Mi?rcoles, 25 de febrero de 2009


A finales del año 1572 una magnífica flota, compuesta por 47 navíos de los puertos vascos y de los de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, partió hacia los Países Bajos desde el puerto de Laredo. Su propósito era transportar el habitual cargamento de lanas, como venían haciéndolo, dos veces al año, desde mucho tiempo atrás. La flota había sido conveniente adecuada para que llevasen consigo 1.263 soldados novatos, destinados a reforzar en aquellas tierras a las desgastadas tropas del duque de Alba; también embarcaron el dinero -en plata- correspondiente a las pagas del ejército. Al mando de esta flota, cuyos navíos más señalados eran de Portugalete y Bilbao, iba el duque de Medinaceli, quien debía sustituir en la gobernación de los Países Bajos al de Alba

A la flota le aguardaban todo tipo de peligros. Antes de partir ya sospechaban que su viaje podía verse obstaculizado por las armadas francesa o inglesa pero de lo que no les cabía la menor duda era que, en algún momento del mismo, se verían obligados a enfrentarse a la armada de los mendigos del mar.

La flota llegó a Holanda y pudo cumplir su compromiso, pero la crítica situación existente impidió que los barcos pudieran volver a sus puertos, siendo "secuestrados" para que sirviesen en la armada real. Todos ellos, uno a uno, fueron cayendo en poder del enemigo; en ocasiones muriendo en combate todos sus tripulantes. Ninguno consiguió volver. Esta que sigue, es la historia de aquel viaje.


Ruta de la flota de las lanas, en la Europa de tiempos de Felipe II (gráfico del autor).


INTRODUCCIÓN.

   La relación de los portugalujos con los Países Bajos, y más concretamente con Flandes, a través de los burgaleses instalados en la ciudad de Brujas, está comprobada desde, al menos, el año 1452, con la presencia en aquella ciudad de Ochoa de Salazar, Martín del Casal Salazar y Lope Ruiz de Portugalete, quienes, con el título de mercaderes de la costa de España, constan entre los firmantes de las actas públicas que se redactaron para el establecimiento del consulado de España en aquella ciudad y para regular sus relaciones con el consulado de Bizkaia, que tuvieron lugar el 2 de Agosto de aquel año. Esta conexión se mantuvo hasta bien pasado el último cuarto del siglo XVI, cuando la flota que cubría aquella ruta acabó totalmente desbaratada y los armadores portugalujos decidieron buscar nuevos derroteros comerciales.

   El trayecto marítimo de Portugalete a Flandes surgió como respuesta a la necesidad de llevar a aquellas tierras la lana procedente de Burgos y gracias al papel de puente comercial que para unir aquellos lugares jugaron los barcos de Somorrostro, que fueron utilizados como principal vehículo por los factores, comerciantes e intermediarios de la villa de Bilbao.

   El tráfico marítimo que generó esta ruta obligó a la construcción de una flota cuya magnitud quedó plasmada en varios documentos. En el año 1548 se publicó en Sevilla el libro de Pedro de Medina destinado a mostrar al príncipe Felipe las principales bondades y características de las tierras de España. Llevaba el título de Libro de grandezas y cosas memorables y en uno de sus apartados, en el dedicado a Bilbao, se recoge una cita que viene a confirmar la importancia de la industria y mercadería naval y la mención de empresarios privados que construían a sus expensas varias naves:

 "En esta villa y su comarca se hazen en cada un año muchas Naos algunas dellas grandes y hermosas por los previlegios que tienen. Asi mismo se hazen gran copia de otras suertes de navios. Ay hombre que solo de su propio dinero haze tres o quatro naos en un año. Aquí se hazen todas las jarcias y adereços que para las naos y otros navios son menester".

   En el mismo lugar puede leerse que la mayor parte del comercio que viene de Flandes, Inglaterra y Francia se descarga en Bilbao y desde aquí se lleva a distintos lugares. También desde Bilbao salen anualmente a lo menos cincuenta naos cargadas con 50.000 sacas  de lanas finas para Flandes.

   A juzgar por el número de navíos existentes en Bilbao y Portugalete y por el origen de sus maestres el grueso de la flota debió estar compuesta, desde los primeros años del siglo XVI, por los navíos y maestres portugalujos. Esto es un hecho ya a partir del año 1547, fecha en la que los cónsules de FlandesBurgos y la villa de Portugalete llegaron a un acuerdo, en detrimento de Bilbao, por el que se ajustaban en que la lana y mercancías de su Universidad fuesen conducidas y consignadas en Portugalete y que, además, hubiesen de ser transportadas a los puertos de Flandes, Bretaña e Inglaterra en las flotas que la villa de Portugalete se comprometía a habilitar, con sus propias naves, en los meses de Julio, Agosto, Septiembre y Marzo. 

   Ni siquiera el acuerdo al que llegaron Bilbao y Burgos en 1553 modificó sustancialmente la disposición de fuerzas existente a favor de Portugalete. La posterior concordia entre ambas villas del año 1573 intentó buscar un equilibrio basado en la lógica: que los navíos cargasen echando suertes y por orden de entrada y que se prefiriese a los naturales antes que a los de otros lugares.

   Las flotas salían dos veces al año con destino a Flandes, una en Marzo y otra en Septiembre. Formando en cada ocasión una "armada" de tamaño considerable, capaz de defenderse a sí misma de cualquier peligro potencial. Veinticinco o treinta galeones "gruesos", con gran capacidad artillera, podían desanimar a cualquier posible atacante. Aventurarse en el mar de otra manera, aún en pequeñas escuadras, suponía en aquel tiempo una temeridad.


   No hay duda de que los continuos conflictos en los que en aquel tiempo se veía inmerso el imperio español afectaron de forma directa al comercio y a los navegantes de la costa de Bizkaia ocasionándoles numerosas pérdidas en géneros pero, sobre todo, en navíos. Esto era así, fundamentalmente, porque España no disponía de una flota propia y porque, para hacer frente a las empresas de guerra en el mar, se recurría con harta frecuencia al embargo de los barcos particulares y a la leva de los marinos de los pueblos costeros. El desgaste que supondría esta situación abocó en que la mayor parte de los armadores desistiesen de construir nuevos barcos y, en consecuencia, a la desaparición de gran parte de la flota española.

    Las guerras con Francia apenas permitían disponer de breves temporadas para recuperarse y reorganizar la flota, pero cuando esas épocas llegaban los armadores no desaprovechaban la oportunidad para ponerse al día.  La documentación y las referencias a la actividad comercial de los puertos de Bilbao y de Somorrostro aumentan notablemente en los años inmediatamente posteriores a la paz de Cateau-Cambresís (1559), que debió suponer un respiro importante para estos pueblos que, al cabo de muchos años de continuas guerras, veían por fin lo que parecía un largo período de paz y la posibilidad de mantener un comercio sin tantas trabas. Sin embargo, se trataba en realidad de los últimos años de existencia para la flota no sólo de Portugalete sino también de todo Somorrostro y, sobre todo, de Bilbao.


Toma de Brielle por los rebeldes holandeses (1572); dibujo de Hogenberg.

   Si bien la revuelta de los Países Bajos, iniciada en 1566, no consiguió romper en un principio con los acostumbrados dos viajes que se realizaban cada año desde los puertos vascos a Flandes, se dieron nuevas circunstancias que terminaron por aniquilar la resistencia y el empeño que habían puesto en su mantenimiento los comerciantes que sustentaban el eje Medina-Bilbao-Flandes. El número de posibles enemigos en el trayecto aumentó de manera alarmante: a los franceses que actuaban al corso en la Mar de Bizkaia se sumaron setenta barcos hugonotes con base en La Rochelle, y a todos ellos se unió la espléndida flota de los mendigos del mar, habitantes de los Países Bajos, que habían sido desterrados por haber tomado parte en las revueltas de 1566-67, y que actuaban a las órdenes del príncipe de Orange. A ello habría que sumar el temor impuesto por la indefinición inglesa, con algunos, aunque esporádicos ataques, en los que también se perdieron barcos de nuestra costa. De esta forma toda la ruta hasta los Países Bajos comenzó a saturarse de enemigos. Los barcos que salían de Bilbao y Portugalete se defendían de ellos organizándose como una armada, y cubriendo el trayecto buscando la protección en el número de unidades que componían la expedición y en la potencia de fuego conjunta. A pesar de ello la tragedia estalló en las expediciones de 1572 y 1573 coincidiendo con numerosas operaciones navales y terrestres mantenidas por las fuerzas imperiales contra los rebeldes holandeses. Estos años se perdieron en Holanda varios barcos portugalujos y un número de vidas imposible de precisar. En los enfrentamientos murieron cientos de hombres tanto de las naves que formaban parte de la armada real como de la flota mercante portugaluja que había sido requisada.

   A pesar de los inconvenientes y percances señalados la flota consiguió mantener, bien que a duras penas, la ruta de los Países BajosFelipe II, cuando éste declaró la bancarrota del año 1575 con la consiguiente crisis del mercado de Amberes. Coincidente con este momento el convoy que cubría el trayecto de Bilbao a Flandes hasta que le llegó el golpe de gracia de la mano del propio rey desapareció a pasos agigantados hasta su práctica total extinción al final del siglo. Un indicativo del declive lo ofrece la exportación de lana cuya cantidad descendió de 172.000 arrobas anualmente en 1559-68 a 34.000 arrobas anualmente en 1583-94.

   La flota bilbaína jamás se recuperaría de este desastre y con ella fueron desapareciendo sus mejores marinos y almirantes. Sin embargo Portugalete, que como Bilbao había visto reducirse su marina a la más mínima expresión, dará comienzo, coincidiendo con el nuevo siglo, a la recuperación de su poderío marítimo y saldrá fortalecida de aquella circunstancia. Desde entonces serían sus almirantes los que tomarían el relevo a los bilbaínos.



Nota: El texto para esta introducción está tomado del libro "La Marina en Portugalete y su entorno en la Edad Moderna", del que soy autor, que publicó el Ayuntamiento de Portugalete en 2001 junto con otros trabajos de Miren Aintzane Eguiluz y Olga Arenillas, con el título "Portugalete en la Edad Moderna".



Goio Bañales





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Publicado por negrodehumo @ 12:13  | BARCOS Y MARINA
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