viernes, 27 de febrero de 2009

Como ya hemos apuntado, los barcos que figuran en el memorándum de Recalde no fueron los únicos que navegaron a los Países Bajos en el tiempo transcurrido entre el mes de septiembre de 1571, en que se comenzó a preparar la armada, y el de mayo de 1572, en que definitivamente partió. De hecho, en el tiempo en que tuvieron lugar las batallas navales de Zelanda, hallamos en aquellos mares bastantes más navíos que los anotados por él. Eran barcos que también habían salido de nuestros puertos pero que habían llegado en momentos distintos. De todas formas, al final todos se vieron atrapados en una misma situación. El documento más preciso sobre este particular es el informe del capitán Gregorio de Ugarte, que ya hemos utilizado en el capítulo anterior, en el que se puntualizan los navíos perdidos en Flandes, alguno de los cuales no constaba en la relación de Recalde, y que debemos añadir al conjunto de navíos del Cantábrico perdidos en aquellas jornadas. Son los siguientes: 

 

1. Nao San Juan, de 150 toneladas, propiedad de Juan de Boja, matrícula de Fuenterrabía.

2. Navío Santiago, propiedad de Pedro de Bilbao, matrícula de Bilbao.

3. Nao del capitán Bertendona, de 380 toneles. Matrícula de Bilbao.

4. Urca de Domingo de Irraragorria, de matrícula de Bilbao, que Ugarte cita como tomada por los luteranos, aunque no precisa si fue en el viaje de la flota de Medinaceli.

5. Nao La Ascensión, de Ochoa de Larrea, de 160 toneladas, citada por Ugarte con matrícula de Portugalete.

6. Navío Santiago, de 50 toneladas, propiedad de Juan de Ugarte, con matrícula de Portugalete (probablemente se trata de la zabra reflejado con 40 toneladas en el listado del capítulo anterior, cuyo dueño o maestre era Sancho de Ugarte).

7. Zabra de Miguel de Nicolás, de 30 toneles, con matrícula de Portugalete.

8. Navío de Pedro de Arandia, de 100 toneles, con matrícula de Portugalete.

9. Zabra San Antonio, de Julián de Cestona, de 60 toneladas. Citada por Ugarte con matrícula de Castro Urdiales.

10. Zabra San Pedro, de Francisco Cachopín, de 45 toneladas. Citada por Ugarte con matrícula de Laredo.

11. Zabra de Sancho Martínez, de 28 toneladas. Citada por Ugarte con matrícula de Laredo.

12. Zabra San Juan, de Juan de Samado, de 60 toneladas. Citada por Ugarte con matrícula de Laredo.


Navío mercante hacia 1565, por Breughel.


Guiard, en su "Historia del Consulado", anota algunos navíos que tenían previsto viajar a Flandes en el año de 1571 (1). La lista no es grande, pero varios de estos barcos coinciden con los de la flota de Medinaceli. Ya quedó apuntado que las flotas solían salir con una frecuencia de dos veces por año, por los meses de marzo y septiembre. Como no sabemos a cual de ellas hubieran pertenecido, nos limitaremos a señalarlos:

Nuestra Señora de Aranzazu, de Pedro de Arbieto.

San Jorge, de Aparicio de Balparda, (Guiard indica que cargaba 154 sacas).

San Nicolás, de Aparicio de Beurco.

 Santiago, de Juan de Montaño.

San Miguel, de Juan de Collado.

La Magdalena, de Felipe de Luzarra, (cargado con 1,294 sacas).

Santiago, de Pedro de Bilbao la Vieja.

Nuestra Señora de la Concepción, de Martín de Montellano y Juan del Casal.

La Trinidad, de Juan de Ugarte.

Añadiendo estos barcos al listado del capítulo anterior nos hallaríamos, como puede verse, muy próximos a la cifra de 54 unidades que señalaba Bernardino de Mendoza. Por otra parte, debe reseñarse el hecho de que casi todas las que ahora se incluyen pertenecen a matrícula de Bilbao y Portugalete, con lo que el protagonismo de estos dos puertos, y muy claramente el del segundo, es abrumador en el conjunto de los que aportaron sus barcos a la flota de las lanas.



Galeón, por Breughel.


También conocemos la existencia de otros barcos, sobre todo de Gipuzkoa, cuyos capitanes acudieron,  a título particular, para participar con sus navíos en la guerra contra los rebeldes. Son reconocibles nombres como los de Guillén de Lezo, Juanot de Villaviciosa, o el deustoarra Lope de Luzarra, entre otros. Pero a estos capitanes y sus navíos los consideramos al margen de lo que tratamos en este artículo, que quiere ceñirse únicamente a la flota de las lanas, razón por la que no les dedicaremos especial atención.


MARINOS.

Si toda la marinería de la flota de las lanas hubiese pertenecido a los mismos puertos de origen que sus barcos, y si tenemos en cuenta la mortandad que se produjo en Zelanda, concluiríamos que lugares de escasa población, como Portugalete, recibirían un golpe tan grande en su censo poblacional que muy difícilmente hubiese conseguido reponerse. Evidentemente, no ocurrió así porque la marinería se repartía entre vecinos de todo el valle de Somorrostro e, incluso, de otros valles colindantes. Ni siquiera el hecho de que Recalde apuntase en su relación el nombre de una persona junto a cada barco es prueba fehaciente de que aquellas tomasen parte en la expedición. Resulta difícil concretar si quienes gobernaron los barcos fueron los propios dueños, los cuales, en efecto, eran casi siempre maestres de sus navíos, pero también es cierto que, en ocasiones, eran propietarios de varios barcos a la vez, y en consecuencia se veían obligados a delegar el gobierno en maestres de su confianza o en familiares. Martín de Capetillo, por ejemplo, perdió estos años tres navíos, dos de ellos en Zelanda y otro tomado por los ingleses, pero es dudoso que él, personalmente, gobernase alguno de ellos, pues lo más probable era que, siendo militar, se hallase ocupado en otro destino. De todas formas, la lógica más elemental exige pensar que, por lo general, la mayor parte de las tripulaciones de los barcos pertenecería a los puertos de origen y a su entorno más inmediato.


Nao, como los anteriores dibujos, obra de Breughel.

No nos detendremos aquí analizando las características de las tripulaciones, fundamentalmente porque es bien poco lo que sabemos acerca de ellas y porque es preferible remitirse a un artículo posterior en el que analizaremos los barcos y los marinos desde una visión de conjunto, más fácil de elaborar. Aún así, si alguna característica merece subrayarse es, sin duda, la ya comentada antipatía del duque de Medinaceli hacia estos hombres. A finales de 1571 escribía: "los marineros desta tierra es gente terrible, y que con dificultad se tienen en las naves". Era uno más entre los comentarios con los que la "cara amable", a quien el rey había confiado el gobierno de los Países Bajos, iría salpicando sus cartas.

Un último detalle que debe ser tenido en cuenta, que resulta común a todos los barcos que compusieron la flota, es la escasez de marinos que pudieron lograse en algunos puertos para servir como marineros o como artilleros. Por esta razón, todos ajustaron al mínimo indispensable sus tripulaciones y, aún así,  se dio la necesidad de amenazar a los vecinos de los puertos para que alistasen voluntariamente gente o, porque en caso contrario se tomarían a la fuerza. El maestre de campo Julián Romero, escribió que las naves de las lanas que estaban en "Santander y estos puertos" no podían partir por falta de marineros, y que "...ha sido menester que les dijese a los patrones de los navíos que si no se aprestaban para ir con él, que los llevaría por marineros en su nave, y por este temor se han aprestado para ir hasta tres o cuatro en donde va en cada navío veinte o veinte y cinco soldados, conforme a como es el navío, porque no caben en las naves por ser pequeñas y haberse embarcado dos mil hombres, los mejores que he visto en mi vida bisoños, que nunca pensé que se embarcáran tantos".

Este comentario nos da pie para dejar reseña, aunque breve, de los soldados y compañías que viajaron embarcadas.


SOLDADOS

Ya queda dicho que uno de los propósitos del viaje era el de proveer de refuerzos a las tropas españolas que mandaba el duque de Alba. El contingente, que sumaba 1.263 soldados, se repartió entre todos los barcos, de forma proporcional a su tamaño. A este respecto, Julian Romero, que, viajaba en la capitana, nos ofrece algún detalle más de la magnífica nao del portugalujo Juan de Montellano, capaz de transportar 350 soldados y la correspondiente marinería: en la nao capitana van 200 soldados escogidos con Antonio de Guzmán y él con su bandera, y yo -dice Romero- con 100 soldados escogidos de mi compañía y con mi bandera y hasta 50 gentileshombres, "y ella que es muy linda nave, y va bien artillada, podrá pelear con cualquiera que hobiere en la mar".


Los soldados, según algunas descripciones eran novatos e iban mal armados y mal vestidos; según otras, como la que acabamos de leer de Romero, eran los mejores soldados bisoños que había visto en su vida.  Sus compañías y capitanes eran las siguientes:

En la compañía del maestre de campo Julián Romero 179 soldados.

En la de Antonio de Muxica, 146.

En la de Marcos de Toledo, 237

En la de Alonso de Zayas, 202

En la de Fernando de Saavedra, 149

En la de Antonio de Guzmán, 350

Total: 1263 soldados.

 

 

 

 

 

 

Notas:

1. GUIARD LARRAURI, TEÓFILO. "Historia del Consulado de Bilbao". Tomo II, pág. 125-6.



Goio Bañales




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Publicado por negrodehumo @ 23:34  | BARCOS Y MARINA
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