Martes, 17 de febrero de 2009


El sacerdote Tomás Gillín y Aguirre nació en Abanto y Zierbena en 21 de diciembre del año 1873; hijo de Santiago Gillín O´Brian y de María Santos de Aguirre y Arana.

Gillín fue un reconocido escritor y poeta, licenciado en Letras y Derecho, rector y presbítero de Nuestra Señora de la Antigua de Urduña. También fue jefe de la Academia de la Historia.

Escribió numerosas obras, de las que he podido relacionar las siguientes, aunque seguramente existirán algunas más: "Olvido", "Otoñal", "Todo pasa" "Hojas secas", "Los Hombres" y "El Concierto" (correspondientes al año 1899); "¡Ave Regina!" (1905); "Sermones y conferencias" (1911); "San Agustín en su corazón"; "La Inmaculada y España"; "El ideal cristiano"; "Jubileo sacerdotal"; "La Eucaristía y la familia"; "Vía-Crucis"; "Amores del Hogar"; "Las siete palabras de Cristo en la cruz" (1915); "Horas de Luz" (1915); "Trueba, el hogar y los niños" (1915), que ofreció en venta al Ayuntamiento de Abanto para que sirviese como libro de lectura para escolares; "Auras del Rhin (Klaenge von Rhein)" (1915); "El Caballero Cristiano" (1925); "La cristiana señora doña María de los Dolores Ribacoba de Alcocer" (1927); "Sencillos comentarios a las coplas de Jorge Manrique" (1928); tradujo "The Golden legand" (1930); "La Imagen de Orduña la Antigua y su Santuario" (1931); "Panegíricos, sermones y discursos" (1931); "La Semana Santa predicada".

Gillín mantuvo, en el año 1902, un serio enfrentamiento con el obispo de Veracruz, diócesis en la que fue presbítero y profesor de Sagradas Escrituras, a consecuencia del cual se vio obligado a volver a la Península. En nuestras tierras desarrolló su ministerio en el santuario de Urduña. Falleció durante la guerra civil, en el consulado inglés, después de conseguir huir del tiroteo y destrozo a que fue sometido este santuario por los republicanos.

De entre sus poemas he elegido uno correspondiente a su libro "Horas de Luz", tal vez el que más reconocimiento obtuvo. Razonablemente puede deducirse que esta poesía que transcribo estuviese dedicada a la ermita de Santa Juliana de Abanto, que tantas veces viera Gillín en su juventud, pues son muchas las coincidencias entre la descrita y la que se levanta en este municipio, como podrá comprobarse por las imágenes que acompañan a los versos.




                III

Hay en la aldea un rústico Santuario

de humilde campanario,

con ojivales de amarilla piedra,

y una sonora, secular campana,

que cuenta en su ventana

más años que hojas la vecina hiedra.



Ofrenda cariñosa de un devoto,

que alzara por exvoto

sobre la torre, para eterna fama,

un monumento de metal sonoro,

recuerdo del tesoro

que ganó por Dios y por su dama.



Dios le ha dado la sombra del misterio,

ecos del cementerio,

sonatas de placer... ternura... y pena;

¡no hay alma a quien no cuente alguna historia

su lengua vibratoria,

si aquel humilde campanario suena!



Desde su nicho viejo y cuarteado.

dice cómo han pasado

las cien generaciones, la campana:

cuándo sonando a gloria, cuándo a muerto...

¡es la voz del desierto

Que escucha la dormida caravana!






Goio Bañales





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Publicado por negrodehumo @ 20:11  | BERTSOAK eta POETAK
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