Lunes, 02 de junio de 2008


En artículos anteriores se ha tenido oportunidad de comprobar hasta qué punto Portugalete fue un imparable receptor de gentes venidas de distintos lugares, siendo los más numerosos quienes llegaron desde los pueblos del entorno más inmediato, situados en una y otra margen de la ría del Ibaizabal. Entre ellos, el contingente de getxoztarras no es en absoluto desdeñable, y lo acredita la existencia de apellidos tan ilustres en la villa como Gecho, Alango, Uria o Larrazabal.


En todos los casos se da un hecho destacable: la perfecta integración de todos ellos en la vida, en las costumbres y en el entramado social de Portugalete, la villa que les acogió y que ellos hicieron tan suya como si se tratase de su verdadero solar de origen. Los Uria, y concretamente Gonzalo de Uria, al que me referiré en estas líneas, son un ejemplo admirable de esta circunstancia.


A mediados del siglo XVI gobernaba la casa de Uria, en Getxo, el matrimonio compuesto por Sancho López de Uria e Isabel de Ochandategui. Su primogénito, llamado también Sancho López, pasó a las Indias y encontró la muerte en la ciudad de Arequipa, donde murió "pobre y desgraciadamente". No dejó descendencia por lo que la casa de Uria pasó a su hermano Gonzalo, del que nos ocuparemos a continuación. También fueron fruto del matrimonio Uria-Ochandategui el alférez Francisco Ochoa de Uria y María González de Uría.

Gonzalo de Uria Ochandategui nació hacia el año 1567. Contrajo matrimonio en dos ocasiones, en ambas con mujeres portugalujas. Sus primeras nupcias fueron con María de Argaluce, en quien hubo a Gonzalo de Uria de Argaluce, que fue religioso de la orden de san Agustín. A finales del XVI se trasladó a Cartagena de Indias para estudiar artes y teología, y allí perdemos toda pista referente a su persona.

Fallecida María de Argaluce, Gonzalo de Uria contrajo segundas nupcias con María de Salazar Muñatones, hija de Pedro de Salazar-Muñatones y María de Otañes, señores de las casas de San Martín de Muñatones, en Muskiz, a quienes, como es natural, tendremos que referirnos en posteriores artículos.

 De aquel segundo matrimonio nacieron 1. Gabriel de Uria Salazar, quien como hijo mayor heredó la casa y solar de Uria, en Getxo; 2. Isabel de Uria Salazar, que fue monja en el convento de Santa Clara de Portugalete y 3. Miguel de Uria Salazar, que mantuvo su vecindad en Portugalete. Casó con María Sáenz de Basori, hija de Ochoa Pérez de Basori y Jerónima de Olalde.
Fueron padres de 3.1. Gabriel de Uria Basori, nacido en 1632, del que no encontramos mas mención que la del registro de su bautismo en aquel año por lo que, posiblemente, muriese sin descendencia; 3.2. Jerónima de Uria Basori, nacida en 1629, que casó con Marcos de Cañarte y Cámara; 3.3. Isabel de Uria Basori, nacida en 1631, que casó en Portugalete, el año 1656, con Miguel de Urquijo, siendo padres de Jerónima Antonia de Urquijo y Uria; 3.4. José de Uria y Basori, sin noticias posteriores, tal vez sin descendencia; 3.5. Luisa María de Uria Basori, nacida en 1633, tampoco consta en años posteriores.

Como decía, Gonzalo de Uria es una muestra de perfecta integración en la sociedad portugaluja. Fue escribano, en la escribanía de la que era dueña su mujer María de Salazar -servida posteriormente por Juan del Casal, en nombre de dicha María de Salazar-, y ocupó los más altos puestos de representación municipal, como la alcaldía, en el año 1606. Su casa en Portugalete era también de las más distinguidas y amplias: "una casa buena, en la calle de Medio, con parras y frutales y ortaliça y heredades de biñas pegadas a ella".

Comenzado el siglo XVII Gonzalo de Uria decidó exponer toda su fortuna traficando en el comercio con las Indias. Realizó un primer viaje del que regresó el año 1613, sin que al parecer fuese especialmente remarcable, pero que tal vez le permitió establecer los contactos y la línea a seguir en el que sería su segundo y, a la postre, último viaje. En esta segunda ocasión, después de varias situaciones en las que, según propia confesión, su capital sufrió serio riesgo de perderse, logró no solo reponerse sino conseguir pingües beneficios.

Cuando se disponía a regresar a su tierra desde las Indias la muerte le sorprendió en el puerto del Callao, de la ciudad de los Reyes. Dejaba una considerable fortuna, que sumaba 2.664.857 maravedís, que debía ser entregada a sus herederos en Portugalete.



Puerto del Callao, en dibujo de Felipe Guaman Poma de Ayala.

En su testamento Gonzalo de Uria reconocía que había decidido encomendar el éxito de sus negocios a la Virgen, y que si salía con bien de ellos entregaría a la Iglesia una décima parte de los beneficios que obtuviese, y así lo consignaba en dicho documento. Pero, lo que quiero destacar aquí es la devoción que mostró hacia la virgen y hacia varias instituciones portugalujas, como el hospital de la villa. Ordenó que aquella cantidad se gastase para el adorno de "Nuestra Señora la virgen Santa María de la billa de Portugalete, en quien e tenido y tengo gran devoción y confiança", y para el altar mayor de la parroquia. Encargaba que su mujer y el doctor Colindres, beneficiado en Santa María, que, inmediatamente que recibiesen el dinero, se hiciesen cargo de la siguiente manda: "Particularmente se hagan tres mantos muy ricos de brocado y muy bien guarnecidos de oro, de los colores que usa la santa madre iglesia en los tiempos del año, y un dosel y cortinas de terciopelo carmesí, que tome todo el anchor del altar mayor, començando dende un poco más arriba de la corona de Nuestra Señora, y que la frente y gotera del dosel sean de terciopelo carmesí...". Así mismo, ordenaba que se hiciese un dosel de damasco morado, con su faldón y fleco, en oro y seda, para el Santo Crucifijo del Portal, en forma de espaldar, que estuviese fijo en la pared, con un lienzo que sobresaliese media vara del dicho espaldar, y una cortina de raso verde en medio, de alto abajo, todo llano sin borduras, excepto la cruz verde con cordón de oro y seda, para que después de las misas se descubriese el crucifijo con veneración y luego se tornase a cubrir y correr la cortina, "para que esté con más decencia".
También encargó "tres coronas de plata dorada de muy buena echura, para las imaxenes de la gloriosa santa Ana y de Nuestra Señora del Niño Jesús, que tien consigo, y esta en la dicha iglesia de Portugalete, que questen (cuesten) todas tres, con la fechura y oro, fasta sesenta ducados". Para la imagen de Santa María "un manto de damasco carmesí, con un pasamano ancho de oro fino, que cueste el dicho manto hasta quatroçientos reales en todo".

Todo ello lo incrementó con 12 ducados para la fábrica de la iglesia.



Imagen de Santa María de Portugalete.

Para el hospital "del señor San Juan de la dicha villa de Portugalete una cama nueva, con su ropa doblada, que cueste hasta catorce o quince ducados, y que luego se entregue al mayordomo del dicho hospital..."

Para el convento de las monjas de Santa Clara "çinquenta ducados a distribuçion de la señora abadesa del dicho convento, para su fabrica o para el adorno del culto divino...".

Para la ermita de San Roque mandaba 100 reales, y otros cien para San Nicolás de Sestao.

Evidentemente, no podía olvidar que era natural de Getxo, y también tuvo un recuerdo y manda especial para su iglesia: "yten mando para la imagen de Nuestra Señora de Guacho (sic) donde yo soy natural, y para el niño Jesús que tiene en los braços, se aga luego una corona grande y otra pequeña de plata doradas y de muy buena hechura, de grandor y proporçion que se requiera para las imáxenes, que cuesten con su fechura y todo çinquenta ducados...". Además, ordenó que se diesen 50 ducados para la fábrica de la iglesia.

 

 La ciudad de los Reyes, de Lima, dibujo de Felipe Guaman Poma de Ayala.






Goio Bañales

 


Publicado por negrodehumo @ 11:08  | PERSONAJES
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