S?bado, 07 de junio de 2008


El artículo que sigue es una gacetilla tomada del IRURAC-BAT. Está dedicado a la heroicidad de un santurtziarra, llamado José García, al que conocían con el mote de el Chisco. El reportero que escribió la nota indica que aquel era natural de Santurtzi y,  consultando en la página del Archivo Eclesiástico de Bizkaia, únicamente he hallado dos personas que encajan con ese nombre y con el año de la noticia (el de 1860), pero, claro, podría estar equivocado.

Hay, como digo, dos personas, ambos hermanos, Eduardo José Casimiro García y José María Antonio García, nacidos, respectivamente, en el año 1848 y 1832, que eran hijos de José García Pérez y de Antonia Vidaurrazaga Ugartechea.

He repasado el libro de Jenaro Urtiaga "Monólogos de una sardinera santurzana", que contiene citas de personas conocidas, pero no da pista alguna sobre él.

Sería estupendo que alguien pudiese confirmar o desmentir si se trata de alguno de los que he citado más arriba, porque, a pesar de que han pasado muchos años, habrá muchas personas que hayan oído hablar de él; además, este tipo de personas merece no caer en el olvido.

 


IRURAC-BAT (19 de agosto de 1860)

Gacetilla del corresponsal en Santurtzi.

"Nuestro corresponsal en Santurce nos dirige con fecha de anteayer la interesante comunicación que sigue. Desde luego llamamos sobre ella la atención de nuestro señor gobernador, para que así como anteayer se lo recomendamos con motivo del salvamento de la niña que cayó al río y fue salvada por tres intrépidos jóvenes, se informe de la conducta heroica del pescador García de Santurce, de quien en alguna ocasión nos hemos ocupado, por su arrojo y sentimientos humanos. Esta clase de hechos deben ser siempre recompensados, para que hallen imitadores. Si las autoridades los apreciaran debidamente, harían no poco bien, y lograrían que se reprodujeran en cuantas ocasiones se presentasen. La recompensa de un buen servicio, es una cosa digna y justa. La carta de nuestro corresponsal está concebida en estos términos:

Santurce, 17 de agosto de 1860.
La lancha de este puerto, propia de los pilotos lemanes D. Ruperto de Careaga y D. Quirico Macho, se dirigía hoy desde la villa de Castro-Urdiales a donde ha estado a componerse, a este punto, tripulada únicamente con los dueños ya citados, y otros dos muchachos de corta edad. La casualidad de haber tropezado en esta travesía con algunos buques sin abordar o sin prácticos, ha hecho que estos dos aprovecharan tan buena coyuntura, transbordándose a ellos y dejando la barca a merced de los dos infelices muchachos. Al llegar, pues, a este puerto con viento fresco y en popa, las dos criaturas trataron de sacar el timón; pero sus pocas fuerzas no se lo permitieron, y habiendo tocado, fueron puestas inmediatamente, sacudidas por el viento y fuertes olas, sobre las rocas que se hallan cerca de la traviesa de esta barra. Infinidad de personas, tanto de la clase de marineros como de las demás, se trasladaron precipitadamente al sitio en que sucedía la desgracia, y poniéndose muchas de ellas en peligro, trataron de salvar a aquellos dos infelices, lo que afortunadamente consiguen: intentan sacar la lancha que se encontraba varada sobre grandes peñascos sacudiéndola fuertes olas, salen dos embarcaciones de este puerto, hacen firme una estacha en la barca perdida, y remolcándola las otras dos citadas, con auxilio de gente de tierra a la parte opuesta, consiguen también sacarla y traerla al puerto, aunque muy estropeada y quebrada del costado de babor.

Entre las personas que se han hallado en este lance, citaremos al atrevido pescador natural de este pueblo José García (a) el Chisco, que tantas pruebas ha dado de gran corazón y arrojo en tales casos; hoy lo hemos visto lanzarse al mar, pasar por entre grandes y rompientes olas al punto del siniestro, colocarse sobre un peñasco, y derribarlo a veces el empuje del gran elemento, coger la estacha, librarla o desenredarla, meterse con ella en la barca naufraga, y entre dos aguas dirigirla con exposición de su vida hasta ponerla a salvo, con la ayuda referida. Muchas y muchas personas han sido salvadas por este valiente marino en repetidas épocas; entre ellas solamente citaremos a un tal José María (cuyo apellido ignoro), patrón de un lanchón que se dirigía esta barra, y que fue botado al mar por un golpe que le dio la caña del timón que dirigía; el lanchón seguía su rumbo con viento muy fresco y el pobre y desgraciado patrón veía que se alejaba sin tener ningún amparo y creyendo segura su muerte una vez que aquel franqueó la barra. En tal aprieto, comenzó a lanzar fuertes gritos, los cuales oídos desde el puerto, y a pesar de ser las diez de una noche de invierno oscurísma y tenebrosa; se arroja el intrépido García de su cama, se viste apresuradamente, se dirige al puerto sin detenerse en riesgos de ninguna especie y sin vacilar enciende un farol, desamarra una embarcación, invita a sus compañeros Vicente Osante y Bernardo Algorri a que le sigan, y salen al borrascoso mar dando gritos de "ánimo, valor compañero", y vuelven a oír los gritos ya débiles de aquel naufrago, se dirigen hacia él, lo buscan con ansia, y por fin ven fosforear el agua en donde aquel se encontraba ya sin fuerzas y casi sumergido. En tal estado, el García lo alarga un remo, lo coge fuertemente, y sujetándolo de un brazo, lo sube a su embarcación, se desnuda, lo arropa con sus vestidos, y lo conduce a este puerto. Este patrón tiene un hermano en esta villa dedicado al comercio.

Si fuera a referir los hechos del García en que ha salvado gentes, me ocuparía mucho tiempo; pero desde luego debían VV llamar la atención de las autoridades y del Gobierno, para que como es justo, fueran recompensados tantos servicios. De ellos podrán informar los anteriores pilotos mayores, D. Antonio Musquiz, D. Juan de la Quintana, y el actual Sr. Sampelayo, así como toda la cofradía de mareantes de este puerto".



 

 

Por la transcripción:
Goio Bañales.


 

 

Nota a este artículo: Esta foto de más abajo no es, evidentemente, del José García referido en el comentario, sino de un hermano de mi padre, de mi tío Esteban. Consiguió rescatar a dos bañistas bilbainas que se ahogaban en el Ibaizabal, en Etxebarri, pero él murió en aquella circunstancia. Era un chaval que tenía poco más o menos la misma edad con la que aparece en la foto. Lo más triste es que a la familia no le llegó ni una nota de agradecimiento. El artículo de hoy me lo ha hecho recordar y por eso lo incluyo aquí. Un pequeño homenaje a él y a tantos José García olvidados.

 




Esteban Bañales.

 




 

 

 


Publicado por negrodehumo @ 11:52  | MARINOS
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