S?bado, 19 de abril de 2008


El pleito que mantuvieron las casas de Aiala y Velasco sobre la posesión del valle de Barakaldo, fue largo en el tiempo y profuso en documentos, lo que dio origen a que entre estos se cuelen anécdotas que rompen la monotonía de las actuaciones judiciales. Incluso hubo oportunidad para algún que otro "chascarrillo", como el contado por Sancho Martínez de Ulibarri, vecino de Barakaldo, nacido en 1410. Una anécdota que Mikel Gorrotxategi, secretario de la comisión de onomástica de Euskaltzaindia y entrañable amigo, y yo hemos publicado ya en el libro "Toponimia Histórica de Barakaldo", pero que, como creo que es deliciosa, incluiré aquí también.

Contaba, el dicho Sancho Martínez de Uribarri, haber oído decir que doña María de Sarmiento, mujer de Fernán Pérez de Aiala, se quejaba porque su marido "enviaba muchos haberes de dineros a gastar en el dicho valle" y contínuamente le requería sobre el destino que daba a aquellos gastos. Fernán Pérez de Aiala se limitaba a responder: "callad señora, que llévolo todo a gastar en casa que habreis placer desque la veais".

La sitiación se repetía, y a cada pregunta seguía la misma respuesta. Un día le llegó a Fernán Pérez la oportunidad de justificar aquellos gastos desorbitados. Había mandado a sus sirvientes que pescasen en la ría, al pie de las torres de Lutxana, y habiendo conseguido piezas de gran tamaño las llevó a su mujer. Cuando se las presentaron cuentan que, sorprendida, preguntó que "a dónde los habían tomado" y Fernán Pérez le respondió "estos, señora, se toman al pie de las torres que yo he fecho en Varacaldo". Entonces ella respondió "agora doy por bien empleado todo cuanto se ha gastado en ellas".
Cierta o no, la anécdota, corrió de boca en boca y se hizo popular entre los vecinos de Barakaldo.

 


María de Sarmiento, esposa de Fernán Pérez de Aiala, segundo de este nombre al frente de la casa de Aiala.

 

Fernán Pérez de Aiala murió el año 1439 dejando por heredero a su hijo Pedro López de Aiala, homónimo del canciller. Este fue el momento que aprovecharon dos de sus vasallos más poderosos, Lope García de Salazar y Gómez González de Butrón, para arrebatar a los Aiala el patronazgo del monasterio de San Vicente de Barakaldo. Las consecuencias de este hecho, medidas o no, provocaron la inmediata reacción del aialés. El nuevo señor de Aiala necesitaba ayuda militar porque los Salazar y los Butron, eran capaces de movilizar grandes contingentes de hombres armados y, resguardados en sus fortalezas, sobre todo en el cercano castillo de Muñatones, que recientemente había sido remodelado, eran prácticamente invencibles. La situación era especial y precisaba de decisiones especiales. Pedro López de Aiala solicitó la ayuda militar al conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco, líder de los gamboinos y su enemigo natural. En contrapartida aceptó dejar en prenda, como garantía para el pago del ejército que aportase el Velasco, sus propiedades en Barakaldo; entre las que se encontraban, lógicamente, las torres de Lutxana.

 

Estatua yacente de Fernán Pérez de Aiala en el monasterio y torre de Kexaa, en Aiala.


Fernando de Velasco de Mena, ayo del conde de Haro, encabezó un ejército compuesto por 300 jinetes y 5.000 infantes a los que se sumaron 800 aialeses y otros muchos aliados, sobre todo del valle de Salcedo y Balmaseda. Para enfrentarse a ellos Lope García de Salazar consiguió reunir 2.300 hombres de Somorrostro, estableciendo en los lugares de Muñatones y Portugalete sus plazas fuertes. El respeto que los dos contendientes se mostraban limitó los enfrentamientos a algunas escaramuzas entre ambos ejércitos. Sin embargo, nuevos contingentes gamboinos, encabezados por los poderosos Abendaño, Gebara y Arteaga inclinaron a su favor el fiel de la balanza. En el último momento la intervención del doctor Ulloa, en representación del rey don Juan, consiguió evitar la previsible derrota salazariega.

En septiembre del año 1449 volvieron nuevamente las tropas capitaneadas por Fernando de Velasco para enfrentarse a Lope García de Salazar. En esta ocasión los efectivos salazariegos se hallaban disminuidos porque muchos de sus escuderos habían cambiado de bando. Lope García de Salazar solo podían limitarse a defenderse con 700 hombres barreados en Muñatones y otros tantos que dispuso en Portugalete. En esta ocasión la fortuna se alió con Lope García porque las tropas de Fernando de Velasco fueron reclamadas para acudir a la guerra de Gomiel.

Aún hubo una tercera "venida" del ejército velasqueño un año después y, como en la anterior ocasión, se resolvió con un nuevo golpe de suerte para Lope García de Salazar. El rey había dado al conde de Haro la villa de Frías y, como esta se le opuso a ser entregada, el Velasco  se vió obligado a recurrir a todas sus tropas para cercarla hasta que consiguió rendirla por hambre y sed. Frías cayó, pero el de Muñatones consiguió librarse por tercera vez.

La consecuencia de todos estos acontecimientos fue que la deuda contraida por Pedro López de Aiala para pagar a los ejércitos que habían acudido en su ayuda se había disparado hasta tal punto que, para poder liquidarla, se vio obligado, tal y como regía el acuerdo alcanzado previamente, a entregar sus posesiones en el valle de Barakaldo al conde de Haro. Esto, que en principio sería un simple depósito hasta que se formalizase el pago, se convirtió finalmente en un trueque de territorios y vasallos entre Ailas y Velascos que contó con el permiso y ratificación del propio rey. De esta forma las propiedades de los Aiala en Barakaldo pasaron a los Velasco, dejando en poder gambiono no solo las fortalezas y torres guerreras sino un territorio geográficamente situado de forma estratégica para servir de puente militar a las aspiraciones de hacerse con el gobierno deBizkaia que años después mostraría el conde de Haro.


La forma en que el conde de Haro tomó posesión de la fortaleza de Lutxana, valiéndose de un ardiz, además de demostrar una enorme falta de elegancia, evidenció la inseguridad que se tenía en la legalidad del trueque.
Lope Sánchez de Anuncibai, en calidad de lugarteniente del conde de Haro, se presentó al frente de una comitiva de veinte hombres ante las puertas de las torres de Lutxana. Desde allí pidieron al alcalde de las torres, el aialés Juan de Unsáa, que saliese a parlamentar con ellos, cosa que este hizo sin sospechar nada. Mientras tanto, otros hombres que se deslizaban por los muros de la parte trasera, se introdujeron en la fortaleza y la tomaron .
Cuando el alcalde se dio cuenta del engaño ya era demasiado tarde. Los ocupantes se limitaron a comunicarle que había habido un trueque entre el de Haro y el de Aiala y que tomaban posesión de ella.
Juan de Unsáa, el merino de las torres de Lutxana, avergonzado por el engaño en que había caido, nunca quiso volver a ver al señor de Aiala y cuentan que murió adoleciendo de melancolía en su casa de Ibarrola, en el lugar de Respalditza. En Barakaldo dejó varios descendientes que entroncaron, por ejemplo, con las casas de Gorostitza, Ugarte y Martiartu.



El famoso retablo de Aiala, del que solo nos queda la copia, muestra a Fernán Pérez de Aiala con su hijo, el futuro comunero Pedro López de Aiala en actitud orante. La foto me quedó movida ¡qué pena!.

 

El cambio de propietario de un castillo exigía cierta ceremonia y el conde de Haro en persona acudió a tomar posesión oficial de las torres. Acudieron al evento los principales líderes gamboinos, entre ellos Abendaño, Gebara y el preboste de Bilbao. El conde de Haro aprovechó para pasar ante Bilbao, villa que, artemorizada, le cerró las puertas.

Años después, en 1472, volvió el conde de Haro con la intención de tomar Bizkaia, ocasión en la que la alianza de los bandos oñacinos y ganboinos, comandados por el conde de Treviño, destrozó al ejército del conde de Haro en los llanos de Mungia.

Por lo que respecta a las torres de Lutxana, estas quedaron definitivamente en poder de la casa de Velasco, lo mismo que el resto de propiedades en el valle. Años después, en el 1.500, un Pedro López de Aiala, conde de Salvatierra, las reclamó sin éxito ante la justicia y, si pudo llegar a albergar alguna esperanza en recuperarlas se perdió cuando se alzó contra Carlos V al frente de los comuneros. Derrotado en Durana, en 1521, huyó a Portugal. Murió en 1524, después de presentarse en la corte, según algunas versiones desangrado por orden imperial, según otras de muerte natural.
Su hijo y heredero, Atanasio de Aiala, consiguió, después de largos litigios, que se le reintegrase la parte de la casa de Aiala que no había sido repartida entre sus adeversarios, pero no se encontraba en situación de reclamar nada más.

 

Hasta su desaparición, la vida de las torre de Lutxana transcurrió, al menos que conozcamos, sin ningún protagonismo reseñable. Solamente en 1836, en la batalla de Lutxana, que tuvo lugar en las navidades de aquel año, las torres de fueron escenario de uno de los enfrentamientos más sangrantes y decisivos de la guerra carlista.

En aquellas fechas las torres ya habían cambiado de propietario. El año 1821 los Velasco vendieron la torres de Lutxana al vecino de Barakaldo Felipe de Murga quien las adaptó y transformó en casa de labranza. Las torres se mantuvieron en pie hasta mediados del siglo XIX, cuando las obras de los cargaderos de mineral que se construían en la ría obligaron a derribar los edificios.


 


 

goio bañales

 



 


Publicado por negrodehumo @ 0:17  | LUGARES
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