Mi?rcoles, 20 de febrero de 2008

El Conjunto de El Pobal se compone de un caserío, que fue vivienda de los ferrones, al que por su porte se denomina "casa-torre" o "casa-palacio". En su primera planta se halla la sala de exposiciones y de recepción de visitantes. En su parte trasera, con acceso a través de un pequeño patio cerrado, se encuentra un molino de dos muelas, cuyos elementos se han recreado imitando a los de un molino tradicional encartado. Entre el molino y la "torre" se hallan las cuadras, y al frente, separados por el camino, los hornos de pan.



Acceso al conjunto de El Pobal.

Muy cercana, apenas a unos metros de distancia, se localiza la ferrería que es, sin duda, el elemento más significativo del conjunto. En su exterior, al lado izquierdo, está el depósito de agua o antepara, con capacidad para unos 70 metros cúbicos de agua. Un sencillo mecanismo de compuertas permite que el agua caiga a voluntad, con mayor o menor intensidad, sobre las aspas de las ruedas, imprimiendo a éstas la cadencia de rotación adecuada que, mediante un eje (o árbol) se trasmitirá al martinete. El agua llega a esta antepara -y a la que surte al molino- a través de un canal artificial de 300 metros de longitud que nace en una presa asentada en territorio de Galdames.



La presa, aguas arriba.



Inicio del canal artificial que desvía el agua desde la presa hasta la ferrería.



El agua discurriendo por el canal.

La fuerza hidraúlica es la encargada de mover los distintos ingenios de que consta la ferrería. El agua destinada a mover las palas de las ruedas, que hacen rotar el árbol y con él los dientes encargados de accionar el martinete y los fuelles de los barquines, llega desdela presa.
Cuando no es necesario el uso del agua retenida en la antepara se le permite proseguir su camino a través del mismo cauce artificial hasta que vuelve a reintegrase al río.






La antepara.





La rueda hidraúlica.

La función que hoy día cumple la ferrería es eminentemente didáctica, por ello el acceso natural, que usaban los ferrones, se ha cambiado por otro, ubicado al costado derecho de la ferrería. Esta sala, antiguo almacén, es la que abre la exposición mediante gráficos, maquetas y paneles explicativos, intentado ofrecer una idea del conjunto. De este lugar se pasa a un local inmediato, la carbonera, donde se amontonaba el carbón de madera. De aquí se pasa a la nave principal, en la que se halla el corazón de la ferrería, destinada a la reducción del mineral de hierro y su transformación en barras. En ella se hallan los elementos más llamativos de todo el conjunto de El Pobal: los émbolos -encargados de insuflar aire al horno, semienterrado-, y el martinete, con su yunque. También en esta sala encontramos un pequeño local, que servía como "oficina" para llevar la contabilidad. En otra estancia, contigua a la ferrería aunque claramente diferenciada de ella y con su suelo algo más elevado, funciona una fragua de herrero que se levantó en el siglo XIX.



Exposición, en la entrada, de algunas de las piezas que podían elaborarse en la ferrería.



El carbón vegetal para alimentar el horno.

El horno es el instrumento de la ferrería destinado a reducir el mineral de hierro y separarlo de las impurezas. La masa resultante se denomina agoa o zamarra.
El sistema utilizado en El Pobal para reducir el mineral de hierro no podía diferenciarse mucho del que describió A. Barba en el año1649: Primeramente los pedazos grandes de metal de hierro se quebraban y reducían a menores -del tamaño de nueces o manzanas- para que el fuego los traspase y quemase más fácilmente. Se quemaban en hoyos construidos al efecto, que tenían en su parte inferior receptáculos para que el metal fundido no se compactase en una sola plancha. Posteriormente se asentaban filas de leña sobre una base de paja, de más gruesa a más fina, dejando siempre en el medio una cavidad o hueco para mantener la lumbre. Sobre la leña se echaba el metal y se daba fuego. Se obtiene de esta manera un metal a medio fundir, que era el destinado a fundir en los hornos. En ellos, sobre una base de carbón, se añadían sucesivas paladas de aquel metal precocido y de carbón. Se daba fuego recio, con ayuda de los barquines, accionados por las ruedas que movía el agua. El metal, convertido en un "gran pan", se vaciaba de escorias por la boca que para ello tiene el horno. Acabada la fundición, y frío el hierro, se sacaba del horno con unas levas, se sacudía la escoria restante, con grandes tajaderas se cortaba en pedazos que eran vueltos a caldear con el martinete, y, finalmente, se guardaban en forma de begajones o planchas.
A. Barba añadía que podía evitarse el precocido del mineral juntando a este en el horno con cal viva, pero, afirmaba, que no era el procedimiento que comúnmente se usaba.




Montones de mineral.



El martinete se emplea para compactar y dar forma a la agoa y para producir las láminas.

Los fuelles o barquines, estaban destinados a avivar el fuego y elevar la temperatura obtenida en los hornos. Al principio estaban fabricados en cuero y madera, razón por la que su vida útil era reducida además de que estos materiales suponían un considerable gasto anual en mantenimiento. Su diseño fue mejorando con el tiempo llegandose a inyectar hasta 22 pies cúbicos de aire en cada impulso. A mediados del siglo XVII se introdujeron las aizearkak, que podían producir corrientes continuas de aire cuya intensidad se regulaba a voluntad. El mecanismo consistía en desplazar agua por un sistema de tubos hasta un depósito receptor, desde el cual se expulsaba el aire a través de toberas dirigidas al horno. Las aizearkak, que suponían una considerablemente mejora, no llegaron a adoptarse en las ferrerías bizkainas a pesar de que fue precisamente en este territorio donde, en 1633, pretendieron instalarse los primeros modelos, pero se desistió por acuerdo de la Junta de ferrones de 1640, que consideró que su instalación iba contra el Fuero. Los émbolos de piedra, como los existentes en el Pobal, comenzaron a instalarse en el siglo XIX -los de El Pobal lo hicieron en 1852 (los de la relativamente cercana ferrería de La Iseca, situada en Guriezo, en 1839), y compensaban su coste con un mantenimiento mínimo.


Los fuelles.


 
El taller o fragua donde se elaboraban las piezas: clavos, rejas...



Puente de El Pobal, del siglo XVI.

 

 

 


 

Goio Bañales



Publicado por negrodehumo @ 14:18  | MINEROS Y MINER?A
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