S?bado, 19 de julio de 2008




INFORME DEL AÑO 1810 SOBRE EL ESTADO DE LAS ESCUELAS DE BIZKAIA.

La administración francesa exigió de todos los pueblos del Señorío un informe detallado de su estado, medios de producción, rentas municipales, eclesiásticas, etc.

Uno de los apartados recogía el número de escuelas y el alumnado existente en cada una de ellas. El panorama dibujado en Bizkaia no puede ser más desalentador.

Las niñas que cursan estudios aparecen en una desproporción enorme con respecto a los niños. Desproporción achacable, sin duda, a la penuria económica existente en la mayor parte de los hogares. Algunos maestros informan que sus sueldos -cuando se les pagaban- habían sido reducidos, mientras que otros se veían obligados a cobrar en especie, por ejemplo, con trigo y maíz,  porque las familias no podían costear los estudios de sus vástagos. En esta situación las niñas fueron las grandes perjudicadas porque, en un intento de remediar la economía de la casa, se vieron obligadas a dejar de asistir a las escuelas.

A modo de ejemplo que ilustre el contexto general he seleccionado de aquellos informes los correspondientes a algunos pueblos y, junto a ellos, con características propias que le diferencian del resto, la capital Bilbao.

Nabarniz disponía de una escuela de primeras letras a la que acudían, juntos pues no existía escuela de niñas, 10 discípulos y 2 discípulas. El maestro cobraba por cada uno media fanega de trigo y media de maíz al año, sin otra dotación[1].

Nachitua y Ea disponían de un maestro de primeras letras, a quien no pagaba el pueblo "por hallarse sin caudales". Asistían a la escuela 14 muchachos y una muchacha, por cada uno de los cuales pagaba cada familia 27 reales anuales aunque "no le pagan la mitad de lo pactado por falta de medios"[2].

Mungia. Dispone de una escuela de primeras letras, servida por un maestro, con 70 discípulos de los cuales 14 son niñas[3].

Mundaka. Tiene una escuela de primeras letras para niños cuyo maestro, Ignacio de Aldape, instruye a 93 alumnos. Otra escuela para niñas, cuya maestra es Juana de Egia, con 26 niñas. La paga es de 150 y 50 ducados anuales para el maestro y la maestra respectivamente. Además cada niño y niña para 4 cuartos al mes[4].

Murelaga. Dispone de una escuela, con un maestro, atendiendo a 40 discípulos (no diferencia sexos)[5].

Murueta. Tiene un maestro de escuela de primeras letras "sin dotación alguna, por exercitarse en la labrança y de hermitaño de la hermita titular Nuestra Señora de Murueta, y se ocupa también de enseñar a los muchachos que destinan padres pudientes que pagan su salario, y tiene hasta el número de once en la actualidad, sin seguridad en lo venidero del número de muchachos, por no haber fondos en este pueblo..."[6].

 

Bilbao, que por sus características de capitalidad y número de habitantes debe considerarse aparte, también participa del descalabro. Las escuelas existentes en 1810 y el número de discípulos se consignaban así:

Escuelas de niños y alumnos: Zulaibar 60, Uruchurtu 8, Goitia mayor 34, Goitia menor 58, Ereño 15, Guezala mayor 50, Guezala menor 40, Laburu 76, San Pelayo 86, Muxica 72.

Especial atención se dedica a la de Bernardo María de Paul, con 163 alumnos, indicando que tiene asignados 30 ducados por la villa; que enseña a 95 muchachos de la Casa de Misericordia y 17 pobres del lugar, y que para esta labor el establecimiento de la Casa de Misericordia le tiene asignados 200 ducados, pero que a falta de medios no le paga.

También se consignan otras escuelas, aunque con el encabezamiento de "sin examen"; son las siguientes:

Barco con 50 alumnos, Apraiz 24, Careaga 54, Ereño menor 15, Erezuma 52.

También se señala la existencia de un maestro de gramática, con 20 discípulos, al que la villa asignaba una dotación de 7.550 reales pero, se añade, la imposibilidad de pagarle ha obligado a rebajar aquella a 3.000 reales. Este maestro contaba con la ayuda de un repetidor (ayudante), al que pagaba de su bolsillo 2.200 reales, pero se ha visto obligado a prescindir del.

Las escuelas de niñas son solo dos, la de la maestra Micaela de la Torre, con 8 niñas, y la de María Francisca de Beovide, con 82 niñas[7].

 

 

ALGUNAS MEDIDAS DE LA INSPECCIÓN GENERAL DE ENSEÑANZA.

Después de la guerra con Francia, una de las primeras decisiones del gobierno fue la de reformar la enseñanza, uniformando la que se impartía en todas las escuelas del reino. Algunas decisiones, como la de cambiar los textos utilizados, modernizaron de forma evidente la enseñanza que se impartía, pero otras muchas, pretendiendo contraponerse a las ideas de la Revolución, negaron todas las virtudes que esta atesoraba, y prefirieron enrocarse en un fanatismo que impidió la modernización del país.

La doctrina cristiana pasó a convertirse en la asignatura más importante, avalada no solo por el Concordato sino por todas las constituciones, comenzando por la de 1812, que recogía que "la religión de la nación española es, y será perpetuamente, la Católica Apostólica y Romana, única verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohibe el ejercicio de cualquier otra".

Solamente se modificó esta situación en el breve paréntesis existente entre la Constitución de 1931, que reconocía la libertad de conciencia y el derecho de practicar libremente cualquier religión, y el Concordato firmado en 1953 con la Santa Sede, que retornaba a la situación anterior, estableciendo a la Católica como única religión del estado, y que rigió hasta la constitución de 1978.    

Las decisiones tomadas fueron dogmáticas, porque no tuvieron en cuenta las necesidades particulares de muchos territorios; retrógradas porque separaron la enseñanza de niñas y niños, asignando a aquellas una enseñanza cuyos pilares fueron la doctrina católica y las labores del hogar, determinando un perfil que fue aplicado por generaciones sucesivas, y hasta tiempos muy recientes, bajo el título de "labores propias de su sexo".


 

Mujeres bizkainas en el interior de un caserío, imagen de comienzos del siglo XX (Biblioteca Foral, Secc. Bascongada)

 

REQUISITOS PARA SER MAESTRAS.

En Diciembre de 1827 se comunicó desde la Inspección General a la Junta de Enseñanza de Bizkaia[8] que existían en el Señorío "personas de ambos sexos dedicadas a la enseñanza de primeras letras, sin estar debidamente autorizadas para ello". En consecuencia exigía a la Junta que, siguiendo las instrucciones expedidas en 30 de Noviembre del mismo año, expidiese a las Juntas de Pueblo las órdenes pertinentes para que no se permitiese ejercer la profesión de maestras o maestros a quienes no acreditasen poseer el título correspondiente; aunque, al mismo tiempo, otorgaba un plazo de tres meses para que se presentasen a ser examinadas de idoneidad y lo obtuviesen. Para ello se les pedía que presentasen: Una información legal de limpieza de sangre. La fe de bautismo legalizada. Una certificación dada bajo su responsabilidad por el cura párroco y el alcalde de pueblo o pueblos donde hayan residido desde el año de 1820, con la que acrediten su buena vida y costumbres y su comportamiento en el tiempo de la dominación anárquica, con expresión de si ha sido o no miliciano, y de sus rectas opiniones políticas, amor y adhesión a nuestro legítimo Soberano, también legalizada y uno o más planas (hojas) escritas y firmadas de su puño.

No se comprendía en el mandamiento anterior a maestras y maestros de pueblos menores de 50 habitantes, aunque debían sujetarse al método y libros de enseñanza.

 

En lo que respecta a las maestras se ordenaba: "Que las Maestras de niñas son comprendidas en los dos artículos anteriores con la única diferencia, de que en el atestado del Cura párroco, y Alcalde se omitirá aquella cláusula con expresión de si ha sido o no miliciano presentando a demás las muestras de las lavores que, con arreglo al artículo 138 del Plan y Reglamento de Escuelas, han de enseñar en aquella clase a que aspiren todas principiadas, y ninguna acabada, debiendo en todo lo demás sujetarse a las mismas formalidades que se asignan para los Maestros"[9]

 

LA DIFERENCIACIÓN: ORDEN DE SEPARACIÓN DE NIÑAS Y NIÑOS.

   En 1828 la Junta de Inspección General ordenó a la Junta de Inspección de Bizkaia que "de ningún modo se permita que los Maestros de niños enseñen también a las niñas en una misma habitación, aunque sea en distintas piezas: y declarado, que si las mugeres quisieren enseñarlas, necesitan haber obtenido antes la certificación de exámen y sacado el competente título; y que aún en este caso, cuide la Junta de que las entradas respectivas sean por diversas puertas de calle. Esto no impide que teniendo las Maestras sus escuelas en distintas habitaciones, y con distintas entradas, asistan a los maridos, ú otros Maestros aprobados a dar a las niñas las lecciones de leer, y de escribir, si la Maestra no pudiese hacerlo por sí misma".[10]

Esta orden se recogió posteriormente en el Plan de Instrucción Pública de 1836, de la siguiente manera: "se establecerán escuelas separadas para las niñas donde quiera que los recursos lo permitan, acomodando la enseñanza en estas escuelas a las correspondientes elementales y superiores de niños, pero con las modificaciones y en la forma conveniente al sexo."[11]




Puerta de acceso de niñas, en el colegio García Rivero, del barrio de Atxuri, en Bilbao.

 

LOS DATOS DE MADOZ.

La imagen de años anteriores contrasta con la que ofrecía Pascual Madoz, con datos aplicables al año 1857. Una diferencia que es constatable incluso en las alabanzas -especialmente importantes viniendo de un intelectual riguroso- que atribuye a las escuelas bizkainas, asegurando que muy pocas regiones habrá que "en una extensión igual de terreno y en proporción a igual número de habitantes, nos presente el cuadro lisongero (...) del que con razón puede envanecerse Vizcaya. No hay concejo, ni anteiglesia, por corto que sea su vecindario, que no tenga cuando menos su escuela particular, además de otras muchas que se han establecido para los lugares y barriadas muy distantes de las poblaciones o que tienen sus casas muy diseminadas..."

Existían en Bizkaia 3 escuelas superiores completas (Bilbao, Gernika y Markina), a las que concurrían exclusivamente niños. El número de escuelas elementales completas de carácter público se elevaba a 13, de ellas 9 de niños y 4 de niñas; de carácter privado 13, siendo 5 de niños y 8 de niñas. Las elementales incompletas eran 8, repartidas en igual número para niños y niñas.

Por partidos judiciales, el partido de Bilbao sumaba 53 escuelas servidas por 45 maestros y 8 maestras (3 de ellas sin título), para 1767 niños y 653 niñas. El partido de Durango disponía de 30 escuelas, 28 maestros y 2 maestras (1 sin titulación), para 1.111 niños y 434 niñas. El partido de Gernika contaba con 16 escuelas, 15 maestros y una maestra (sin título), para 921 niños y 233 niñas. El partido de Markina tenía 26 escuelas, 25 maestros y una maestra (sin título), para 924 niños y 289 niñas. El partido de Balmaseda contaba 29 escuelas, 21 maestros y una maestra, para 966 niños y 371 niñas. Finalmente, el partido de Urduña, 4 escuelas servidas por un maestro y una maestra, que atendían a 42 niños y 29 niñas.

 

 

 

 

Goio Bañales



[1] Archivo Foral de Bizkaia. Administrativo. Leg. 195/2

[2] Ibídem.

[3] Archivo Foral de Bizkaia. Administrativo. Leg. J-200

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Datos tomados del Archivo Foral de Bizkaia. Administrativo. Leg. J-195/1. Como puede comprobarse, los datos guardan bastante relación con los que ofrece Iturriza para el año 1793. Existían entonces en Bilbao una escuela de dibujo, costeada por la Sociedad Bascongada y "ocho escuelas de primeras letras para varones fuera de otras que hat para hembras" (ITURRIZA. Op. Cit., Tomo I, pág. 62) y también con los de Labayru para 1796 en que contabiliza ocho maestros para 680 alumnos y cuatro maestras para 307 alumnas, la Escuela de Dibujo, con un maestro y dos sirvientes para 95 alumnos, la Escuela de Naútica, con un maestro y 15 alumnos y, finalmente, una Escuela de Latinidad con un maestro y 20 alumnos. Labayru anota que la escuela de la Sociedad Bascongada se hallaba sin maestros ni alumnos (LABAYRU, E. JAIME. "Historia General de Bizcaya". Bilbao 1974. Tomo VI, pág. 635. Estos datos fueron analizados por Pilar Feijóo (añadiendo a ellos los datos del censo de población de 1797, -tomados de Mauleón- que daban de los 7 a 14 años una población escolarizada de 680 varones y 307 mujeres,  y quedaban sin escolarizar 169 varones y 693 mujeres) asegurando que "si las cifras del censo de 1797 fuesen correctas y las aportadas por Labayru también, nos encontraríamos ante un caso único y sorprendente; una alfabetización tan elevada, que superaría los mejores porcentajes que tuvo la Francia del XVIII"  (FEIJÓO CABALLERO, PILAR. "Bizkaia y Bilbao en tiempos de la Revolución Francesa". Bilbao 1991. Págs. 137 y 138.)

[8] La Junta de Inspección de las Escuelas de Bizkaia dependía de la Inspección General de Instrucción Pública del Reino, a la que debía remitir sus informes y desde la que le llegaban las instrucciones a seguir en materia de enseñanza. A su vez, de la Junta Junta de Inspección de Bizkaia -también señalada como Junta Capital- dependían las Juntas de los pueblos.

[9] A.F.B. Administrativo. J-690/97

[10] A.F.B. Administrativo. J-690/115

[11] Real Decreto de 4 de Agosto de 1836. Capítulo III.






Publicado por negrodehumo @ 23:07  | MAESTRAS
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