Domingo, 06 de abril de 2008

De vez en cuando incluiré algunos temas que no tratan estrictamente de Somorrostro pero que me apasionan. Uno de ellos es el mundo de la enseñanza.

Con anterioridad ya he puesto alguna pequeña nota sobre esta materia, pero hoy me gustaría poder hacer algo especial y adornarlo de la mejor de las maneras posibles para referirme a la persona de la que trata este artículo. Es frecuente escribir acerca de algunos personajes ensalzándolos y diciendo que fueron extraordinarios. No sé si siempre es verdad pero en el caso de Adelina Méndez de la Torre es una realidad rotunda, sin paliativos. Es, a mi modesto entender, una de las personas más grandes, generosas y entregadas que he encontrado. Esta maestra llevaba la enseñanza en la sangre, amaba su profesión sin límites. Era innovadora, creativa... y sobre todo culta y abierta a comprender la realidad social e histórica de la Bizkaia de comienzos del siglo XX.

 

Hace pocos años escribí para el Departamento de Cultura el libro titulado "La mujer en Bizkaia. Algunos aspectos de su actividad social (hasta aprox. 1925)", que fue repartido en los centros de enseñanza de Bizkaia. En él incluí una reseña sobre Adelina que copiaré más abajo. Desgraciadamente no pude conseguir muchos datos sobre su vida personal por eso creo que este es un medio excepcional para que si alguien lo lee y puede añadir algún comentario o algún dato que lo haga. Creo que nació hacia 1870 en Asturias, concretamente en Castropol, donde es muy frecuente el apellido, y que casó en Bilbao en 1899 con Juan Goicoechea Vidaurrázaga.  

Espero que este artículo sirva para recuperar el recuerdo de esta mujer inigualable a la que Bizkaia jamás debió dejar caer en el olvido. Si los enseñantes debiésemos tener algún modelo a seguir no tengo la menor duda de que es tomando como referencia a gente como esta:

 


Adelina Méndez de la Torre
compone junto a María Maeztu y María Cantero, el trío de mujeres más destacable, en el ámbito intelectual, del primer cuarto del siglo XX en Bizkaia.

Las tres tienen en común el hecho de ser maestras que durante cierto tiempo desarrollaron su labor en un entorno muy próximo -Cantero y Méndez en la escuela de Concha y Maeztu en la de Las Cortes.

Las tres escriben y eligen temas variados, pero Adelina Méndez destaca sobre sus compañeras, por la amplitud de temas que aborda y por su curiosidad y por la extraordinaria riqueza cultural que demuestra.

Aunque brilló en numerosas facetas es tal vez la de articulista en la prensa diaria la que nos permite conocerla más de cerca. En sus escritos, en el diario "El Nervión", prevalece la absoluta ausencia de temor a publicar sus ideas, sin recatarse en criticar a las más altas instancias si consideraba que no cumplían adecuadamente su función (a la Real Academia de la Lengua, a los planes de enseñanza...). Fue capaz de razonar las propuestas más extraordinarias, como la de convertir Bilbao en un distrito educativo independiente del Estado, y con planes de estudios propios. Además, siempre conseguía transmitir el hondo amor que sentía hacia sus alumnas, a su profesión y a su Tierra.

 

Su actitud, y su postura reivindicativa, que más adelante tendremos oportunidad de comentar, le procuraron bastantes enemistades en los círculos del poder y le negaron un reconocimiento mucho mayor que el que, con cuentagotas, se vieron obligados a tributarle sus coetáneos. 

Sus propuestas e ideas son tan directas y claras que, haciendo únicamente los comentarios imprescindibles, nos limitaremos a exponer alguna de ellas.

Su primera colaboración fue un panegírico a favor de la juventud capaz de hacer su profesión del amor a la cultura y el deseo de extenderla;  particularizándolo en Rafael Altamira, catedrático de la universidad de Oviedo, quien ofrecía una conferencia en Bilbao (8-I-1900).

En su artículo "Modas" (22-II-1901), arremete contra la ignorancia femenina, que se halla "incapacitada por falta de instrucción, de ver la belleza donde verdaderamente reside. Las bellezas de una obra científica, las de una obra de arte, si en ella hay simbolismo, las que la naturaleza atesora, no llegan por falta de conocimiento a su espíritu y hasta las de la música penetran difícilmente en ella..."

Se observa su mano en un artículo (6-III-1901) que aparece firmado por "una maestra", animando para que se cree un centro de educación para mayores "independiente del Estado, solo y exclusivamente bilbaino".

Poco después publica "De enseñanza. Se impone el cambio", en varias entregas en las que desarrolla la propuesta anterior. Comienza justificando el sistema de enseñanza que hasta entonces había imperado, porque respondía a los ideales y necesidades de la sociedad que lo creó, pero que estaba invalidado para las necesidades de la actual. Las aulas se hallan "repletas de niños, no podemos conocerlos, ni despertar facultades anímicas, ni enseñar conocimientos útiles, porque está la rutina oficial imponiendo ejercicios y asignaturas. Convencidos de que antes que instructivos, los ejercicios han de ser educativos, no solo continuamos tolerando y hasta sosteniendo los libros de texto, sino que cristalizados en la rutina, utilizamos la aritmética por el mismo antilógico procedimiento de antes y convertimos el gran ejercicio educativo, el ejercicio por excelencia, en tormento para los niños y en inútil trabajo  (...). Saben (los niños y niñas) en cambio las concordancias del artículo con el nombre y el adjetivo -que no existen-, la del nombre, que es muy discutible, errores todos sustentados por nuestra real y Real Academia de la Lengua; saben resolver una proporción mientras ignoran cómo se previene una indigestión o una enfermedad infecciosa; saben en historia antigua muchas batallas, muchos reyes, mientras ignoran lo culminante de la moderna, y sobre todo, desconocen en absoluto las condiciones de la sociedad en que van a vivir, los medios o esferas que esta ofrece a su actividad, las fuentes de riqueza, patria, etc, etc.".

Seguía argumentando que las escuelas actuales, remedo de las antiguas, necesitaban un cambio que venía impuesto por los mismos niños y niñas "agudos, expontáneos en sus casas y conversaciones, parados con expresión casi idiota ante quien se atreve a preguntarles qué es artículo y qué es preposición, qué es regla de tres, etc. etc. (...); aquella expresión nos dice: me pasa a mí con eso, lo que a ti conmigo, ni lo entiendo ni me entiendes".

Finalizaba proponiendo que ese cambio se realizase en Bilbao, y para empezar eliminando los libros de memoria, con las rutinas de niños que luego han de ser oscuros obreros o de niñas que no pasarán de criadas de servicio y "dar paso a explicaciones y sencillos apuntes, conocimientos de derecho, de industrias, de ciencias naturales (de estas sobre todo) y a las niñas de educación femenina".

Ideas explosivas las de Adelina Méndez, consiguiendo dejar anticuadas las de María Cantero, su predecesora en la dirección de la escuela de Concha; contrapuestas a las de muchas compañeras, pero en consonancia con las del nutrido grupo de magníficas pedagogas que en aquellos años impartían clases en las aulas de Bizkaia. Ideas que ofrecían mayor contraste al publicarse al mismo tiempo que las de otras maestras cuyos escritos, dedicados a sus "queridas discípulas", rebosaban cursilería y conformismo.

La amplia cultura de Adelina Méndez le permite escribir artículos al margen del tema extrictamente pedagógico. Ya hemos destacado su amor a Bizkaia y a sus tradiciones; y en esa línea se encuentran los que escribe a partir del 3 de Mayo de 1901, en las entregas que titula "El Fuero de Vizcaya". Y nuevamente con un tema para la polémica, sosteniendo que Bizkaia es una nación y justificando plenamente que, en la cuestión sucesoria que dio origen a las guerras carlistas, los vascos se inclinaran por Carlos y se opusiesen a Isabel.

Presentaba su exposición explicando que "los fueros de Vizcaya son las leyes que de antiguo se daban a si mismos los vizcainos", que no eran "concesiones de reyes ni señores". Y explica el porqué en las villas -fundadas con autorización de las Juntas Generales- los señores dieron los mismos fueros y privilegios que en Castilla, justificándolo en que eran creaciones muy posteriores a la existencia del antiquísimo código y que no tenían disposición alguna apropiada a su carácter. Establece el nudo de su discurso alabando las virtudes del Fuero: "el Fuero vizcaino es el código de la Tierra llana, en cuya formación no intervinieron Reyes ni Señores, sino el pueblo soberano en Junta general (...) esa legislación foral, que es la mejor expresión del carácter, de la vida y hasta de la historia del país que le dio vida (...) necesaria de la manera de ser del pueblo que ha de regular; mejor siempre y más completa que la extraña, implantada para amoldar a ella costumbres diametralmente opuestas, esa legislación que entraña verdadera libertad (...) y más la hemos visto practicar en el trozo de tierra que es más nuestra patria que el resto".

Sigue, en un nuevo artículo, narrando las diferentes redacciones y reformas del Fuero y, demostrando que ha estudiado el tema exhaustivamente, indica las prerrogativas y exenciones de que gozaba Bizkaia (de tributos de Castilla, de servicio militar...).

Establece el desenlace recordando la llegada de los borbones, hasta Fernando VII y el problema de la sucesión, con las guerras carlistas, admitiendo sin ambages que no era de extrañar que la población vascongada se inclinara hacia don Carlos, representante de lo tradicional, que respondía a sus ideales y su manera de ser y que le garantizaba la conservación de sus fueros y libertades, en tan grave peligro con las nuevas tendencias, y que concluiría en que trataron de sujetar a estas "provincias" quitándoles sus leyes especiales por tanto tiempo respetadas. "olvidan -escribía- que la nación española se ha formado por verdaderas naciones que durante la Edad Media tuvieron una organización especial propia, nacida de circunstancias y necesidades; que España es un todo complejo y que la dominadora Castilla no debe imponer su organización ni sus leyes calcadas en otras extranjeras (en las romanas) sino formarse, nutrirse de aquellas genuinamente españolas, que las distintas regiones, de que se compone, le ofrecen".

La siguiente colaboración de Adelina Méndez en El Nervión llevaba por título "Lengua Euskara". Seleccionamos un párrafo: "la lengua es la nación, es la patria, es la unidad, es la resultante de todas las energías de un pueblo, el reflejo de su grandeza o decadencia, y el pueblo euskaro conserva la suya, indicando con esto que aún vive (...) Es lástima, ciertamente, que vaya desapareciendo esta verdadera gloria de la nación euskalduna, que es la síntesis de la nación misma, su espíritu, su esencia, con ella moriría el pueblo que por tantos siglos supo conservarla...".

Siguieron a los anteriores nuevos artículos sobre diversos temas  -imposibles de resumir aquí-, fundamentalmente dedicados a la pedagogía, que quedaron interrumpidos en Febrero de 1906.

Después llegaría una larga etapa de silencio, en la que viajó a Francia e Italia para ampliar conocimientos, reapareció brevemente, en 1912, para volver a caer en el silencio. Y tras otra larga temporada, publicó un ensayo en 1919, aunque se trata de impresiones que había escrito muchos años atrás.




Adelina Méndez de la Torre rodeada de sus niños y niñas y de distintas autoridades con motivo de la inauguración del comedor escolar de Concha.

En otros aspectos la actividad de Adelina Méndez es tan intensa como en la de articulista.

Formó parte de la Junta de vocales del las Colonias Escolares desde los primeros años de su creación.

En 1905 fue designada para representar al profesorado en la Junta organizadora de la Exposición Escolar de 1905.

En 1906 encabezó un grupo de 13 maestros y maestras  que mantuvo diversas reuniones analizando el estado de la primera enseñanza en Bilbao. De esas sesiones surgió una crítica y una propuesta de trabajo basada en la constatación del fracaso de las escuelas municipales, que se habían mostrado incapaces de lograr "una juventud tan fuerte, tan reflexiva, tan práctica como pudiera esperarse". Como autores visibles del fracaso señalaron, en primer lugar, al propio conjunto de maestros y maestras y en segundo lugar al Ayuntamiento.


Una de las propuestas para modificar la situación consistía en eliminar los premios y castigos materiales en la escuela, razonando que, tanto uno como otro, aparecen como sanción de un acto, que no es garantía externa de ley moral, cuando el verdadero ejemplo debería ser "restablecer la armonía rota, llevando al espíritu el conocimiento de la falta y el convencimiento de la existencia de un deber de no repetirla", buscando de esta manera la sanción interna, la de la propia conciencia, la más perfecta e infalible.

En 1908 Adelina Méndez abandonó momentáneamente su plaza de directora de la escuela del barrio de Concha para estudiar pedagogía experimental en el extranjero. A su vuelta se encontró con un expediente incoado por la Inspección por el uso de la licencia que había solicitado para dichos estudios. Una de las repetidas llamadas al orden de que fue objeto.

Durante el tiempo de licencia visitó escuelas de Francia e Italia para aprender de las experiencias de estos países. Una de las prácticas que más llamó su atención fue el funcionamiento de los comedores escolares, entonces conocidos como "cantinas escolares". Cuando volvió a Bilbao, a su escuela de Concha, dedicó todo su esfuerzo a la creación de la que fue primera cantina escolar que existió en Bizkaia.

El brío y el arrojo que derrochó fueron impresionantes. Quería evitar a toda costa los defectos vistos en otros países y tomar de ellos únicamente lo positivo. Una de sus pretensiones era que los comedores se abasteciesen exclusivamente por donativos, y que las cuentas fuesen fiscalizadas por el Ayuntamiento, aunque sin aportaciones de éste. Debía conseguir -y asegurar- una cantidad mensual de 122 pesetas. En su peregrinar, acudiendo a posibles benefactores, logró el mecenazgo de Jose María Martínez de las Rivas, quien se obligó a aportar la cantidad mensual de 100 pesetas. Otra docena de patrocinadores apalabró el resto. Con este respaldo acudió al Ayuntamiento, quien a su petición ofreció el servicio de la sección de Fomento y Contaduría General para asegurar el correcto empleo del dinero.

De esta forma, en el curso 1910-1911 se instaló la primera cantina bizkaina en la escuela de niñas de Concha. Pero la propuesta de Adelina no podía quedarse únicamente en ese punto; ella había visto cantinas escolares en París, en Milán, incluso en Madrid, que eran frías, en las que "entregaban la comida como si fuera un libro de texto". El desprendimiento de Adelina le llevó a ser ella misma y sus maestras, auxiliadas por algunas alumnas, las que servían las mesas de las niñas, para que todas se sintiesen "comiendo en su propia casa".

 


Adelina Méndez de la Torre con sus alumnos y alumnas  en el primer comedor escolar que existió en Bizkaia, creado por su iniciativa.


En Enero de 1913 publicó un folleto de 68 páginas dando a conocer la creación, funcionamiento y resultados de los dos primeros años de funcionamiento de la cantina escolar.

En los años siguientes el Ayuntamiento bilbaino fue dotando a todos los centros públicos de comedores escolares. A Adelina Méndez le cabe el honor de haber sido, con su propio esfuerzo, la pionera.

Cuando años más tarde la mayor parte de las escuelas públicas dispusieron del servicio de comedores, subvencionados por los entes públicos; el de la escuela de Concha, lejos de ser uno más, destacaba sobre todos ellos. La prensa reconocía públicamente que sólo debía lamentarse que en el tiempo transcurrido desde que se fundaron "no se hubiese procurado extender esta clase de servicios en la forma que lo está el de la Escuela de Concha". 


En 1913 el Consejo Superior de Protección a la Infancia teniendo en cuenta su labor la premió con un diploma de mérito.

Pero Adelina Méndez de la Torre siempre se mantuvo por encima de los reconocimeinetos: en el año 1923, con motivo de la publicación de su libro "Un año de regencia", podemos comprobar que su espíritu no había cambiado: ¡Pobre Nación! -exclama en sus páginas- dotada de una organización de servicios que permite empeorar lo malo.

Escribió varios libros: "Cuadernos pedagógicos. Geografía, Provincias Vascongadas"; "Fiesta del Árbol"; "Historia de Vizcaya", "Provincias Vascongadas. Historia"; "Cartilla biográfica para niños"; "La nueva escuela primaria en el País Vasco"...

 

Hasta aquí el artículo. Supongo que después de leerlo más de uno y una compartirá conmigo que es penoso que muchas de nuestras calles estén dedicadas a personajes de tres al cuarto o que se recuerde con estatuas y homenajes a más de un figurón en tanto que una maravilla de persona como Adelina Méndez de la Torre permanece olvidada de aquellos por los que ella dio lo mejor de sí misma. Que fue mucho.

 

 

 

Goio Bañales  





Publicado por negrodehumo @ 2:02  | MAESTRAS
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