S?bado, 31 de mayo de 2008


El bilbaino Féliz Garci-Arzeluz solía escribir artículos que se publicaban en el diario EUZKADI a comienzos del siglo XIX. Contaba historias que unas veces inventaba y otras, cuando las basaba en sucesos que oía aquí y allá, las hacía pasar por el tamiz de su imaginación de escritor. A pesar de ello, eran siempre historias cercanas, de un mundo reconocible y próximo al lector, quien podía fácilmente identificarse con los personajes que Garci-Arzeluz recreaba.

 

La historia que sigue trata de los que han sido los primeros y mayores damnificados en Somorrostro por la industria y por la actividad minera, es decir, trata sobre los habitantes de estos concejos en el tiempo que se les privó de la propiedad que, desde tiempo inmemorial, habían tenido sobre sus cotos mineros. Trata de las gentes que vieron como su vida cotidiana, sus casas, sus costumbres... eran devoradas y obligadas a desaparecer por unas leyes ajenas e impuestas, que abrían de par en par las puertas para que los grandes capitalistas y las empresas extranjeras entrasen a saco en sus tierras y en sus vidas.

 

Al finalizar la copia del artículo de Garci-Arzeluz, comentaré porqué esas historias resultaban tan cercanas a los lectores.

 

 

EUZKADI (1914 Otsalla 11´na astazkena)

"HUESOS DE HIERRO

Lasciate ogni speranza...
DANTE

Nací en el monte, en lo que nosotros, los encartados, llamamos el monte; esto es, en el corazón de Triano, en ese codiciado pedazo de tierra que, por haber tenido la fatalidad de llevar en sus entrañas unos filones de mineral de hierro, ostensiblemente muy abundantes, ha sufrido tantas y tales vejaciones físicas y morales, que, los que, viejos ya, vieron la primera luz en él, en el primer tercio del siglo diez y nueve, si no han sido testigos diarios de sus evoluciones e inauditas mudanzas, no acertarían a saber, como a mí me ocurre, que la metamorfosis experimentada por ese rincón de Bizkaya, y por sus habitantes, obedecía sólo a la simple voluntad de los hombres puesta al servicio de sus insensatas ambiciones.

Mas, porque yo soy encartado y porque, después de una prolongada ausencia de mi tierra he querido venir a morir donde murieron mis padres, puedo deciros que el lugar donde nací y los habitantes que hoy lo habitan no se parecen en nada al monte que yo dejé, ni a los encartados que yo conocí.

 

(...) Nací, como he dicho ya, en el primer cuarto del siglo pasado. Cuando la primera guerra (...) era yo un niño: no recuerdo nada de aquellos días ni de aquellas luchas.

Mis padres, antiguos ferrones bizkainos, extraían vena dulce de los maravillosos yacimientos de estas montañas. Con ella fabricábamos en nuestras ferrerías, toda clase de herramientas y objetos de hierro. Ni un solo pedazo de mineral bruto salió de nuestras canteras que no fuese a parar a las forjas y al martinete, y desde Orán hasta Brujas, desde Terranova hasta Valparaiso, nuestra antigua marca ferrona, como en otros tiempos nuestra marca armera, dejó sentado a gran altura el envidiado pabellón de la industria bizkaina.

Vino la guerra del 74. Yo ya era un hombre. Mis padres, aunque casi sexagenarios, eran todavía la cabeza directiva de nuestra casa, cuyos intereses eran bastante respetables.

Cuantas proposiciones me hicieron para tomar las armas, por uno u otro bando beligerante de esta segunda contienda desdichada, fueron rechazadas de plano, y aunque fuimos objeto de mil persecuciones, logramos sortearlas con habilidad, a costa, es cierto, de graves sangrías al pecunio hechas para saciar apetitos de cabecillas...

En fin, concluyó también esta guerra, y cuando creíamos llegada la hora de reanudar nuestro trabajo, bajo los felices auspicios de la paz, una ley inesperada, derivada de la incorporación plena de Bizkaya a la Corona de Castilla, hizo que desde el año 76 al 80 se enredara mi familia en un laberinto tal de pleitos y discordias, que trajo como consecuencia la ruina de nuestra industria, la expropiación forzosa de nuestra casa y de nuestras ricas veneras, la pérdida total de nuestros intereses... y la muerte de mis padres, que no pudieron sobrevivir al despojo de que fueron objeto.

Porque al amparo de esa ley, una poderosa Compañía extranjera, que no debió ser ajena a su redacción, puso en juego todos los recursos y trapacerías imaginables hasta hacerse dueña de los bienes que pertenecían a unos pobres bizkainos desamparados.

Por toda indemnización recogió unos cuantos miles de reales, con los que, después de invertir una buena parte en reunir los restos de mis mayores en un moderno panteón de familia, que mandé eregir en el cementerio de mi pueblo natal, tomé un pasaje en un barco de vela y me trasladé a las soñadas Américas. Al pie de ese panteón vertí, la víspera de mi partida, las lágrimas más amargas de mi existencia.

¡Oh si yo pudiera volver a verte, palmo de tierra bendita, donde reposan los restos de mis mayores!


 

Este enorme socavón es cuanto hoy día queda del antiguo pueblo de Gallarta, que se derruyó para permitir explotar el rico yacimiento de mineral de hierro que existía en el subsuelo.


Volví, sí; volví, después de treinta años de ausencia, de penalidades y de luchas, a visitar mi monte, el monte donde nací, donde pasé mi infancia; donde fui testigo de tantas felicidades y de tantas desdichas.

Mi casita, la que fue mi casa solariega, que aún todavía la víspera de mi expatriación ostentaba, cubierto con un negro crespón de duelo, el viejo escudo de la familia, no existe ya: aquel cerro que estaba allí enfrente, frente a las fraguas, y del que extraíamos, con arreglo a las previsoras ordenanzas forales, la rica vena dulce que laborábamos con insuperable maestría, ha sido arrasado, literalmente arrasado en toda su extensión, y en el lugar en que estaba emplazado, sólo se ve un enorme lago de aguas turbias estancadas que han servido para lavar los minerales que guardaba aquel en su seno.
Volví, sí; volví, después de treinta años, a visitar el santo cementerio donde depositara los restos venerandos de mis padres.

Pero ¡ay! de aquella necrópolis del monte, solo quedan las cuatro paredes que la rodeaban y unas cuantas cruces de madera, desparramadas por entre un informe montón de escombros que, pocos años antes, eran piadosas sepulturas de un pueblo cristiano.

¿Queréis conocer las causas de esta profanación? Pues sabed, bizkainos, que por debajo de ese cementerio, como por debajo de mi casa ferrona, pasaba un potente filón de mineral, y aunque las leyes de los pueblos menos civilizados rechazan el allanamientos de estos sagrados recintos, la poderosa Compañía que arruinó a mis padres, que expropió mi casa y mis terrenos, que alteró el paisaje y la fisonomía de todo mi pueblo, consiguió, por medios infames, la clausura del viejo cementerio, y penetrando en él por medio de galerías subterráneas, abiertas a poca distancia de sus muros, extrajo cómoda y legalmente el mineral que atravesaba el subsuelo de aquel santo lugar y, con el mineral, los restos mortales, metalizados ya por la acción del tiempo, que reposaban en las tumbas y panteones.

 

Y el pueblo encartado no protestó; no clamó contra tamaño atropello, como tampoco protestara, con la virilidad que debía exigirse a los buenos bizkainos, cuando se publicó aquella nefasta ley que conculcó sus derechos históricos.

Y los huesos de mis amados padres, como los de otros muchos encartados nacidos en el Monte, cruzaron y cruzarán aún los mares, para ir a parar a las modernas forjas de esas naciones que no reconocen más derechos que los que llevan aparejados esos alrdes de fuerza que se alimentan con la sangre de los débiles.

Pocos años me restan de vida. Venga en buena hora la de mi último suspiro, ya que tan poca fe me merecen las virtudes cívicas de un pueblo que así se deja arrebatar sus más preciadas riquezas y sus más sagrados recuerdos.

 

FELIX GARCI-ARZELUZ"


 


 

 

Decía, al comienzo de este artículo que las historias de Garci-Arzeluz guardaban siempre un poso de verdad que las hacía cercanas a sus lectores. Cuando yo leía esta historia, recordaba que mi bisabuelo se vio obligado a vender su casa y tierras, que se hallaban justo en la que después fue la explotación de la mina "San Antonio", de los Gandarias. Y recordaba como su hijo, mi abuelo, igual que el protagonista del relato anterior, se marchó de la tierra de sus antepasados para trabajar de jornalero en la "Basconia". Y cómo mi padre y sus hermanos, en sus conversaciones, recordaban siempre con añoranza la tierra que les había visto nacer y que dejaron atrás.

 

Existen muchas noticias que hablan del continuo enfrentamiento que mantuvieron los vecinos de los concejos de Somorrostro contra los dueños de las explotaciones mineras a causa de los estragos que aquellas causaban en sus caseríos. Existen cientos de quejas, que no tuvieron ninguna respuesta efectiva, contra los lavaderos de mineral, contra los destrozos de los caminos, contra los restos de mineral que se arrojaban sin miramiento en los cauces de los ríos y que causaban las inundaciones que arruinaban sus cosechas...

Por eso, entre otras razones, conviene no olvidar que, cuando hoy día se habla de las minería en Somorrostro, y cuando algunos parecen querer reducir toda esa actividad a unos años más o menos cercanos, conviene recordar, decía, que hubo un tiempo y unas gentes que fueron los primeros y, tal vez, los mayores damnificados por esta causa.


 



Mapa de las minas del entorno de Gallarta, aún existían las viviendas, concregadas en los cotos de las minas Manuelita y la Concha II.

 

Nota: me ha costado lo indecible escribir estas pocas líneas, y las he borrado y vuelto a escribir cantidad de veces para intentar no herir susceptibilidades. Convivo con gente que ha trabajado en las minas desde niños, con mujeres que trabajaron limpiando mineral, con hijos y nietos de esos mineros y mineras, y nunca me atrevería a desmerecer ni su historia ni su trabajo, entre otras razones porque también son los míos; pero he visto que mucha gente tiende reducir esa historia minera e industrial a dos o tres generaciones atrás, y es importante que se sepa y se reconozca que cuantos hoy día vivimos y trabajamos en Somorrostro somos herederos y herederas de todas las generaciones de hombres y mujeres que nos precedieron y de todos los tiempos que antecedieron a este.


 


 



Goio Bañales


 

 


Publicado por negrodehumo @ 11:35  | MINEROS Y MINER?A
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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 26 de noviembre de 2012 | 8:53

Hola

La historia de la revista Euzkadi podría estar sacada de Galdames, más concretamente de Atxúriaga (hoy La Aceña). La asa torre de Atxúriaga fue deribada por la mina Rita y Adelaida y hasta el año 2000 en su lugra había un pequeño lago por lo que concuerda perfectamente.

MUy buen blog, ánimo!

Publicado por negrodehumo
Domingo, 02 de diciembre de 2012 | 12:41

Gracias por el comentario

Goio.