Domingo, 16 de noviembre de 2008



Este artículo recoge una de las mayores tragedias ocurridas en la ría y canal del Nerbioi-Ibaizabal, en la que perdieron la vida varios vecinos de Barakaldo, y que pervivió durante mucho tiempo en la memoria de los habitantes de esta localidad. Ocurrió el 11 de diciembre del año 1906. El bote que pasaba los obreros desde la banda de Lutxana a la de Zorrotza volcó, pereciendo ahogados alguno de los pobres trabajadores que transportaba. Una Navidad aciaga, y un hecho estremecedor que suena realmente doloroso en la descripción que el propio botero hizo al periodista encargado de recoger la noticia.

Sirva esta reseña, al mismo tiempo que como recuerdo de aquella circunstancia, como humilde homenaje a los que participaron en las labores de rescate de los naúfragos, cuyos nombres se citan en las líneas que siguen, tomadas de la prensa bilbaina de aquellos días:


LA CATÁSTROFE DE ZORROZA

"Junto a los cargaderos de la Compañía Orconera y frente a los Talleres de Zorroza, en la confluencia de los ríos Cadagua y Nervión, registróse a primera hora de la mañana de ayer una espantosa catástrofe, que análoga a la ocurrida no hace todavía un año frente a las riberas de Erandio, llevó como aquella el luto y la desolación a varias familias.

De Erandio eran las víctimas de aquella catástrofe en que la mayoría, gente joven que regresaba de una fiesta de Carnaval, encontró horrible muerte entre las fangosidades de la ría.

Muy triste fue aquella jornada, que segó tantas vidas, cada una de ellas acaso esperanza de una familia; pero la ocurrida ayer, entre vecinos de Baracaldo, alcanza aún mayores proporciones, pues si el número de ahogados no fue tan grande, deja en cambio en pos lágrimas más amargas de viudas y pequeños huérfanos que al perder el que ganaba su sustento quedan sumidos en la miseria más espantosa.

El hecho ocurrió antes de las siete de la mañana, cuando clareaba el día.

El deshecho temporal reinante de aguas, que tras aumentar muy considerablemente el cauce de los ríos que en el lugar mencionado se unen, y tornar su corriente impetuosísima, hacía dificultosa la navegación.

Cuando poco después de tener noticia de la catástrofe nos presentamos en el lugar de la ocurrencia, era punto menos que imposible hacer una información serena y detallada por ser muchas y muy diversas las versiones que circulaban.

Supimos que el bote naúfrago era el "San José", inscrito al folio 489 y que al ocurrir la tragedia iba patroneado por Pedro Bravo y Badiola, de 36 años, que se había salvado y guardaba cama en su casa a consecuencia de la emoción.

A visitarle fuimos, por entender que nadie mejor que él podría darnos noticia de lo ocurrido.

En el piso tercero de la casa número 70 del barrio de Luchana nos recibió el pobre hombre, que se hallaba rodeado de cuatro hijos suyos, el menor de cinco años y el mayor de once.

Nos habló febrilmente, como si no hubiera podido darse cuenta exacta de lo ocurrido, y de su relato, varias veces suspendido y otras tantas reanudado, pudimos colegir lo siguiente:

- Serían las siete menos cuarto de la mañana. Era ya la tercera vez que pasó obreros desde Errotabarria a La Punta, en donde están los talleres. Como llovía, los pasajeros, que serían unos trece o catorce, por no mancharse la ropa, no se querían sentar, impidiéndome remar bien.

Esto me ha sucedido muchas veces, y he tenido algunas que obligar a viva fuerza a los pasajeros a que se sentaran.

Mi cuñado, Agustín Lamoño, llevaba el timón, y también aconsejaba a los viajeros que se sentaran; pero los otros no hacían caso por no mancharse.

Salimos de la orilla, y, al llegar al cargadero de la Orconera, número 1, en donde se junta la corriente del Nervión con la del Cadagua, formando un reful, el bote recibió una sacudida, perdiendo los pasajeros el equilibrio y caímos todos por la banda de babor de mi "San José".

Yo comencé a nadar, y lo mismo hizo Demetrio Achiaga, un joven de 19 años, y entre los dos dimos vuelta al bote, logrando salvar a los que pudimos.

Después vi que la falúa de los carabineros, tripulada por varios de los pasajeros de mi bote, se dedicaba a recoger naúfragos, y lo mismo hacían mis hermanos Felipe Bravo y y los boteros Domingo Torteaga, Antonio Aránaga y Gabriel Tajarro.

Después me impresioné mucho cuando vi dos cadáveres que iban a flote y que luego desaparecieron.

Entonces me fui a la orilla y vi a muchos de mis pasajeros reunidos; pero yo no podía más y me vine a casa.

Y el hombre con abatimiento repetía maquinalmente:

- ¿Ven ustedes qué desgraciado soy? En menos de tres meses se me ha muerto la mujer, dos hijos y en esta catástrofe, mi cuñado.


 

La ría, a su paso por Zorrotza.


El relato que el botero nos hizo más tarde nos lo confirmaron algunos de los naúfragos que tuvieron la fortuna de salvarse.

Algunos hacían relatos verdaderamente horribles.

Uno de los salvados, Segundo Urquijo, hubo de sostener una lucha verdaderamente desesperada.

Es un joven excelente nadador. Los que a su lado se sentían hundir asiánse a él en las ansias de la muerte.

 Por tres veces fue arrastrado hasta el fondo donde, revolcándose en cieno y tragando agua enfangada, hubo de defenderse a golpes, patadas y como pudo para salvar su vida, de los que en suprema congoja lo sujetaban y sofocaban.

Cuando por tercera vez, y casi extenuado, salió  a la superficie, aún fue sujetado por los pies por otro que se sumergía; pero pudo desarsirse con una fuerte sacudida.

Por fin pudo asirse a una escala que pendía del vapor "Mayo", próximo al lugar de la catástrofe, a cuyo bordo fue recogido, facilitándosele ropas.

Antonio Aránaga, que fue el botero que primeramente acudió en auxilio de los naúfragos, salvó a dos individuos sin saber nadar, manoteaban desesperadamente. Uno de estos se hundió cuando aquel llegaba, pero tuvo suerte de engancharse por la blusa con un remo y sacarlo cuando ya había perdido el conocimiento.

Se distinguieron también en el salvamento Domingo Torteaga, Gabriel Tajarro y el carabinero José Rey.

Cuando Aránaga salió con su bote, los que estaban asidos al "San José" le dieron voces para que acudieran en su auxilio, pero aquel les recomendó que aguardasen por haber otros en más inminente peligro.

Los obreros que se salvaron fueron los siguientes:

Pedro Bravo, Demetrio Achiaga, Isidro Maturana, Segundo Urquijo, Manuel Azcona, Andrés Pagaya, Juan Angulo y Pedro Salinas.

Según los datos que pudimos recoger las víctimas son las siguientes:

Agustín Lamoño, gabarrero, que deja a su esposa en cinta y a un niño.

Angel Leñero, de 15 años, aprendiz de moldeador.

Angel Gutiérrez, de 32 años, deja esposa y 4 hijos, el mayor de 7 años.

Santos Raural, de 18 años, soltero.

Y otro obrero, conocido con el nombre de Manuel, que se ignora el apellido.

Varios boteros pidieron permiso para hacer los trabajos en busca de los cadáveres; pero no se llevó a cabo ningún trabajo, en vista de la gran corriente que llevan el Cadagua y el Nervión.

También se pensó que bajaran los buzos; pero se desistió en vista del enturbiamiento de las aguas.

La guardia civil vigila constantemente el lugar de la catástrofe, con el fin de dar aviso, apenas aparezca alguno de los cadáveres, que, según se nos dice, debieron sufrir algún golpe en la cabeza contra la banda del bote, al ocurrir tan triste suceso.

Hoy se reunirá el Ayuntamiento de Baracaldo para acordar lo procedente, según se nos dice.

Cuando fuimos a la Ayudantía de Marina de Erandio, se encontraban declarando los individuos Isidro Montuluz y Felipe Bravo, esperando el turno los boteros Domingo Torteaga, Antonio Aránaga y Gabriel Tajarro; todos los cuales rivalizaron en el salvamento de los naúfragos.

A las ocho de la noche no había aparecido ningún cuerpo de los desgraciados que perecieron."

EL NOTICIERO BILBAINO

Miércoles, 12 de Diciembre de 1906.




Por la transcripción:

Goio Bañales.





Publicado por negrodehumo @ 16:48  | GACETILLAS
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