Jueves, 25 de septiembre de 2008




En el Archivo Foral de Bizkaia se guarda un curioso documento de comienzos del siglo XVIII, que hace referencia a ciertas mujeres de Portugalete acusadas de brujería, cuyos pormenores comentaré a continuación de forma resumida.

Corrían los últimos meses del año 1704, cuando María de Arteaga y su hija María de Tellaetxe, vecinas de la villa de Portugalete, acudieron a una posada que se hallaba extramuros de la villa de Bilbao, en el barrio de Atxuri, que en aquellos años pertenecía a la república de Begoña. La posada pertenecía a las monjas del cercano convento de la Encarnación, y estaba regentada por el matrimonio compuesto por Juan de Hormaeche y María de Hierro.



Iglesia de La Encarnación, en Atxuri.

 

Uno de los primeros días del mes de diciembre, hacia las doce o la una de la noche, unos hombres llamaron con insistencia a la puerta de la posada, requiriendo que les abriesen "en nombre de la justicia". Franqueada la entrada, varios mozos, dirigidos por un conocido notario bilbaino, llamado Antonio de Txabarria, entraron en la posada e irrumpieron en el cuarto en que se hallaban acostadas las portugalujas, sacándolas de sus camas y obligándolas a seguirles. En trayectos nocturnos, y huyendo de lugares habitados, las mujeres fueron llevadas a un caserío de la costa, posiblemente de Lekeitio, donde las mantuvieron encerradas.

La ausencia de las mujeres se alargó algo más de dos meses y, aunque no se había interpuesto ninguna denuncia, los comentarios acerca del suceso que se fueron extendiendo por Bilbao llegaron a oídos del corregidor, Alonso Laínez de Cárdenas, quien tomó cartas en el asunto e inició las pesquisas e interrogatorios correspondientes. Cuando los secuestradores tuvieron conocimiento de ello, atemorizados, pusieron en libertad a las mujeres, reintegrándolas, nuevamente a escondidas, al lugar de Atxuri.

Madre e hija fueron presentadas ante el juez y relataron los pormenores de su secuestro. Lo asombroso del caso es la razón que lo motivó, pues los captores las creían culpables de embrujar a doña Juana de Basurtu, una de las damas de más alta posición social de Bilbao, y pretendían obligarlas a que deshiciesen el maleficio.

La declaración de María de Tellaetxe, que resumo a continuación, explica perfectamente lo acontecido y la alucinante experiencia de aquel secuestro.

Según su testimonio, la historia se remontaba a unos cuatro meses atrás, cuando ambas mujeres estuvieron alojadas en Santander, en una casa frente al convento de Santa Clara, en el lugar que llamaban de los Carmelitas. En aquella ocasión tres hombres de Bizkaia, vecinos de la anteiglesia de Abando, las secuestraron y trasladaron a otra casa cercana, en la que las tuvieron retenidas, con amenazas de castigarlas si no confesaban dónde escondían los hechizos de Juana de Basurtu. Aquella situación se prolongó por tiempo de tres días, al cabo de los cuales las soltaron. Las dos mujeres, evidentemente asustadas, se trasladaron a Begoña, a la citada posada de Atxuri. Así llegó aquel día de diciembre, cuando, otra vez tres hombres, uno de los cuales llevaba una espada en la mano, habían entrado en la posada, en tanto que otros dos, que por su aspectos parecían "hombres de la tierra", les aguardaban fuera con cabalgaduras. Tomaron a las mujeres, las sacaron a la calle, y subieron a María de Arteaga al caballo que montaba uno de los mozos. Sin pérdida de tiempo se pusieron todos en marcha, unos a caballo y otros a pie, avanzando durante toda la noche, hasta que, poco antes de entrar el día, al tiempo del toque del Ave María, se detuvieron en un monte en el que se mantuvieron ocultos. Allí permanecieron durante todo el día, hasta que pudieron reemprender el camino al anochecer. Finalmente llegaron a una casa, la cual, por algunas conversaciones que oyó la testigo, dedujo que se hallaba en la villa de Lekeitio, y que se hallaba gobernada por una mujer que respondía al nombre de María. Los secuestradores entraron a las mujeres en la casa, situándolas en aposentos separados y las encadenaron de la cintura y de los pies. Las acusaban de brujería y pretendían que confesasen cuántas compañeras tenían y que dijesen, como ya habían pretendido en Santander, dónde se encontraban los hechizos que habían empleado con doña Juana de Basurtu. Las maltrataron azotándolas con correas y palos, aunque, aseguraba la testigo, nunca les negaron comida cuando la pedían.


 

Vista del puerto de Lekeitio.

 

Intentando intimidarlas, tres hombres asieron a María de Tellaetxe llevándola en volandas hasta la boca de un horno de cocer pan que había en la misma casa, con el fuego muy vivo, y la amenazaron con arrojarla dentro si no confesaba. Metieron sus pies pero al instante los retiraron, sin que llegara a quemarse. Aquella fue la situación más angustiosa que recordaba.

Así pasaron dos meses, hasta que un día llegó la noticia de ciertas detenciones que había efectuado el corregidor en la villa de Bilbao relaccionadas con la desaparición de las portugalujas. Inmediatamente, los mismos que las habían secuestrado, las devolvieron a la casa de Atxuri donde fueron puestas en libertad. María de Arteaga había resultado tan maltratada en aquellos días que tuvo necesidad de ser hospitalizada.

El escribano Antonio de Txabarria, cabecilla de los secuestradores, fue detenido y encarcelado, pero en los interrogatorios se negó a responder a ninguna de las preguntas que se le hicieron, asegurando que todo ello eran asuntos de Inquisición y que él solo respondería a preguntas sobre Justicia.  Se mostró, así mismo, dispuesto a aceptar cualquier condena que se le impusiese sin alegar nada en su favor. Aunque su defensa corrió a cargo de Diego de Sarrikolea y Zamudio, abogado de los Reales Concejos -y, por cierto, una de las personas más ricas del Señorío-, no lograron que el fiscal retirase la acusación de secuestro. Sin embargo, una Provisión Real ordenó que el acusado fuese puesto inmediatamente en libertad pagando la fianza debida. Esto demostraba la alta posición social de los que habían sido verdaderos instigadores de aquel suceso, cuyos nombres siempre permanecieron ocultos. De esta forma concluyó el proceso sin que el secuestro llegase a ser castigado, como si nada hubiese sucedido.

Desgraciadamente, el documento no nos aclara qué ocurrió con María de Arteaga y con su hija, María de Tellaetxe; únicamente podemos inscribirlo como uno más de los casos relacionados con la brujería tan frecuentes en Bizkaia durante aquellos años, en los que la ignorancia y el temor prendían en todas las capas de la sociedad, desde las clases más humildes hasta las de más alta alcurnia.

 

 

 

Goio Bañales.





Publicado por negrodehumo @ 22:42  | PERSONAJES
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