, lejos de permitirles descansar, las dedicaban frecuentemente a seguir sirviendo a la corona.
Cuando tenga oportunidad intentaré conseguir una copia de las pruebas que presentó para que le fuese otorgado el hábito de caballero de Santiago, que se hallan en el Archivo Histórico Nacional. Ahí aparecerán, sin duda, los méritos contraídos, el nombre de sus progenitores y el de sus antepasados, porque cualquier pretendiente debía presentar testigos que acreditasen y diesen razón de ello. Entre tanto, únicamente conozco el nombre del padre, que también se llamaba Andrés de Cotillo, también marino y capitán de la Armada, que murió en torno al año 1625. Precisamente, el hecho de que tuviesen los mismos nombres podría llevarnos a cierta confusión en diferenciar a uno y otro con anterioridad a aquella fecha.

La primera noticia en el tiempo referente a los Cotillo, en este caso a Andrés de Cotillo, el "padre" -llamémoslo así-, se remonta al año 1616, cuando aquel se hallaba en Sevilla con su galeón San Andrés, preparado para partir con destino a las Indias en la flota que aquel año gobernaba el general Francisco Benegas.
Todos los navíos llevaban sus bodegas atestadas de ropa, un producto que en las colonias alcanzaba precios desorbitados, y apenas tenían espacio para llevar pasajeros. Precisamente aquel mismo año un elevado número de religiosos franciscanos -en torno al centenar- se estaban embarcando en las flotas, en grupos de a treinta aproximadamente, para fundar monasterios de su orden en el continente americano. Fue especial y muy comentado el hecho de que en la flota se embarcasen tres monjas de clausura, que tenían como misión fundar un convento en Cartagena de Indias. Algo en teoría tan sencillo como llevar a tres monjas suponía un verdadero problema para los registros culturales de la época y solo se pudo resolver gracias a que el navío de Cotillo tenía libre su cámara ya que había sido contratado por un único mercader para que llevase sus telas.
Las monjas clarisas, Catalina María de la Concepción, Inés de la Encarnación y Leonor del Espíritu Santo, realizaron su viaje en el San Andrés sin más dificultades que las que hubiesen sobrellevado otros cualesquiera pasajeros. Los pormenores de aquella navegación fueron escritos por el franciscano Gerónimo Pallas, y publicados con el título "Misión a las Indias, con advertencias para los religiosos de Europa que la hubieran de emprender", cuyo texto es fácil de encontrar en internet (http://www.archivodelafrontera.com/palas/Pallas_presentacion.htm)


El primer hecho de armas corresponde al año 1625 cuando la Armada del Océano, al mando de don Fadrique de Toledo, salió de Cádiz para unirse a la armada lusa y hacer frente a la holandesa en Brasil. Andrés de Cotillo, el padre, era comandante del mayor de los galeones españoles, el Nuestra Señora del Pilar y Santiago, capitana general de la armada, galeón de 1040 toneladas y 55 cañones, con una tripulación de más de 500 personas repartidas entre hombres de mar (120) y de guerra (368). En aquella acción la flota hispano-lusa aplastó a los holandeses en la bahía de Todos los Santos, logrando su rendición incondicional. En los primeros días de aquella empresa falleció Andrés de Cotillo: "Disparó una pieza la Real a los 18 de febrero por muerte de su capitán Andrés de Cotillo, de que hubo general sentimiento por ser gran marino y de mucha experiencia".



Maiño, Juan Bautista: Fadrique de Toledo, reconquista Salvador de Bahía y muestra a los prisioneros holandeses un tapíz representando al joven Felipe IV. Museo del Prado.


La siguiente mención en el tiempo corresponde, obviamente, a su hijo Andrés de Cotillo, y responde al año 1630; se halla descrita en las páginas de la "Historia de don Felipe IV", de Gonzalo de Céspedes, y trata de otro de los grandes hechos de armas de la armada española. Aquel año don Fadrique de Toledo, que seguía al frente de la Armada del Océano, compuesta por nueve navíos, había salido de la bahía de Cádiz para dirigirse al cabo de San Vicente para esperar a los cuatro navíos del general Martín de Vallecilla, pero tuvo que volver cuando le llegaron noticias de que 31 navíos holandeses habían salido de Venecia y merodeaban por la costa de Andalucía. Don Fadrique, sin esperar a Vallecilla y sin tener en cuenta la enorme desproporción existente entre su escuadra y la holandesa, ordenó poner rumbo a Ceuta a donde llegó el 9 de agosto de aquel año. Al día siguiente, al amanecer, dieron aviso desde Ceuta, disparando algunas piezas, de la presencia del enemigo. Don Fadrique se hizo a la vela y arremetió contra los holandeses más con intención de maltratarlos que de abordarlos pero las acciones se fueron sucediendo dando a los españoles una victoria tras otra. Finalmente, los holandeses emprendieron la huida después de dejar cinco de sus barcos hundidos y dos rendidos sin perder ninguno la escuadra española. Este suceso atemorizó de tal manera al holandés que poco después acordó una liga con los berberiscos. La mayor parte de los capitanes de esta Armada del Océano eran de origen vasco: el general Carlos de Ibarra, el almirante Alonso de Muxica, Martín Ruiz de Salazar, Artiaga, Azcárate, Capetillo, Bergara, Los Oyos y, claro, Andrés de Cotillo. Algunos son originarios de Somorrostro o de Zorrotza (Ruiz de Salazar), de forma que en otra ocasión me ocuparé de dar noticia de ellos. 

La siguiente cita documental vuelve a ser otra página destacada en la historia naval y demuestra que Cotillo no tuvo mucho tiempo para festejar la victoria anterior. En mayo del año 1631 salió de Lisboa una flota mandada por Antonio de Oquendo, destinada a llevar refuerzos y provisiones a Brasil. Uno de los 12 galeones que la componían, el "San Martín", estaba capitaneado por Andrés de Cotillo. Tras 68 días de navegación llegaron a Todos los Santos donde pudieron desembarcar sin problemas provisiones y soldados. A la vuelta se les unieron 20 naves mercantes con la intención de gozar de la protección de la armada. Las tripulaciones de los galeones se habían reducido al máximo; la capitana de Oquendo llevaba 200 hombres cuando normalmente necesitaba en torno a 350. La almiranta, gobernada por el famoso general portugalujo Francisco de Vallecilla, hermano del aún más famoso Martín de Vallecilla, contaba con 120 tripulantes. El resto apenas 60 o 70. La noticia de la presencia española y de la debilidad que presentaba por su escasez de personas llegó a oídos de los holandeses y su general, Adrian Hans Pater, se apresuró a disponer los 16 navíos mayores que tenía, con las mejores tripulaciones, e ir en busca de Oquendo. El 12 de septiembre amanecieron a barlovento de la armada española los galeones holandeses y al poco dieron inicio los combates. La capitana y la almiranta holandesas, seguidas de otras dos de sus mayores naves se abalanzaron sobre sus homólogas españolas. La acción se inició sobre la nave de Vallecilla y fue breve, recibió a los holandeses con una andanada pero la respuesta enemiga destrozó su barco, abriéndolo por la santa bárbara. Poco después se hundía y moría Vallecilla con su gente. La nave de Oquendo quedó apresada entre las dos holandesas, una a cada banda. La nave que le apoyaba, el "Placeres" de Portugal, de 200 toneladas, fue echada a pique al pasar frente a las proas holandesas. Después de 8 horas de lucha Oquendo decidió dar fuego a las naves holandesas. Era una maniobra peligrosa porque el se hallaba en medio, sin embargo, la ayuda del navío del capitán Juan de Prado, que con un cabo arrastró de popa al galeón de Oquendo, logró lo que parecía imposible sucediese: la capitana holandesa voló por los aires y la batalla tomó un giro inesperado, dándose a la fuga los holandeses que perdieron, además de este galeón al que lo acompañaba y también al que acompañaba a la almiranta. El resto de la armada se limitó a cruzar fuego de artillería, salvo el "san Martín" de Cotillo, que también fue abordado aunque logró desembarazarse de los enemigos.



Grabado del general Antonio de Oquendo.




Dibujo de Durero de un galeón español.

Volvemos a encontrar al capitán Andrés de Cotillo en julio del año 1634, reclamando a la Junta de Guerra que se le pagase el sueldo que le correspondía después de haber servido en la armada del marqués de Cadereita con el cargo de "capitán entretenido". La razón de que no se le hubiese pagado era que el dicho marqués le había elegido para el cargo sin contar con la aprobación del rey. En 9 de octubre se dio orden de que se le pagase dicho sueldo, que sumaba 30 ducados. Al margen de la anécdota lo que a nosotros nos interesa es la información de que entre este año y el que tuvo lugar la batalla librada por Oquendo nuestro personaje no había tenido tiempo para permanecer ocioso y que puede presumirse que tomó parte en la batalla que Cadereita dio a los holandeses en junio de 1633 para desalojarles de la isla de San Martín, en cuya acción consta la presencia de numerosos "capitanes entretenidos"..

El año 1635 Cotillo se halla en América y seguía bajo el mando del marqués de Cadereita, don Lope Díaz de Armendariz. Este había escrito al rey dándole cuenta de que aquel año no habían llegado los galeones de Filipinas, y que había decidido armar dos galeones, uno de 400 toneles y otro de 150, bajo el mando del general Andrés de Cotillo: "Enbio por general a don Andrés de Cotillo, cavallero de la horden de Santiago, y que como es notorio ha servido en la real armada desde que tuvo uso de raçón, con aprovaçión y peleando en muchas ocasiones valientemente". Llevaba un refuerzo a Filipinas de 240 hombres -sin contar los marinos- entre voluntarios y forzosos.
A su llegada a Filipinas fue recibido por el gobernador, Hurtado de Corcuera, el cual nos dejó una descripción de Cotillo que debe copiarse aquí: "El general don Andrés de Cotillo es muy honrado caballero, brioso y de gallardo y despejado natural. A fe que si Vuestra Excelencia no me mandara que le enbiara luego, y no reparara en el daño que se le sigue en quedarse acá, que le detubiera sólo para encargarle los galeones de socorro de Terrenate. Pero, considerando que para semejantes caballeros no ay premio en estas yslas, le e acomodado en la almiranta con el almirante Juan de Olaez, hermano del capitán Juan López de Olaez." Firmado por el gobernador de Filipinas don Sebastián Hurtado de Corcuera, julio, 10 de 1636.
Curiosamente, las relaciones entre Corcuera y Cotillo se agriaron a los pocos días y lo que eran alabanzas se trucaron críticas contra su persona, dando lugar a una nueva misiva dirigida a Cadereita afeando la actitud de Cotillo porque no quiso aceptar sus imposiciones.

Volvemos a encontrar a Andrés de Cotillo poco después de regresar de Filipinas registrado en el archivo del Sagrario Metropolitano de México, con motivo de su matrimonio con doña María de Castrillo Villafañe, que tuvo lugar el 1 de noviembre del año 1637. Ella era hija de Manuel de Castrillo Villafañe, notario público y mayor de minas del puerto de Acapulco, y de doña Agustina de Barrientos. La cita se halla recogida en el libro "Los caballeros de las órdenes militares en México", de Leopoldo Martínez Cosío, publicado en el año 1946.

La siguiente cita devuelve otra vez a Cotillo a un escenario violento. Se trata de una carta escrita por Fadrique de Toledo dirigida al conde-duque de Olivares con motivo de las operaciones realizadas por su escuadra en mayo del año 1641, en el marco de la guerra de Cataluña, cuando diversas armadas españolas se juntaron en aquellas aguas para deshacer el bloqueo al que el arzobispo de Burdeos tenía sometida a Tarragona. En aquella carta se menciona a Cotillo ejerciendo de almirante de la flota de Nápoles, de la que era general Pedro de Orellana. (Se halla publicado en el Memorial Histórico Español del año 1893)

Terminan las alusiones a Andrés de Cotillo con ciertos autos fiscales que se promovieron contra él en el año 1646 reclamándole cierta cantidad de dinero para las arcas reales. Aunque se halla en el Archivo General de Indias aún no está digitalizado por lo que no he podido acceder a su contenido.

Como escribía al principio, el año 1650 María de Cotillo, hermana del general (que se hallaba casada con Sancho de la Hormaza, y eran padres de María de la Hormaza, casada con Lucas de Zuazo), solicitó que se permitiese que el hábito de Caballero de Santiago de que gozaba su hermano se pudiese traspasar a otra persona porque aquel padecía demencia. Es la última noticia que tengo de este capitán de "mar y guerra" del que poco a poco procuraré ir consiguiendo nuevos datos y tratar así de recuperar la memoria de este personaje que no mereció caer en el olvido de sus paisanos.

 


 

Goio Bañales

 

 


Publicado por negrodehumo @ 21:01  | MARINOS
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