Me resulta especialmente agradable poder recoger en este blog noticias de nuestros[1] escritores, maestros, exploradores... pero, sobretodo, poder traer referencias de poetas.
No cabe duda de que lo mejor de nosotros mismos despierta con la introspección, cuando alcanzamos ese estado en que buscando la belleza, y alejándonos de lo terreno, alcanzamos lo sublime.
En sus escritos, los poetas nos regalan parte de la experiencia que viven vagando por mundos etéreos, desconocidos para todos salvo para ellos mismos. Y nos la sirven traducida en palabras, abriendo sus más personales e íntimas vivencias, y desnudándose hasta un punto tal que avergonzaría a cualquiera que no fuese tan infinitamente generoso como ellos.
Por eso, entre otras muchas cosas, cuando un poema cae en nuestras manos, estamos obligados a ir más allá de una simple lectura, debemos contemplar el corazón del poeta que late en cada uno de los versos.
Y es que, efectivamente, ante los versos que siguen, el lector no puede dejar de ponerse en el lugar de su autor, Faustino Diez Gaviño, quien, en su partida rumbo a La Habana, se despedía de lo que más quería.
Mientras que unos lloran con lágrimas Gaviño lo hizo con versos.
Faustino Diez Gaviño es uno de nuestros poetas. Ya he escrito sobre él en este blog lamentándome de lo poco que conocemos su obra. Hace pocos días mi amigo Rubén me escribió informándome de que en el próximo número de la colección El Mareómetro se incluirá una significativa referencia a nuestro personaje. Motivo de alegría, pues.
El poema que hoy recojo aquí se halla entre los editados por Faustino Díez Gaviño en su libro "Versos" (año 1899)[2], que contiene alguno de los poemas que publicó en prensa. En este caso, efectivamente, lo he hallado publicado en el NOTICIERO BILBAINO, de abril del año 1902.
EN LA NAVE
Me voy y no se hasta cuando!
El mar se agita rugiendo,
el viento pasa silbando,
la nave se va alejando,
la costa se va perdiendo.
Ya todo es mar en redor!
En inciertos movimientos
marcha la nave a favor
de la fuerza del vapor
y el empuje de los vientos.
Todo es mar!... la tierra huyó
tras el oscuro oleaje
que el horizonte cubrió...
¡ay, que no sea este viaje
el último que haga yo!
Hoy que la suerte azarosa
me arrastra inclemente, en pos
de una aventura dudosa
patria mía, España hermosa,
adiós, quédate con Dios.
¡Ya no te veo! ¡Perdida
en el horizonte estás!...
España, España querida
más te ama mi alma afligida
cuanto más te deja atrás!
¡Yo he de volver a admirate!
En mis afanes prolijos
nunca al olvido he de darte!
¡infames, infames hijos
los que llegan a olvidarte!
¡Yo he de tornar junto a ti!
interno y secreto son
me lo está diciendo así...
¡cómo no, si dejo aquí
pedazos de mi corazón!
¡Madre! ¡Amigos! ¡Prenda amada!
Aún siento, mal que me cuadre
sobre mi frente abrasada,
las lágrimas de mi madre,
los besos de mi adorada!
¡Adiós! Ya la tierra huyó
tras el oscuro oleaje
que el horizonte cubrió...
¡ay, que no sea este viaje
el último que haga yo!
EL NOTICIERO BILBAINO
Lunes, 28 de abril de 1902
Goio Bañales
[1] Entiéndase en el resto del artículo que, aunque utilice el género masculino, me estoy refiriendo igualmente al femenino.
[2] El libro "Versos", imposible de conseguir, reclama una inmediata reedición por parte del organismo de Cultura pertinente -tal vez del Ayuntamiento portugalujo- para poner a nuestro alcance la obra de uno de sus hijos más notorios.