S?bado, 04 de julio de 2009



JUAN DEL BUSTO IGUREN (b. 1741, Portugalete), hijo de MANUEL DEL BUSTO MUÑOZ y de JUANA BAUTISTA IGUREN ICHIAGA-ECHAVARRIA.

 

Capitán interino del bergantín San Bernardo con destino a Canarias.

Año 1789, teniente de la fragata correo “La Princesa”, en Montevideo, de la que era capitán Pedro del Barco.

Capitán de correos desde el año 1797 (con anterioridad fue piloto).

Hemos visto, en el artículo anterior, el desgraciado fin que tuvo el capitán Cosme Bringas al mando de la fragata correo “La Cantabria”. Como si de una maldición se tratase, su sucesora del mismo nombre, también se fue a pique cuando la mandaba el portugalujo Juan del Busto, aunque en esta ocasión el final no fue tan trágico. Conocemos los pormenores del suceso, recogidos por el marino e historiador Cesáreo Fernández Duro, que resumo a continuación: La corbeta correo Cantabria había salido de Montevideo en 31 del mes de Agosto del año 1802, siguiendo su navegación convientos favorables hasta que, el día 10 de Octubre, descargó un temporal tan fuerte que impedía ver nada más allá de unos pasos, y el viento, que varia baconstantemente de SSE a Norte impedía que Del Busto pudiese mantener su navío con la popa al viento. El diluvio llegó a ser tan extremo que el timón dejó de obedecer. Suponiendo que su final estaba cercano todos los tripulantes se encomendaron a la virgen del Carmen, guiados por el capellán que sostenía un crucifijo en las manos. De pronto, como si se hubiese escuchado su súplica y de un milagro se tratase, la tormenta desapareció, y la tripulación comenzó a dar gritos de júbilo pues parecía que se suponían salvados. Sin embargo, la mala noticia llegó por parte del despensero, quien comunicó que departamento hacía agua. Efectivamente, sin tiempo para el descanso, oficiales y marineros se entregaron durante toda la noche a atender las bombas de achique, arrojar al mar cuanto pudieron, y poner cuantas prevenciones se les ocurrieron, pero todo fue en vano. En vista de que no había remedio Del Busto ordenó bajar la lancha y el bote con algo de pan y bebida. Él se mantuvo a bordo con sus oficiales, arrojando por la borda cañones, cables, cajones... en fin, cuanto pudiese aliviar la pérdida del navío. Incluso llegó a pasar una vela por debajo de la quilla, por ver si así conseguía estancar el agua. En estas agotadoras labores se mantuvieron desde las 7,30 de la mañana hasta las 5,30 de la tarde. Finalmente, viendo que el hundimiento era irreversible, ordenó serrar la toldilla y echarla al agua para hacer con ella una jangada o almadía, en la que embarcarían los miembros de la tripulación que no cabían en los botes. El resto de pasajeros y pasajeras lo hicieron en las embarcaciones menores. Según contaba el segundo de a bordo, en la descripción que venimos resumiendo, en aquel momento Del Busto, que hasta entonces había mantenido el control, se vio incapaz de reaccionar, manteniéndose a bordo de la corbeta, hasta que, gracias a los gritos y ruegos de los de la gente de los botes, accedió a embarcarse con ellos. Un total de 91 personas se repartió entre la lancha (48), el bote (13) y la jangada (30); había uno  más, un marinero que prefirió permanecer en la corbeta, con la que se se fue al fondo. Lancha y bote, incapaces de recoger más gente que la que llevaban, se fueron alejando de los remolinos de la corbeta hundida, dejando atrás los desesperados gritos de los que desde los restos de la jangada pedían ayuda. En medio de aquella desgracia, cuando aún resonaban en sus oídos los lamentos de los que se ahogaban, tuvieron la suerte de avistar un navío, el bergantín portugués SantaAna, que los recogió. Eran 61 personas que venían a juntarse a las de la tripulación, por lo que debieron racionar agua y comida. Más adelante toparon con el Begoña, del capitán Pedro Azua, que les dio algunas provisiones y llevó consigo 11 de aquellos hombres, aliviando la situación. El 1 de Noviembre llegaron a la isla de Flores, donde el capitán Del Busto y sus oficiales se presentaron al cónsul español, que les dio alojamiento. Finalmente, un bergantín de la real armada, el Descubridor, les llevó al Ferrol, donde llegaron a 20 de Diciembre[1].

 

Es bastante probable que nuestro personaje sea el “Juan del Busto”, teniente de fragata, que fue herido en la batalla de Trafalgar a bordo del navío Monarca, el cual, después de una gran matanza, desarbolado e incendiado en varios puntos, hubo de arriar bandera . Procuraré confirmarlo.



[1] CESÁREO FERNÁNDEZ DURO;“Naufragios de la Armada Española”. Año 1867. Págs. 176-86.

 

 

 

 

 

Goio Bañales

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Publicado por negrodehumo @ 13:41  | MARINOS
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