Domingo, 21 de junio de 2009


   Para poder situar en su verdadera magnitud la aventura de estos dos somorrostrarras, los capitanes Sancho de Villar, natural de Muskiz, y Diego de Henares Lezama, de Barakaldo,y su intervención en el nacimiento y desarrollo de la urbe caraqueña, es necesario que hagamos un pequeño preámbulo, en el que se explique la forma en que se desarrolló la conquista del territorio, situando en este contexto las intervenciones de nuestros dos personajes. Posteriormente, ya en artículos independientes, particularizaremos a ambos protagonistas, consiguiendo así hacer más reconocibles y entendibles los pasajes de su biografía.


......................................


   Aunque el primer contacto de los españoles con el territorio de la actual Venezuela se produjo en 1498, en el tercer viaje de Colón, su exploración y conquista -salvo la zona costera y la isla de Cubagua- no se produjo hasta el primer cuarto del siglo XVI, con la fundación de Nueva Toledo (o Cumaná, en 1521), y la ciudad de Coro (en 1527). Hacia mediados del mismo siglo se establecieron colonias en El Tocuyo (1545), Barquisimeto (1552) y Trujillo (1558), y más tarde se fundaron Caracas (1567), Maracaibo (1570) y La Guaira (1589). Finalizando aquel siglo, Antonio de Berrio fundó Santo Tomás de La Guayana (en 1592).


 Mapa de Venezuela.


   Para nuestro propósito de atender de manera especial a los naturales de Somorrostro que participaron en aquellas fundaciones es particularmente reseñable la presencia de Sancho de Villar entre los 59 primeros vecinos y fundadores de Nuestra Señora de la Concepción del Tocuyo, que fundó Juan de Carvajal el día 7 de diciembre de 1545. Sin embargo, este es un dato que debemos contemplar con cierta precaución, pues si Villar se halló en Venezuela en aquella fecha, y considerando la edad que le estimamos, sería aún un adolescente. Pero este es un tema que dejaremos para nuestro siguiente artículo, que dedicaremos expresamente a Sancho de Villar.


   Una de las principales causas por las que se demoró tanto la penetración española en algunas regiones de Venezuela fue por la feroz resistencia de los indios a ser sometidos. El símbolo de aquella lucha fue el cacique de los indios caracas (o caribes) y de los teques, llamado Guaicaipuro, quien logró algunos triunfos que le dieron notable prestigio entre sus seguidores y que le permitieron reunir bajo su mando a todas las tribus de la región. Sin embargo, la obstinación indígena de nada serviría ante la enorme superioridad de los españoles, y era simple cuestión de tiempo que su firmeza sucumbiera ante la capacidad bélica de estos. El inicio de su sometimiento a la tiranía española puede situarse en el año 1566, cuando llegó a Venezuela Pedro Ponce de León, con el título de gobernador, trayendo órdenes expresas del rey para que inicase la conquista y poblamiento de la región de Caracas.

   Ponce puso al frente de la empresa al general Diego de Losada, experimentado militar, natural de Galicia, el cual dedicó todo un año a preparar la entrada, conseguir bastimentos y reunir la gente que quisiera acompañarle en aquella aventura. Finalmente logró juntar 150 hombres, la mayor parte veteranos como él de muchas guerras: Francisco Maldonado, Pedro Alonso Galeas, Diego de Paradas y Francisco Infante son alguno de los que más suenan, además de algún recién llegado, como los tres hijos del gobernador. Veinte eran soldados de a caballo, capitaneados por Francisco Ponce, 50 arcabuceros y 80 rodeleros. Les acompañaron 800 personas de servicio. Entre los principales se hallaban, por supuesto, Sancho de Villar y Diego de Henares Lezama, dos vascos de Somorrostro, los cuales, según se desprende de la documentación histórica en la que recogen los servicios que prestaron, debieron formar parte de la escogida tropa de caballo, pues vinieron "con sus armas y cavallo a su costa e misión".


   Este ejército fue recibido con las armas en la mano por los guerreros de Guaicaipuro, quienes hicieron auténticos alardes de valentía pero sin otro resultado práctico mas que someterse a verdaderas carnicerías, al cometer la locura de enfrentarse en campo abierto a los soldados de Losada. Con ocasión de estas primeras batallas cobró cierto protagonismo el barakaldarra Diego de Henares Lezama, en un episodio que tuvo lugar una noche, mientras la gente descansaba en el lugar de Lagunillas, en una de las pausas entre batallas. Los indios, aprovechando la protección que les brindaba la oscuridad para camuflarse entre la paja, que por ser verano estaba alta y abundante, pudieron acercarse lo suficiente al campamento español y hacer daño con sus flechas. Fue entonces cuando, superando el desconcierto general, Henares, subió a un árbol desde el cual siguió los movimientos de la paja, disparando su arcabuz contra ellos, derribó muerto a un indio y puso en fuga a los demás.

   Fueron guerras terribles, en las que los teques de Guaicaipuro sostuvieron con enorme valor la vanguardia de la coalición indígena en todas las batallas. Siguieron a estos encuentros otros muchos en los que los indios se fueron desangrando en inútil resistencia, habida cuenta, como decimos, de la enorme diferencia de armamento que existía entre uno y otro bando.


Imagen de Diego de Henares Lezama, que he tomado del blog Fuenterrebollo.

   El resultado más palpable de aquellas victorias fue la fundación, en 25 de julio del año 1567,de Santiago de León de Caracas, la actual metrópoli de Caracas. Sancho de Villar fue uno de los tres primeros regidores de la ciudad que nombró Losada.

   Como el cacique Guaicaipuro comprendiese que Losada optaba por crear asentamientos y, por tanto, una conquista lenta, decidió liderar una gran coalición a la que se sumaron todas las tribus circundantes, llegando a reunir varios miles de infantes, pero su ejército fue destrozado en Maracapana. El cacique se refugió en Suruapo, lugar desde el que, lejos de mostrarse rendido, siguió organizando ataques contra los asentamientos españoles, especialmente contra la ciudad de Caracas.

  El liderazgo y espíritu rebelde de Guaicaipuro era una amenaza constante, de manera que el general Diego de Losada decidió, a finales de 1568, enviar contra él al alcalde caraqueño, Francisco Infante, al frente de 80 hombres, con órdenes de capturarle.

   Corren poemas que cantan la cobardía de Infante, quien, no atreviéndose a ir en persona contra Guaicaipuro, envió a Sancho del Villar "soldado experimentado y de valor", mientras que él se quedaba con 25 hombres para proteger la retaguardia.

       Por la noche, Villar asaltó la vivienda del cacique, quien se defendió valientemente lanzando estocadas contra todos los que se le acercaban. Despertados por el griterío acudieron rápidamente más indios y, comprendiendo los asaltantes que habían perdido el factor sorpresa y que era imposible capturarlo vivo, decidieron dar fuego al techo de paja del bohío. La pelea continuó fuera, a la luz de las llamas, hasta que, rodeado por todas partes, Guaicaipuro cayó mortalmente herido junto con 25 de sus más fieles acompañantes.

    Es una pena que fuese precisamente nuestro paisano, el muskiztarra Sancho de Villar, quien tuviese que acabar con la vida de aquel héroe. Hoy día, por iniciativa del presidente Chávez, el panteón nacional de Venezuela guarda los restos simbólicos de Guaicaipuro, a quien también se ha elevado a la categoría de símbolo de la resistencia india contra los conquistadores.

   Diego de Losada murió poco después, apartado del mando por el gobernador Ponce de León, quien dio crédito a ciertas denuncias del alcalde Francisco Infante, disgustado porque no había salido tan favorecido como pretendía en el reparto de encomiendas. También murió al poco tiempo el propio Ponce de León, enfermo de disentería, y vino a sustituirle de forma interina Juan de Chaves, quien promovió algunos cambios en el organigrama de mandatarios regionales. Por ejemplo, puso por su lugarteniente en la ciudad de Caracas a Bartolomé García, una de cuyas primeras actuaciones fue vengar la muerte de un encomendero, que con engaños había sido asesinado por sus indios. Para este fin el escogido fue nuevamente Sancho de Villar, a quien se puso al frente de 40 hombres con órdenes de apresar a los culpables, quienes temiendo el castigo, se habían ocultado en los montes de Anaocopon, en la cabecera del valle, lugar en el que se fortalecieron de tal manera que a Villar le resultó imposible acceder a ellos. Murieron en el empeño 5 españoles y resultando heridos tres, entre estos últimos Diego de Henares Lezama, que le había seguido en la empresa, de manera que Villar tuvo que contentarse con dar entierro al cuerpo del encomendero asesinado, el cual halló en un río con los genitales cortados y metidos en la boca.

   Hubo necesidad de esperar hasta el año 1570 para que los indios, asumiendo definitivamente la superioridad de las armas de los colonos, que les causaban incontables bajas, decidiesen rendirse incondicionalmente. La población indígena, que según las cifras -muy imprecisas- aportadas por los mismos conquistadores, oscilaba entorno a los diez mil indios, se vio reducida a poco más de cinco mil en menos de una decena de años.


Detalle del mapa de Venezuela.


   Santiago de León de Caracas fue cobrando cada vez mayor importancia, hasta llegar al año de 1576 en el que el nuevo gobernador, Juan Pimentel, decidió instalar aquí su residencia, constituyéndose desde entonces esta ciudad como el centro administrativo de Venezuela y capitalidad de toda la gobernación. Coincidiendo con este hecho se encargó a Diego de Henares Lezama que realizase un proyecto que diese forma adecuada a la ciudad. Es a Henares, por tanto, a quien se debe la cuadrícula que dio forma a la zona urbana y que aún hoy día se mantiene en la metrópoli. El dibujo que realizó, con la plaza mayor en el centro, y con las iglesias, los solares y las calles dispuestas siguiendo el modelo geométrico que mandaban las ordenanzas, fue enviado a España en 1578 por el gobernador Pimentel, y es, posiblemente junto con el de la fundación (que no se ha conservado), el documento histórico más importante de los primeros años de la existencia de Caracas.

   Sancho de Villar y Diego de Henares prosperaron en la nueva ciudad, no en vano eran sus primeros conquistadores y de los pocos que habían conseguido sobrevivir a las penalidades pasadas. De hecho, en la relación de Pimentel, escrita apenas una docena de años después de la fundación, se daba cuenta de que únicamente quedaban vivos 18 hombres de aquel ejército de 150 -aunque el gobernador rebajaba la cifra a 136- que entraron en la región. Sancho de Villar fue alcalde de Caracas en el año de 1590, y murió poco después sin dejar sucesión. Diego de Henares Lezama, también fue alcalde de Caracas, en el año 1581, tuvo varios hijos e hijas, y dejó la capital para trasladarse San Sebastián de los Reyes, con el cargo de teniente de gobernador. Se avecindó en esta ciudad y extendió sus intereses al valle del Cura, donde se dedicó a la cría de ganado.

   De ambos personajes, Sancho de Villar y Diego de Henares, daremos una visión más detallada en los siguientes artículos.


Goio Bañales

Volver a página principal




Publicado por negrodehumo @ 14:51  | PERSONAJES
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 07 de noviembre de 2009 | 21:08
Muy Bueno tu trabajo y posici?n . ?Ser?a posible que me enviaras por esta v?a informaci?n sobre Guacaipuro o guaicaipuro? ? Que sabes del Penacho de Guacaipuro y del Estandarte de los Indios Teques?
Gracias
[email protected] o [email protected]
Andr?s
Publicado por Exploradores espa?oles
Lunes, 15 de noviembre de 2010 | 16:08

Estupendo artículo. Estas semanas el CaixaForum de Barcelona ofrece un ciclo de conferencias sobre "Exploradores españoles olvidados", muy interesante. La próxima conferencia hablará de Pedro Alonso Galeas. Muy recomendable sin duda.

Saludos!

Publicado por negrodehumo
Lunes, 15 de noviembre de 2010 | 18:58

Ójala tenga respuesta de público porque el tema es muy atractivo. Suerte.

Goio.