Mi?rcoles, 25 de febrero de 2009



El 25 de septiembre del año 1571, el rey Felipe II nombró a Juan de la Cerda, duque de Medinaceli, gobernador general de los Países Bajos en sustitución del duque de Alba, un buen militar que atrajo hacia su persona todo el odio de una población resentida por el orden que imponía la corona española, expresado en el cobro de impuestos y en la rigidez religiosa. Medinaceli debía tratar de representar el papel de ser la cara amable, encargada de conseguir idénticos fines sustituyendo el método: la vara por la caricia.

La situación en aquellos momentos era complicada, pues acababa de tener lugar uno de los acontecimientos que más enardecieron a los sublevados. Una flotilla rebelde, comandada por el corsario Guillaume de la Marck, acababa de tomar la villa de Brill (Bruille) con pasmosa facilidad, y la población se permitía por primera vez mofarse abiertamente del temible duque de Alba, jugando con el significado del nombre de aquella villa, que en flamenco quiere decir anteojos, y la pérdida de estos por el duque (1).


Retrato de La Marck, cuya acción en Brill prendió la insurrección contra España.


El golpe de efecto conseguido en Brill por los rebeldes tuvo rápido eco en otras poblaciones. En una de ellas, la importante plaza de Flegelingas (Vlissingen), desde la que se podía controlar la embocadura del paso occidental del Escalda, los burgueses, que habían decidido alzarse contra la dominación española, recibieron inmediatamente la ayuda de 200 hombres enviados por La Marck, muchos de los cuales venían vestidos como para un carnaval, con hábitos y capuchas de los monjes que colgaron en Brill. Poco después se les unieron nuevos refuerzos y voluntarios ingleses y franceses. 

Revoluciones como las de Brill y Flessingue prendieron rápidamente y se extiendieron por Holanda y Zelanda. Este era el panorama que aguardaba a Medinaceli.


En noviembre de 1571 llegó Medinaceli a Laredo, donde se estaba aprestando la armada que le llevaría a los Países Bajos, compuesta por 5 naos y 3 zabras, las mejores y de mayor porte de la flota de las lanas. La intención del duque era salir lo antes posible y, dado que el buen tiempo parecía acompañar su propósito, hizo comparecer a los capitanes y pilotos de las naos para tratar de la partida. Estos le comunicaron que, aunque el tiempo era sereno, había mucha mar, y que habían hecho la prueba entrando muchas millas adentro en la mar para reconocerlo, hallándola muy mala a pesar de que en la costa hacía un tiempo espléndido. A la vista de esta respuesta, Medinaceli mostró una actitud de recelo hacia los marinos vascos, que como veremos iría in crescendo a lo largo del viaje, y ordenó a su ayudante, el famoso constructor de navíos Cristóbal de Barros, que hiciese comparecer a todas las personas que hubiese en Santander dependientes del consulado de Burgos, para que viniesen con sus marinos y le diesen su opinión, pues sospechaba que los maestres de la flota reunida en Laredo pretendían engañarle con el fin permanecer mayor tiempo en tierra, donde seguirían cobrando el sueldo del rey. Evidentemente, la opinión de aquellos no fue distinta de la de estos, y hubo que demorar la salida.


Laredo y la villa de Puerto (Santoña), según dibujo de Pedro de Texeira, de 1634.


A finales de noviembre (el  día 26) llegó a Laredo la noticia de la victoria lograda sobre los turcos en Lepanto, que había tenido lugar el 7 de octubre. Todos se felicitaron ante lo que parecía un buen augurio para la misión que tenían encomendada. Pocos días después, hacia el 5 de diciembre, y a pesar de que tuvieron mal tiempo, se terminó de embarcar a la gente, caballos y artillería, con el propósito de estar listos para cuando cambiase a mejor. De hecho, los marinos aseguraban que "lo había de haber en menguante, porque lo hizo al principio de la luna, y pocas veces falta que acabe la luna como entra" (Correspondencia de Medinaceli).  

El 6 de diciembre de 1571 Medinaceli se hizo a la mar, y con remolque de dos pinazas fue a Santoña a dar fondo, siguiéndole el resto de los barcos. Estaban ya listos para partir en cuanto se apreciase el cambio a buen tiempo. Pero la esperada mejoría no solo no llegaba sino que el tiempo fue poco a poco transformándose hasta convertirse en un temporal que puso en peligro las naves. Dos de ellas chocaron y dieron al través, una era de Bertendona, que había venido cargada de lanas desde Santander para ir en conserva de la armada y la otra era de Juan de Escalante. De esta última se recogieron 18 o 19 soldados que se habían situado en ella para desembarazar las zabras, que estaban sobrecargadas de gente. El resultado fue de cuatro marinos, un grumete y un soldado ahogados y ambos barcos perdidos. Otros navíos también pasaron peligro a causa de lo recio de la tormenta. Por ejemplo, los marinos que guardaban la nao de Sancho Cachupín, también cargada de lanas, tuvieron que venirse en la barca hasta el muelle, aunque el barco no corría peligro. Posteriormente, aprovechando una ligera mejoría en el tiempo, se metió en el muelle, para resguardarse, el pequeño navío del portugalujo Sancho de San Martín.

A la tormenta siguió un periodo de mal tiempo, que se alargó tanto que Medinaceli, entendiendo que se estaban consumiendo las vituallas y que el tiempo no mejoraba, resolvió desembarcar a la gente y meterla en 5 o 6 casas de la villa de Santoña, donde estuvieron recogidos hasta bien entrado el mes de abril del año 1572. En el interin, llegó un comunicado (31 de enero) del duque de Alba, dirigido a Medinaceli, advirtiéndole de que la reina de Inglaterra había tomado tres navíos que iban cargados de lanas a Flandes, y poniéndole al corriente de la orden de Felipe II de que en los puertos españoles se hiciese lo mismo con los ingleses. En consecuencia, le advertía de que no debía tomar puerto en Inglaterra bajo ninguna circunstancia, sino en los de Francia. A esta mala noticia se sumó al poco tiempo la del conocimiento de la existencia de corsarios: "se sabe que ingleses, agora poco ha, habían tomado tres navíos de vizcainos que iban a Flandes, y que los piratas andan todavía por aquella costa" (carta de Medinaceli al rey de 22 de marzo).  Cuando ya parecía imposible que la situación se complicase más, llegó la noticia de que el rey de Francia preparaba una poderosa armada, aunque, por el momento, no se había mostrado hostil. Llegados a este punto, quedaba claro que, en la futura travesía, cualquier lugar del mar o de la tierra era un potencial enemigo.

A mediados de abril el tiempo mejoró y Medinaceli a envió el aviso de próxima salida a todos los puertos. Los barcos comenzaron a llegar a Santoña el 16 de abril y para el 19 estuvieron todos listos para partir. De nuevo un vendaval y vientos contrarios impidieron la salida el 20. Lo intentaron el 26, pero también debieron desistir. El 1 de mayo salieron del puerto, con tiempo favorable, pero una vez más, después de haber navegado entre 40 o 45 leguas y estando a punto de embocar la Canal, se vieron obligados a regresar a puerto, en esta ocasión repartiéndose los barcos entre los de Santander, Laredo y Santoña.  La salida definitiva tuvo lugar en la mañana del 14 de mayo, desde Santander, reuniéndose tres o cuatro leguas mar adentro con las que salían de Laredo, de forma que a las 9 ya estaba toda la flota junta y en camino.

Los problemas derivados de tanto ir y venir fueron principalmente tres: que la armada se había desagrupado, que algunos soldados podrían desertar y, finalmente, que los víveres se estaban consumiendo. Problemas a los que podía ponerse fácilmente remedio. Más complicado resultaría solucionar la mala opinión que Medinaceli llevaba de los marinos de la flota, como puede comprobarse por estas líneas dirigidas al rey: "Verdad es, que de las naves de lanas se puede temer todo lo peor que se puede pensar, porque veo tanta desorden en esta negociación, ora sea por terribilidad y porfía de la gente de esta tierra, o por pobreza, que cierto hay grande necesidad de que V.M. mande reformar este negocio muy de veras, y poner la mano en él, porque si no se hace, yo he conocido y visto por vista de ojos, que la negociación y trato pasará grande detrimento en lo porvenir, lo cual será no pequeña pérdida de los derechos que a V.M. resultan" (2). En otra carta Medinaceli especificaba algo más e indica que los disturbios, que parecían estar a punto de impedir la salida, se daban entre "los maestres de lanas y los que están por los mercaderes de Burgos".


 

 

 

Notas:

1. "... nom de la ville de Brill, qui veut dire en flamand lunettes, et on disait partout que le premier avril le duc d´Albe avait perdu ses lunettes. On répandit aussi une caricature qui représentait Guillaume de La Marck s´emparant des lunettes du gouverneur pendant qu´elles étaint sur son nez, et le duc disant, comme il en avait l´habitude en recevant une nouvelle importante: Ce n´est rien, ce n´est rien." LOTHROP MOTLEY, JOHN, "Historie de la fondation de la république des Provinces-Unies", año 1859, pág. 131.

2. R.A.H."Colección de documentos inéditos para la historia de España. Correspondencia de Medinaceli."




Goio Bañales



Publicado por negrodehumo @ 23:35  | BARCOS Y MARINA
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