Jueves, 11 de diciembre de 2008


Kastor de Andetxaga fue, en su tiempo, el más significado líder carlista de las Encartaciones. Durante la primera guerra carlista, con apenas 800 hombres, que le admiraban y seguían de manera incondicional, fue capaz de matener en continuo jaque a fuerzas cristinas, mucho más numerosas que las suyas.

Las tropas de Andetxaga tenían más de guerrilla que de ejército regular. Estaban compuestas por voluntarios que, en ocasiones, abandonaban la gavilla para retornar a sus hogares; por ejemplo, cuando llegaba la época de la cosecha, o cuando necesitaban reponerse de sus heridas o, simplemente, cuando sentían la necesidad de volver con sus padres esposas e hijos.  

El sargento mayor Manuel de Algorri Zaballa, alias "el grillo", originario del valle de Trapaga, lugar en que había nacido en el año 1799, era uno de los integrantes de la guerrilla de Kastor. A finales del año 1834, después de algunos meses tomando parte en diversas acciones, había recibido licencia de sus jefes para, junto con otros muchachos, volver a sus casas y mudarse. Cada cual buscó un lugar apropiado para ocultar sus armas (Manuel de Algorri escondió su fusil y canana en un jaro) y, seguidamente, se presentaron en sus respectivas aldeas sin que tuvieran complicación alguna, pues, de todo Somorrostro, únicamente Portugalete se hallaba en poder de los liberales.

Manuel de Algorri había acudido a la llamada para la insurrección desde el primer momento, e hizo frente a los cristinos como pudo; en unas ocasiones en solitario, de monte en monte acogiéndose a los pastores, y en otras formando parte de uno de los batallones de Kastor. Aquella pausa en el combate, que le permitía volver a su casería del barrio de Salcedillo, era un premio del que no podía disfrutar la mayor parte de los cristinos del ejército regular. Otro de los "licenciados" carlistas era Manuel de Bañales Ugarte, un joven de 20 años, convecino y algo pariente de Algorri, que había sido herido en un brazo y necesitaba reponerse.

En aquellos días, el último del mes de octubre de aquel año de 1835, una columna de soldados de la Legión Británica atravesó Somorrostro con destino a la villa de Castro. Uno de aquellos soldados, separado del resto, se había despistado internándose en el espléndido mar de hierba que en aquel tiempo eran los juncales de Salcedillo, hasta dar en una vega situada a escasa distancia de la casa de Manuel de Algorri.

De repente se escucharon gritos que alertaron a todo el barrio. Varios vecinos y vecinas acudieron al lugar a tiempo para ver que Manuel de Algorri y Manuel de Bañales habían matado a palos al inglés y se disponían a cabar un hoyo para enterrarlo. Gabriela de Garay, asustada, les pidió que no lo enterresen allí, que era su heredad, pero Algorri la hizo callar con el aviso de que no fuese "palabrera". Enterraron al inglés, volvieron a sus casas, continuaron sus labores cotidianas y pretendieron que nada había ocurrido; pero el secreto a voces de aquella muerte y de quiénes habían sido sus causantes no tardó en extenderse por todo el valle, aunque nadie osó hablar en público del asunto del inglés.

Pasó un mes. El portugalujo Asensio Barrena, de oficio carpintero, hacía el camino que llevaba desde Sestao a la villa después de reponer en aquella aldea el cristal de una ventana. Barrena era guardia nacional en la villa y, por respeto a los carlistas, se hizo acompañar por dos vecinos, Juan de Egiluz y Gumersindo Betolaza, y, efectivamente, sus temores y cuidados quedaron justificados cuando, en el camino, vinieron a dar de frente con Manuel de Algorri.

Asensio Barrrena no conocía al carlista pero sus compañeros le pusieron sobre aviso. Al llegar unos y otro a la par cruzaron un diálogo que claramente buscaba definir la posición de uno y otros.

- ¿Con qué autoridad lleva escopeta?. Preguntó Algorri

- Con la que tengo

- Y... ¿cómo anda usted con esa escopeta?

- Trayéndola en la mano.

- Es que ustedes son unos y yo soy otro (dando a entender que él era carlista y los otros cristinos), y ni en mi casa ni aquí hay más Dios que yo.

 

 
Andetxaga, dibujo de Jose Luis Pellicer, tomado de Gipuzkoa.net

 

Los portugalujos, que no habían detenido del todo la marcha, pretendieron seguir el camino hacia la villa, pero no llevaban andados más de 6 u 8 pasos cuando Algorri les llamó:

- Ya sé que llevas la escopeta cargada, pero a mí me importa poco -dijo mientras se dasabotonaba la chaqueta y sacaba un puñal que traía oculto al costado derecho-. Con éste te tengo que joder, y mejor haréis de largaros cuanto más antes.

Barrena quiso mostrar que era cierto que llevaba la escopeta descargada y abriendo el rastrillo sopló por el cañón. Luego le dijo al carlista que llevaba la escopeta sin cargar y que si lo hacía y la empleaba sería para matar algún pájaro, no para tirar a hombre.

Terminado el incidente, y mientras seguían su camino, Egiluz, Betolaza y Barrena se conjuraron para apoderarse de Algorri. A escondidas lo siguieron hasta una taberna, esperaron el momento oportuno para saltar sobre él y lo inmovilizaron atándolo con una faja. Luego lo llevaron preso a Portugalete.

La situación en aquella villa no era muy segura, razón por la que Algorri fue trasladado rápidamente a la cárcel de Bilbao. También con celeridad se formó la acusación: el asesinato del inglés, haber formado parte de la gavilla de Kastor, e incluso de haberse apoderado -robado, era la palabra empleada- junto con sus compañeros de unas camisas cuando obtuvieron permiso para ir a sus casas a mudarse. Se desenterró el cadáver del inglés. La justicia condenó a muerte por garrote vil a Manuel de Algorri y a Manuel de Bañales, a este último en ausencia pues se había reincorporado a su batallón.


 

Otra imagen de Jose Luis Pellicer,  tomada de Gipuzkoa.net, que muestra a Andetxaga frente a Balmaseda. 


La sentencia debía ejecutarse en Portugalete pero, ante la inseguridad y la dificultad que suponía trasladar a Algorri desde Bilbao prevaleció la opción de que fuese fusilado donde se hallaba.

El 22 de diciembre se pronunció pregón y se llevó a Manuel de Algorri por Artecalle, Portal de Zamudio, Ascao, Esperanza y Cendeja, hasta el Campo Volantín, donde el valiente pero impulsivo sargento carlista fue fusilado a las once horas y diez minutos.

 

 

 (El texto se basa en la información del legajo 616 nº25, del Corregimiento. Archivo Foral de Bizkaia.)

Goio Bañales

 

 


Publicado por negrodehumo @ 14:27  | PERSONAJES
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