Lunes, 02 de febrero de 2009


Transcurría el año 1562 a caballo entre dos de los acontecimientos más señalados del reinado de Felipe II: el desastre de la armada invencible (1558) y la victoria de Lepanto sobre el imperio turco (1571). Dos episodios que la Historia describe como cruciales. También para los pueblos de la costa de Somorrostro eran años de transición, pues se aproximaba el gran desastre de 1572, en el que se perdería su magnífica flota -posiblemente la mejor flota mercante del aquel tiempo- y morirían muchos de sus hijos en las costas de los Países Bajos. Pero aún, ajenos a futuras tragedias, se vivían años de bonanza y la vida cotidiana de nuestra tierra transcurría, en lo que cabe, sin demasiados sobresaltos.


María de la Rentería vivía en Santurtzi, junto al puerto, en una casa tan cercana al mar que, vista de lejos y en mareas vivas, se diría que estaba construida sobre el agua. Su marido, Colás de Samano, trabajaba desde hacía más de 20 años en todos los oficios relacionados con el mar, especialmente en la pesca y el lemanaje, también había sido maestre de naos, con las que había navegado a Flandes y a Inglaterra... incluso había llevado correos de Su Magestad. El matrimonio, como el resto de vecinos, tenía heredades, viñedos, ganados... en fin, todo lo necesario para sustentarse holgadamente.


El caso es que, desde poco tiempo atrás, el nivel de vida de los Samano-Rentería comenzaba a estar algo por encima del de la mayor parte del pueblo.  Tanto es así que habían podido construirse una segunda vivienda que, en un alarde de ingenio, titularon La Casanueva. En realidad, digámoslo ya, era un secreto a voces que  la fuente "extra" de ingresos en la familia la constituía el "matute". O sea, que traficaban con géneros prohibidos... Vamos, que eran contrabandistas.


No se sabe muy bien cuándo ni como fue el inicio: tal vez fuese aquel día en que el corregidor hizo detener a unos ingleses porque intentaban sacar del país cierta cantidad de dinero, a los cuales Colás de Samano no solo liberó sino que tuvo la habilidad de proporcionarles aún mayor cantidad de doblones.  


Y lo que es la envidia... ¡Hasta su propia familia denunció al matrimonio ante la Justicia!. Fue aquel año de 1562, precisamente.


Lo que llama la atención es que fuese ella, María de la Rentería, la principal encausada. Hasta es posible que estemos ante uno de los primeros procesos documentados en que una mujer es acusada de contrabando en Bizkaia.


Y mira que el matrimonio había hecho todo lo posible porque su negocio fuese discreto. No vivían en La Casanueva, sino en otra que había sido de Ochoa de Riba, cura en San Jorge, que estaba justo donde finalizaba Portugalete y daba comienzo Santurtzi. Pero... si hasta  habían tenido la precaución de elegir esta casa con tanto tino que nadie en el pueblo podía ver lo que desde ella bajaban hasta la chalupa que tenían amarrada en el Pedregal y que luego transportaban a los barcos extranjeros.


La noche, que siempre conspira con la gente de mal vivir, era la fiel aliada del matrimonio. Tal vez, algún bien pensante podrá creer que era casual que los navíos extranjeros eligiesen el atardecer para partir de  Portugalete (después de haber pasado con nota alta la correspondiente inspección de géneros), algo así como si esa hora tuviera un atractivo especial para los marinos, pero se equivocaría, porque cuando las chalupas que los atoaban fuera de La Barra soltaban los cabos y los dejaban en mar abierto para que siguiesen su derrota, ellos, los barcos extranjeros, largaban el ancla y surgían frente a Santurtzi; y allí esperaban, recortándose entre la luna y el horizonte, a que llegase el bote de María de la Rentería.


¡Qué mala es la envidia! Medio pueblo fue a testificar contra María. Y para dar mayor esencia a aquel acto declararon ante el juez en el mismísimo cementerio de Santurtzi, el lugar en el que se juntaban los vecinos en las ocasiones más importantes. Acusación sobre acusación, incluida la de una de las criadas de María, todo fue inculpando a la contrabandista sin que quedara el menor resquicio para dudar de su culpabilidad.


Llevaron presa a María; primero a Portugalete, a casa del preboste carcelero Pedro de Arandia, y luego a la cárcel de Zamudio, en Bilbao, inculpándola de haberse enriquecido abasteciendo de armas y dinero a ingleses y franceses desde hacía más de diez años. Y asi, en abril de aquel año de 1562, el licenciado Montenegro Sarmiento, corregidor en Bizkaia, condenó a María en 4.000 maravedíes de pena, mas 6 meses de destierro de Santurtzi y, claro, en las costas procesales.


Y el caso es que me cautiva la idea de una enérgica María, llevando en la noche maravedíes, doblones, espadas, arcabuces, ballestas, rodelas...  una María de la Rentería que trataba en su casa del puerto de Santurtzi con los maestres de Saint Maló... la María que había iniciado la creación de una red de contrabando con un tal Lucas, su contacto en Portugalete...  aquella María que fue envidiada por todos sus vecinos...

¡Qué poco cuesta imaginarla descalza, como sardinera santurtziarra, diciendo adiós sobre las peñas del puerto a un navío extranjero que, buscando la luna llena, se pierde en la noche con su carga prohibida!



Goio Bañales


Nota: El pleito se halla en la Real Chancillería de Valladolid, Sala de Vizcaya, Caja 62-3 (signatura antigua).


Publicado por negrodehumo @ 0:10  | PERSONAJES
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