Jueves, 25 de junio de 2009



Eran los primeros meses del año 1907 y las cosas no iban bien en el pueblo. El mes anterior los agricultores  habían visto arruinadas sus vegas por las inundaciones, provocadas porque los cauces de los ríos se hallaban cegados a causa de los residuos de los lavaderos de mineral, que impedían el libre discurrir de las aguas. Muchos vecinos del valle de Trapaga estaban dispuestos a emigrar en masa y marcharse a América. Era curioso que la misma actividad minera que atraía a cantidades ingentes de emigrantes, que en 25 años había multiplicado por tres el vecindario, a ellos los echaba de sus tierras. Les dominaba la desesperación más absoluta motivada por la impotencia e indefensión que padecían ante los grandes empresarios mineros y ante una administración alejada de ellos, que estaba representada en Bizkaia por un gobernador civil sin capacidad para resolver nada y que dependía, hasta para lo más nimio, de las decisiones del gobierno de turno en Madrid. Eran doscientos labradores, otras tantas familias humildes, que veían su sustento diario destruido por los lavaderos de mineral y los grandes depósitos de restos de calcinación. Ellos fueron los primeros que sufrieron en sus carnes la pérdida de nuestros Fueros y leyes particulares, quienes vieron cambiar el mundo milenario e inalterable de sus mayores por otro que les fue impuesto. Son ellos, los naturales de esta tierra, los que en otros artículos que he subido al blog he venido calificando como los primeros y los mayores perjudicados por la actividad minera y, sin embargo, los que suelen ser más olvidados cuando se escribe de este tema.

Y lo mismo padecían los vecinos de Barakaldo, y  los de Muskiz, que años más tarde pagarían la codicia empresarial, que se negaba a solucionar el problema, con el coste de varias vidas.

En la gacetilla que copio más abajo -que viene a complementar la anterior que escribí sobre este mismo tema-, se aprecia la desesperación de estas personas, que se mostraban  dispuestas a todo para terminar con aquel estado de cosas. En ella queda constancia de la lucha que decidió mantener todo el pueblo de Trapagaran contra la injusticia y contra el caciquismo; hasta el mismísimo párroco tomaba partido junto a ellos. Tenemos la suerte de que en esta gacetilla se transcribieron los nombres de los que protestaron (uno de ellos era mi abuelo paterno, Vicente Bañales).    


"LAS INUNDACIONES EN EL VALLE

A fines del mes pasado le fue entregado a nuestro distinguido convecino don José Rufino de Olaso, una carta de solicitación de apoyo a él dirigida y que decía así:

Respetable señor nuestro: con fecha 29 del próximo pasado, se presentó al señor gobernador civil de la provincia por la comisión nombrada al efecto, y a la que acompañó el señor alcalde, un escrito firmado por 200 vecinos de este Concejo de San Salvador del Valle, en el cual, y después de protestar enérgicamente contra los abusos de los dueños y arrendatarios de lavaderos de mineral y terraplenes de escombros de las minas próximas, que cegaban los cauces públicos y hacían desbordar los ríos con sus aguas turbias pletóricas de residuos, inundando las vegas y echando a perder las vegas labrantías de los que suscriben, pedíamos una justa reparación, pedíamos que se indemnizaran los grandes perjuicios causados, y que en lo sucesivo se hicieran cumplir extrictamente (sic) todas las disposiciones vigentes dictadas sobre la materia, cuanto se ha legislado sobre el particular y que hasta entonces había resultado letra muerta, algo así como si viviéramos en pleno imperio marroquí.

Nada pedíamos de más: pedíamos lo que en justicia y en moral, en equidad y en derecho nos correspondía; pero esta es la fecha, señor, en que ni se han abonado los grandes daños sufridos, ni se ha tomado para lo por venir, que nosotros sepamos, determinación alguna que ponga a salvo nuestras haciendas y nuestras vidas, que tanto peligro corrieron en el próximo pasado mes con los altísimos desbordamientos de los ríos, cuyas aguas llegaron a la altura de un metro setenta y dos centímetros en las cañas del barrio del Juncal.

Queremos agotar todos los medios legales, todos los medios pacíficos, queremos abarrotarnos de razón, en cuanto al fondo y en cuanto a la conducta, en cuanto al derecho y en cuanto a los procedimientos para hacerlo respetar y valer; y por ello acudimos a Vd. señor Olaso, hijo preciado y afortunado de este pueblo en desgracia, suplicándole encarecidamente que defienda nuestros derechos, que ampare nuestros intereses, que nos preste su valioso apoyo, que dé, una vez más, muestras de su inagotable amor al pueblo que lo vio nacer; que ocupe este puesto de honor, para lo que desde luego, le ofrecemos nuestra más absoluta confianza, nuestra más incondicional adhesión; esperando de su reconocida generosidad y nobleza que acceda a nuestros deseos.

   Y como ello ni por un momento dudan, le dan anticipada y rendidamente las más expresivas gracias sus afectuosísimos y seguros servidores, que quedan a sus órdenes.

Juan Beovides, Víctor de Aguirre, Santos Besga, Mauricio Bañales, Juan José Guruchaga, Domingo de Ibarra, Pedro Esquizabal, Antonio Esquizabal, Castor Butrón, Tomás Aguirre, Cosme Basco, Benito Zabala, Teodoro Landabaso, José Basarrate, Ramón de Hurtado, Santiago Butrón, Esteban Butrón, Francisco Errasti, Juan Echevarrieta, Ignacio Echevarrieta, Jorge Butrón, Domingo Totorica, Manuel Aya, Eustaquio de Landabaso, Juan Bañales, Félix Azcoitia, Castor Ocáriz, Serapio Inza. Jose María Landabaso, Ramiro Bañales, Juan Clares, Fermín Esnal, Agustín Gueza, Felipe Esnal, Indalecio Lezagola, Lorenzo Bilbao, Benito Murguía, Cornelio Ocariz, Marcelino Garastachu, Aniceto Burzaco, Dionisio Díez, Antolín Jocano, Martín Mugarza, Juan Larriaga, Cristóbal Barrueta, Antolín Pereda, David Ibáñez, José Rodríguez, José Moya,Tomás Bustillo, Juan Domingo Garrastachu, Germán Moya, Juan Ibarra, Lorenzo Butrón, Juan Emaldi, Luis Bajacoba, Clemente Garastachu, Agustín Larrazabal, Santiago Ruiz, Aquilino Larrazabal, Juan Cruz Mendizabal, Tomás Ibarreche, Raimundo Arteaga, Martín Ogenbarrena, Manuel Bañales, Aniceto Nubla, Martín Ruiz, Félix Echevarrieta, Pablo Bordegaray, Francisco Mendizabal, Celestino Gamboa, Emilio Santurtun, Hermenegildo Urdangarin, Carlos Ibarrondo, Juan Manuel Elosegui, Gabriel Aldama, Juan Ormaechea. José Trajaola, Antonio Totorica, Vicente Bañales, Victoriano Martín, Julián Antuñano, Guillermo Andrés, Cesáreo Santos, Eladio Ruiz, Luciano Aldama, Gregorio Fernández, Pedro Gamboa, Martín Mardones, Julián Aldecoa, José Gueza, Mariano Balparda, Raimundo Balparda, Juan Santos, Manuel de Loizaga, Balbino Valle, José Butrón, Jorge Zaballa, Narciso Ibarra, Angel Aizpurua, Aniceto Rodríguez, José Tarano, Julián Zaballa, Juan Quintana, Juan Butrón, José de Goitia, Evaristo de Goitia, Julián Butrón, Ramón Olano, Gregorio B. de Olaso, Mariano Hornes, Julián Bartolomé, José Ogaria, Antonio Mendizabal, Gregorio Jauregui, Cipriano Bañales, Nicanor Llona, Gervasio Zamarripa, Julián Zamarripa, Ramón Monasterio, Manuel Causo, José Ayestaran, Victoriano Santa Coloma, cura párroco doctor Nicasio Bande, José Muerza, Juan de Ugarteche, Juan de Allende, Tomás Urcullu, Acensio Sarachu, José Butrón, Pedro Garmendia, Nicolás Alday, Ignacio Sarria, Domingo Enelmaizo, José Zabala, Eremaldo Iturre, Anastasio Urrutia, Andrés Bilbao, Jose María Careaga, Marcos Palacios, José Pedrosa, Nicolás Alday, Manuel Sánchez, Eugenio San Miguel, Segundo Echevarrieta, Román Abriga, Juan Quintana, Pedro Santa Coloma, Gregorio Urrutia, Raimundo Arteaga, Raimundo Madariaga, Nemesio Baracaldo, Gregorio Baracaldo, Roque Rámilo, Feliciano Bengoa, Ignacio Acebal, Antonio Latorre, Leandro Eguirola, Raimundo Eguirola, Fernando Eguirola, Fernando Garmendia, Calixto Garmendia, Félix Mendizabal, Pedro Rodríguez, Hipólito Echevarría, Gregorio Arana, Rafael Cámara, Andrés Larrea, Manuel Rodríguez, Julián Mugarza, Bautista Inza, Simón Aguirrezabala, Angel Ojambarrena, Salvador de Arteagabeitia, Alfonso del Horno, Martín Ajuria, Cristóbal Uriarte, Santiago Butrón, Tomás Uriarte, Timoteo Abiego, José Totorica, Angel Santa Coloma, Elías Bañales, Pedro Totorica, Miguel Madriaque, Castor Careaga, Juan Allende y Pedro Urquiri.


Al serle entregado el documento transcrito al señor Olaso por una comisión de los firmantes le manifestó ésta que todos ellos estaban dispuestos a venir con sus familias, a fin de verificar una imponente manifestación ante la autoridad civil y ante el pueblo de Bilbao; y que tambiénse hallaban bastantes de ellos resueltos a emigrar en masa a América si sus justas reclamaciones no eran atendidas con la urgencia que requiere el caso.

El señor Olaso, que hace tiempo, en enero de 1904, había elevado su voz a favor de los perjudicados, en sentidísima carta que EL NERVIÓN publicó dando a conocer el cuadro de desolación que ofrecían en esa fecha, con motivo de unas inundaciones, muchas tierras de su pueblo natal, se ofreció incondicionalmente a la comisión que le visitaba y a todos los demás vecinos, aconsejó que renunciaran al propósito de la manifestación pública por las calles de Bilbao y prometió que acompañará a varios comisionados, figurando entre estos el alcalde de San Salvador del Valle, para visitar al gobernador civil señor Aresti, en cuya rectitud y otras altas dotes confía plenamente.

La visita se ha verificado hoy al mediodía, acompañando al protector de las reclamaciones el alcalde del Valle, don Angel Fernández, y doce vecinos en representación de todos los demás.

El señor Aresti les recibió afectuosísimamente y oyó con la mayor atención las consideraciones que le fueron expuestas por el señor Olaso y por el alcalde del Valle. El primero le hizo saber cuán fácil y honroso sería para los propietarios mineros, con un pequeñísimo desembolso equivalente a trescéntimos por tonelada de mineral, asegurar por medio de los trabajos de dragado y canalización, las haciendas y hasta las vidas de dos centenares de familias de labradores. El alcalde señor Fernández dijo que él, como minero, estaba dispuesto a realizar el sacrificio que exigiera el bienestar de sus convecinos.

Hizo el señor Aresti manifestación de sus excelentes deseos. Lamentó que la poca estabilidad de los Gobiernos, y por lo tanto de sus representantes en las provincias, sea causa, -como indudablemente ha sucedido en este caso- de que se interrumpa o abandone la solución completa de asuntos del mayor interés material. Añadió que esta cuestión tiene que seguir indispensablemente sus trámites legales, pero que él pondrá toda su buena voluntad al servicio de la más pronta tramitación y de la solución satisfactoria para los intereses de los reclamantes.

La comisión salió de la entrevista muy satisfecha de la amabilidad y excelentes disposiciones en que hallaron al gobernador civil, el cual ha expresado idénticos deseos a otros reclamantes de las vegas de Baracaldo."


EL NERVIÓN, 16 de febrero de 1907.




Por la transcripción:


Goio Bañales

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Publicado por negrodehumo @ 0:02  | MINEROS Y MINER?A
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