S?bado, 28 de febrero de 2009


Después de muchos retrasos, los barcos de la armada y los de la flota de las lanas partieron de los puertos de los de Santander, Santoña y Laredo el 14 de mayo. Por esta razón en alguna ocasión se la dio en llamar, erróneamente, la flota de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar. Basta hacer un pequeño repaso de los barcos y puertos de origen para comprender que aquel no es el nombre más adecuado.

Los recelos a que una armada enemiga se pudiese interponer en su camino, parecieron despejarse a la vista de un número tan grande de velas. Juan Martínez de Recalde, el proveedor de la armada, cuyo hijo del mismo nombre iba por general y lugarteniente de la armada, escribió que los barcos avanzaban, según su opinión, sin ningún temor de armadas francesas o inglesas, pues las que se habían armado no lo hicieron para "ofendella ni resistilla", sino "para goardarse del daño questa armada les podría hacer". Se trataba de una verdad a medias, pues la mayor parte de los navíos carecía de una artillería adecuada, y los artilleros de las naves eran solo prácticos en lombardas de hierro, que eran las más abundantes, a pesar de los requerimientos de Medinaceli para que se aumentasen las de bronce.

La ruta a los Países Bajos se realizó navegando cerca de la costa de Francia, por temor a las tempestades y para prevenir cualquier problema con Inglaterra. Se detuvieron para hacer la aguada en Belisla (Belle-Ile), donde dieron fondo. Partidos de aquí llegaron a otra isla, la de Groya (Groix), a siete leguas. El 24 partieron de Groya a pasar el Ras de Hontanao, que es un "estrecho entre dos peñas harto peligroso a causa de las grandes corrientes que en él hay". Se trataba, en efecto, de un paso muy arriesgado, que debía realizarse con viento favorable. Pasaron primero algunas naves que iban delante de la capitana y luego esta, tras ellas; pero, en cuanto hubo cruzado el estrecho, calmó el viento, "que era quien aseguraba el paso",  quedando atrás una de las naves de la armada "que se llamaba la de Capitillo", que tocó una de las peñas que está a la parte de la mar "no dejando de ser causa principal el poco gobierno que llevaba de marineros". Medinaceli puso todo el propósito en salvar la gente, lo que consiguió a excepción de 4 o 5 personas que se arrojaron al mar "sin tiempo ni propósito". Se perdieron en ella 140 sacas de lana y dos medias culebrinas que habían sido prestadas por la villa de Santander y otros dos medios cañones (que llamaban de los cortillos), de Juan Manrique, y asimismo buena cantidad de caballos, pero estos se hallaban tan famélicos después de tanta navegación y tan larga espera que no se dio demasiada importancia a su pérdida.

El del portugalujo Martín de Capetillo, era el tercer barco que perdía la flota, después de los de Bertendona y Escalante, en la tormenta de Laredo. La pérdida de la nao de Capetillo hubiera podido fácilmente evitarse alejándose de la costa, pero esto hubiese supuesto retrasar la navegación y, sobre todo, acercarse peligrosamente a Inglaterra, de manera que Medinaceli dio por bueno el gasto:  "así que a trueque de asegurar el hambre y sed y acabarse el viaje, que tanto V. Magestad quería que se hiciese (como se hizo con pasar el estrecho) me parece que se compró barato".



Itinerario de la flota de las lanas (gráfico del autor).


Los barcos que quedaron atrás, a cuyo mando quedaba la almiranta, visto lo ocurrido con la nao de Capetillo, optaron por dar fondo antes de llegar a las peñas y esperar allí a que el tiempo fuera favorable. Entre tanto, la capitana y el resto de barcos que habían conseguido cruzarlo surgieron a una legua de las peñas, en Havra de Pondeví, hasta el día siguiente, en que toda la flota volvió a reunirse. Más adelante, y ya todos juntos, fueron a surgir a Conquete (Le Conquet), junto al Cabo de Ugente, donde hicieron aguada. Estando en este lugar escribió Medinaceli: "Es tanta la desorden de soldados nuevos y marineros, especialmente de Montaña y Vizcaya, que se hubo de trabar un ruido en que hubo algunos descalabrados de los nuestros con pedradas y de los suyos con espadas; yo no consentí echar gente en tierra para ayudar a los nuestros, sino dejélos a su ventura, pues importan menos que se perdiesen los desordenados que dar causa a los franceses de que fundasen queja de V.M. en estos tiempos que de los del armada poco hacía al caso" Ordené al capitán Antonio de Guzmán al maestro de campo que se hallaba en aquel lugar con orden de que se recogiesen al momento, sin mirar si llevaban lo peor o lo mejor, y así se hizo. No se pudo saber el que inició todo esto.

Partida la flota, navegó hasta el 10 de junio, en que llegaron a Blancaverga (Blankenberge), "que es en la marina de Flandes".



Goio Bañales.





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Publicado por negrodehumo @ 20:09  | BARCOS Y MARINA
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