JOSE ANTONIO DE LLANO MURRIETA (n. 1735, Muskiz), Hijo de JOSÉ DE LLANO BÁRZENA y de MARÍA ASUNCIÓN MURRIETA SARACHAGA.
Capitán de correos marítimos.
Año 1770, piloto y capitán interino del paquebot “El Cortés” (aunque en el diario de navegación de este paquebote José de Llano se cita como capitán interino, y también se alude a José Teodoro Pérez como capitán).
Año 1776, capitán del Cantabria.
Año 1777, capitán del correo “La Princesa”.
Año 1778, capitán del Magallanes.
En la excelente página de internet, todoababor, dedicada a la divulgación de la historia naval, se halla la siguiente reseña acerca de José de Llano:
El 9 de noviembre de 1780 la pequeña fragata-correo Diana,
bajo el mando del capitán Josef de Llano Murrieta, llegaba tras feliz viaje
desde La Coruña. Tras pasar entre Caiques y Marijuana descubrieron a sotavento
un buque grande que maniobraba sospechosamente. La Diana se puso a la
fuga siendo perseguida por la otra embarcación que, a pesar de ser más velera,
no había podido ganarle el barlovento. Así siguieron hasta que a las 10 de la
noche a consecuencia de unos peligrosos bajíos la Diana perdió el
barlovento y poniéndose en facha se preparó para recibir a los enemigos, de los
que no se sabía todavía el porte o si eran corsarios o de la marina de guerra.
A tiro de pistola ambas embarcaciones se dispararon 3 andanadas completas. El
enemigo se retiró un poco mientras que la Diana viró sobre ellos
disparando a mayor distancia otras 4 o 5 andanadas.
A las dos de la mañana la Diana estaba muy maltratada, al igual que la
enemiga. Así que ambas se separaron para arreglar los desperfectos más
urgentes. La Diana tenía el palo mayor atravesado, mucha jarcia cortada
y el costado abierto por varios tiros a flor de agua. Al romper el día se
siguió el combate, de manera muy viva, hasta las 9. Pero el capitán español
viendo que la fragata inglesa era muy grande, con artillería de mayor calibre y
el mal estado de su fragata se decidió a rendirla tras tirar todos los pliegos
al agua. Toda la gente de la Diana, desde el capitán hasta los que
servían la artillería y maniobras se habían portado gallardamente. Cuando los
ingleses tomaron posesión de la Diana se enteraron que la pequeña
fragata española había combatido durante horas, y casi de igual a igual, contra
la fragata de guerra Palas de 40 cañones de calibre 12 y 8 y 250
hombres. La Diana tuvo 7 heridos; el mismo capitán Murrieta fue herido
de un astillazo cerca de un ojo. Los ingleses tuvieron 2 muertos y bastantes
heridos; atravesado el costado por algunas partes y el trinquete tan lastimado
que de haber sido el calibre de la fragata española mayor lo habría rendido. El
capitán de la Palas, Mr. Thomas Speray (sic) trató a todos los de la Diana
con mucha generosidad y dejó a los hombres de la Cámara toda su ropa. En
palabras de los españoles era un hombre atento y generoso. Pero hubo un
terrible suceso que empañó la brillante actuación de los hombres de la Diana.
En el momento en que la bandera española era arriada los marineros españoles,
acalorados y sedientos, abrieron las escotillas y bajaron a la bodega donde
rompieron varias pipas de algún tipo de bebida alcohólica sin determinar y se
pusieron a beber furiosamente quedando embriagados al poco rato. Curiosa
forma de calmar la sed, ¿no?.
El caso es que cuando los ingleses pasaron a bordo vieron el lamentable
espectáculo de la marinería completamente fuera de control. Estos robaban
cuanto podían, se peleaban entre ellos, incluso a cuchillada limpia,
abofetearon al segundo piloto e hicieron otros mil atentados. No siendo
posible contenerlos los pasaron por la tarde a la Palas, y como estaban
tan alborotados todavía les encerraron por aquella noche en una especie de
prisión, donde los ingleses aseguraban que en otras ocasiones habían encerrado
allí a 130 hombres.
A la mañana siguiente, cuando fueron a sacarlos, se encontraron con 21
marineros muertos y otros tantos moribundos. Al parecer el lugar era demasiado
estrecho y a pesar de que los prisioneros estuvieron dando gritos toda la noche
los centinelas no se atrevieron a abrir la celda ya que seguían estando muy
alborotados, y no dieron aviso. El asunto quedó para ser examinado en consejo
de guerra pero si había rencillas entre la marinería al juntarlos en un espacio
tan cerrado, y en un estado tan lamentable de embriaguez, el resultado no podía
ser otro que una tragedia.
El 16 de noviembre llegaron a Kingston en Jamaica y al día siguiente
desembarcaron donde el resto de prisioneros fueron bien tratados y recibieron toda
clase de atenciones. A los 15 días volvieron a la Habana.
(Fuente: Gaceta de Madrid. Encontrado por Todo a babor)
Goio Bañales
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