Martes, 01 de noviembre de 2011

En esta historia, totalmente verídica, se mezclan la ignorancia y la superstición de gran parte del pueblo con las desdichadas circunstancias por las que atravesaba una familia.

Transcurría el año de 1824, de tan triste recuerdo en nuestra historia. Tropas francesas enviadas por las monarquías europeas para apoyar la demencia absolutista del monarca Fernando VII – los cien mil hijos de san Luis-  ocuparon la península, dando inicio a la década ominosa. Se prohibió la Constitución liberal hasta el punto de que el mero hecho de vitorearla en público conllevaba pena de muerte. Se perdió el tren de la revolución industrial y cultural. Pero todos estos graves acontecimientos que sucedían en el reino carecían de importancia para unos desconsolados padres, vecinos del barrio santurtziarra de Cabiezes, pues se hallaban a punto de perder a un hijo de tan solo 16 meses de edad, aquejado de contínuas diarreas que le habían dejado en gravísimo estado. Aquel niño era para ellos lo único importante de este mundo.

La madre, María de Aretxabaleta, hija del alcalde de la localidad, desesperada porque era el segundo hijo que perdería de la misma manera, decidió consultar a una echadora de cartas, vecina del mismo barrio, para que los arcanos arrojasen luz más allá de donde llegaban los médicos, y conocer cuál era la razón de los males que padecía el pequeño. La respuesta, como era de esperar viniendo de quien venía, fue que el niño estaba embrujado y que el hechizo se había producido mediante una manzana. Si semejante necedad no fuese suficiente, la adivinadora fue aún más allá y con las señales que aseguraba deducir de los naipes se atrevió a realizar una semblanza de la posible bruja, diciendo que se trataba de una mujer viuda, alta y morena, que tenía dos hijos y dos hijas, a la que los Aretxabaleta veían todos los días desde la ventana trasera de su casa. El pormenorizado retrato coincidía al cien por cien con una pobre viuda que vivía en el mismo lugar, llamada Ramona de Loredo.

Poco después el niño moría y no solo en el concejo de Santurtzi sino en todo Somorrostro se propagó la noticia de que la causante había sido la desdichada Ramona.

 

Ramona había perdido a su esposo siendo aún una mujer joven, lo que le daba fuerza y coraje para sacar adelante a los cuatro hijos que le habían quedado, dedicándose a la labranza de su casería y al acarreo de mineral que bajaba desde los Montes Altos de Triano y llevaba hasta el puerto de Galindo. Una tarea extenuante en la que gastaba todas sus energías. Ramona era, efectivamente,  alta y esbelta, como la mujer descrita por la adivinadora, pero la dura vida que debía sobrellevar consumió rápidamente su belleza, dejándola en los huesos, lo que probablemente, unido a su hábito viudal, le confería un aspecto propicio para que fuese vista con cierto recelo por algunas personas. Ocupada únicamente en ganar el sustento de sus hijos y el suyo propio, no dedicaba nada de su tiempo a otra cosa que no fuese trabajar, de manera que no pudo enterarse de las habladurías que corrían sobre ella hasta un día en el que el mayor de sus hijos, con lágrimas en los ojos, le contó que sus compañeros de escuela le tildaban a él y a sus hermanos de ser hijos de una hechicera. Ramona, horrorizada por lo que había oido preguntó sobre el caso a algunas personas de su confianza quienes no pudieron hacer otra cosa que confirmar la verdad de aquellos comadreos. Fue entonces cuando decidió acudir a la justicia y limpiar su nombre, más pensando en lo que sufrían sus hijos con aquella situación que en ella misma.

 

Como consecuencia de su acusación se interrogó a numerosos testigos, cuyas declaraciones dejaron constancia del ambiente irracional y supercheril que entonces se vivía en Santurtzi. Según decían, la adivinadora que había echado las cartas y dado origen a toda la situación se llamaba Micaela Ignacia de Basterrechea, aunque pocos la llamaban por su nombre sino por el apodo de “la adivinadora de Cabiezes”. Era natural de Lekeitio, y vino a Santurtzi al contraer matrimonio con Mariano de Cabiezes, maestro de “primeras letras” en el pueblo. En su vivienda se hallaba la escuela, a la que acudían numeros jóvenes del entorno, y que, por otra parte, era también lugar de peregrinaje para muchas personas que venían desde diversos puntos de Bizkaia con el propósito de que Micaela les leyese el futuro. La razón y la insensatez convivían bajo un mismo techo.

 

Dio comienzo el proceso con la presencia de varios testigos presentados por Ramona de Loredo, quienes contaron que todo empezó cuando Micaela, la adivinadora, fue requerida por María de Aretxabaleta y que acudió a su casa, al menos en cuatro ocasiones, para poner en el vientre de su hijo unos emplastos confeccionados con lonchas de carne cruda o con unas hierbas que ella conocía, en cuyo resultado los Aretxabaleta confiaban pues con ellos había curado poco antes al propio alcalde un tumor o úlcera que tenía en la espalda. En una de aquellas oportunidades accedió a echar las cartas y fue entonces cuando realizó la semblanza de la supuesta bruja. En consecuencia, los Aretxabaleta creyeron firmemente que Ramona estaba embrujando a su hijo y que, sin duda, era también la responsable de que tiempo atrás hubiesen perdido una hija.

Aseguraban los testigos que Micaela propuso una solución para atrapar a la bruja, que consistía en cocer el corazón de un buey negro en una jarra llena de alfileres; porque de esta forma podrían cogerla transformada en gato negro. Como es lógico, este complicado sortilegio no surtió el efecto deseado, razón por la cual, perseverando en sus métodos, sugirió que echasen sal en las escaleras de la casa de Ramona, asegurando que de esta manera quedaría atrapada sin poder salir de ella. Evidentemente, aunque lo llevaron a cabo, tampoco en esta ocasión dio el resultado apetecido. La pobre Ramona se extrañó al ver la sal, pero no dio mayor importancia al hecho achacándolo a que alguna sardinera habría dormido en el balcón de su casa.

Una de las curiosas razones que se aireaban y corrían de boca en boca para considerar que Ramona fuese una bruja radicaba en que ella sola y sin ninguna ayuda era capaz de bajar una banda de caballos desde el monte de Triano.

Contaban que cuando el niño murió, Ramona de Loredo, ignorante aún de lo que murmuraban sobre ella, acudió al velatorio que tuvo lugar en la casa de Aretxabaleta. Al cabo de un rato, en que presentó sus condolencias y veló el cadáver, se despidió sin que nada le llevase a sospechar el papel que jugaba en el pensamiento de los presentes. En cuanto salió de la casa María de Aretxabaleta tomó la silla en la que Ramona había estado sentada y la arrojó al fuego diciendo que la “había ocupado el demonio que mató a su hijo”.

 

Como resultado del proceso, Micaela, la adivinadora de Cabiezes, fue llevada a la cárcel pública y sus propiedades fueron embargadas. Los Aretxabaleta y algunos chismosos, que ahora se veían señalados por la justicia, trataron de  desautorizar las declaraciones hechas contra ellos asegurando que eran personas “de toda religiosidad, acreditada conducta en lo político y moral, quietos y sosegados”. También declararon que antes de acudir a la adivinadora habían consultado la conveniencia de hacerlo con el médico de Portugalete, quien “lo consintió”, e incluso con el cura párroco de Santurtzi, Antonio de Zuazo, quien “se manifestaba muy inclinado a estos remedios caseros y aún aconsejó se le trajese para aplicarlos a un cirujano de Galdames”.

Micaela, la adivinadora de Cabiezes, confesó estar “desengañada del embuste de semejantes juegos (de cartas) y se proponía no acordarse jamás de ellos”. Fuese o no cierto que Micaela había cambiado su proceder, y es indudable a ella le convenía que su arrepentimiento se hiciese público, no en vano parte de su defensa se sustentaba en el capítulo del Fuero en el que se prevenía que no se podía castigar al delincuente escandaloso que durante seis meses se apartase del delito y permaneciese en arrepentimiento. Para dar fe de que esto era verdad había logrado el certificado del vicario eclesiástico.  

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 Pórtico. Óleo de Aurelio Arteta (Museo de Bellas Artes de Bilbao)

Por lo que respecta a Ramona de Loredo, la mayor parte de las respuestas de los testigos referentes a ella se limitaban a decir que nunca habían oido ni entendido nada que les hiciese pensar mal. Sin embargo, una de las declaraciones rompe completamente la tónica general; se trata de la respuesta dada por Agustina de Aretxabaleta, prima segunda de María de Aretxabaleta, en la que decía que “al pasar por la habitación de Ramona de Loredo, querellante, que ésta se hallaba en el valcón vailando y titulándose así misma bruja, a cuia sazón habiéndose aproximado un hombre cuyo nombre ygnora, que apellidan Presilla, dedicado al tráfico de zerdos, le imbitó a que también bailase con la misma Ramona puesto que él hera putañero y ella bruja, de lo que se admiró el tal Presilla expresando que precisamente estaba loca o borracha.” Otra testigo también recordaba una situación parecida aunque dejaba claro que se trataba de una chanza, “hallándose la testigo trillando a ésta sazón en el varrio de Urioste hace dos años, en compañía de Ramona de Loredo, le oyó a ésta decir, no sabes que dicen que soy bruja, y al mismo tiempo se ponía a vailar mediante la suposición que se la hacía”.

 

A lo largo del proceso fueron varias las mujeres que acudieron a confirmar que habían requerido a Micaela que les adivinase el futuro, incluso con posterioridad a que fuese denunciada, pero que esta se había negado y que lo mismo había hecho con otras de quienes habían oido hablar. Lo que viene a confirmarnos que la superstición estaba tan extendida que ni el miedo a las sanciones retraía a la gente de continuar solicitando aquellas prácticas.

 

La interesante sentencia, pronunciada por Tomás de Arrarte, alcalde de los Tres Concejos del Valle de Somorrostro, en 15 de febrero de 1827, es la siguiente:

“Se declara falsa calumnia que jamás pueda ofender a la querellante, Ramona de Loredo, toda mala voz o rumor que por lo que resulta de este proceso se hubiese podido espacir contra su opinión bien sentada de cristiana católica, apostólica, romana, por gentes ignorantes o de mala intención a motivo de la enfermedad del niño de don José de Salcedo y de doña María de Arechavaleta, apareciendo que todo ha debido originarse y ser efecto del torpe interés de Micaela de Basterrechea, confesa de egercitarse entonces y al tiempo del movimiento de esta causa en las patrañas y embustes de juegos de cartas para descubrir lo futuro, en inducir y mantener a los incautos en tales supersticiones y vanas creencias, se la condena en un año de prisión y en dos terceras partes de las costas originadas a la misma querellante, apercibiéndola además que si no fuese sincero su arrepentimiento y reincidiese en tan grave delito sufrirá todo el rigor de las leyes. Se condena en la otra tercera parte a Josefa de Salcedo, entendiéndose mancomunadas las dos, y se le apercibe también que si otra vez diese iguales motivos a recelar de su facilidad en creer adivinos o de su propensión a recibir ligeramente y propalar y publicar lo que debe en ofensa del prógimo será condignamente castigada. Se previene a los dichos don José de Salcedo y doña María de Arechavaleta que en lo sucesivo se abstengan de dar márgen a que se les crea imbuidos o que participan en algún modo de tales errores con ocurrir para la curación de dolencias aunque con obgeto de remedios caseros a personas tan notadas como la que era conocida con el título de la adivinadora de Cavieces. Y por lo que resulta contra algunos de los testigos que han depuesto en esta causa, a Ramona de Gamboa y Francisca de Zavalla, que confiesan haber solicitado ellas mismas los juegos de adivinanzas a que se negó la Micaela de Basterrechea, se les impone la multa de diez ducados de vellón a cada una, y caso de no tener con que satisfacerla cinco días de prisión.”

 

 

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   Tal vez alguien pueda pensar que el de Ramona de Loredo se trata de un caso aislado. Nada más lejos de la realidad. Era algo tan arraigado en el pueblo que incluso hubo testigos que intentaron justificarse poniendo como ejemplo otros casos, alguno tan llamativo como el exorcismo a que fue sometido el santurtziarra Sebastián de Urioste en el año 1808. Afirmaba uno de los declarantes que fue llamado “para sujetarle en los mobimientos que hacía al tiempo de ser conjurado por un padre relijioso apellidado Mondragón; que en semejante acto se quejaba que en el pescuezo sentía un terrible impedimento y que seguramente entonces hiba a salir el demonio que le tenía posehido, y suplicaba al citado padre se apurase en aplicarle agua vendita al mismo pescuezo y así lo hizo. Que posteriormente hasta esta época le había visto varias veces delirar al mismo Urioste, y también en el templo del Señor al tiempo de su elebación hacer gestos y aspamentos de maniático. Que también ha obserbado que continuamente guarda Urioste y la articulante una etiqueta y resentimiento manifiestos al público.” Otro declarante abundaba en lo expuesto, subrayando que tenía “un porte afectado y muchos momos y mobimientos de cabeza, expecialmente estando en los templos”. Otro recordaba que había observado hacía tan solo seis años que Urioste luchaba consigo mismo “diciendo que ya le llebaban y haciendo ciertos gestos maniáticos” y que también le vio en la iglesia de Portugalete al tiempo de la elevación de la hostia diciendo “a quien adoraré: al demonio”. Finalmente, otro testigo aseguraba que Sebastián de Urioste acudió en más de una docena de ocasiones desde el barrio del Mello, donde habitaba, a la iglesia del Valle, “donde el religioso que servía aquel beneficio le aplicaba exorcismos por hallarse energúmeno, pues decía el mismo Sebastián que estaba de tres demonios poseido, sin que en concepto del testigo surtieren por entonces el efecto propuesto los tales conjuros, pues posteriormente andubo también frecuentando otros templos de fuera de esta jurisdicción, más si bien desde entonces ha obserbado en algunas ocasiones que se manifiesta algo trémulo, haciendo movimientos de caveza, también lo ha visto la maior parte del tiempo obrar juiciosamente”.

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Es bien sabido que la creencia en brujas estuvo muy extendida en toda Euskal Herria y, lógicamente, en Enkarterri, de hecho, son ya varios los casos que voy encontrando en la documentación histórica que tratan sobre “nuestras” brujas, e incluso en este mismo blog ya he dedicado una entrada a las “brujas de Portugalete” (http://somo.blogcindario.com/2008/09/00201-las-brujas-de-portugalete.html) y este de hoy no será el último. En los próximos días copiaré un artículo que incluí en mi libro “La mujer en Bizkaia”, dedicado a las brujas de Balmaseda.

 

Goio

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Publicado por negrodehumo @ 14:46  | PERSONAJES
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Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 04 de noviembre de 2011 | 19:53

Muy interesante, desde siempre me ha fastinado en tema de las brujas y no sabia que habia tambien en Santurtzi. Gracias.

Hablando de Cabieces, seria interesante estudiar el nombre original de este toponimo.

No soy ningun lingüista pero, ¿podria tener relacion con el euskera?

Creo que el nombre Cabieces proviene del nombre en vascuence Kabietxe (Casa del barranco)

Son suposiciones mias nada mas, Goio, ¿podria tener algo de razon en lo que escribo?

Un saludo, no cambies.

Publicado por negrodehumo
Domingo, 06 de noviembre de 2011 | 4:27

Hola. Muchas gracias por un comentario tan amable.

Recientemente hemos tenido una interesante adivinadora: Genara.

Sobre Cabiezes (Kabiezes): Así como en otros topónimos hemos encontrado alguna evolución, en este no hay alteración alguna desde los primeros registros documentales: Cabiezes o Cabieces.

Según he podido leer, hay un barbarismo que equivale a "desnudo", que se presenta como Cabiaces, Cabiedes, Cabiebes, Cabieles, Cabiales y Capiedes. Sin embargo, no le veo relacción alguna porque aún suponiendo a "desnudo" como "vacío" no parece corresponderse con nuestro Kabiezes.

Yo tampoco soy lingüista, pero me inclinaría más por el latín y una posible derivación de caput, que creo que es la que lleva Capitillo (forma arcaica de Kapetillo), que en su día se aplicaría -esto es hipótesis- al alto del Eskurtu, significando pequeña elevación. También Kabiezes responde a una zona elevada.

sigue........

Publicado por negrodehumo
Domingo, 06 de noviembre de 2011 | 4:27

Carlos Glaría tiene otra explicación, que parece bastante lógica. Escribe : "Desde el punto de vista formal podría relacionarse con palabras castellanas que presentan la raiz cab/cap, tales como cavidad (del lat. CAVUM, -I) o caverna. Otra línea de investigación etimológica partiría de CAVEA, -ae (comparar con cavus) que en castellano da "jaula, colmena, empalizada. // Cavidad, concavidad, oquedad, abertura". De CAVEA procede Kabia en euskera"

Como ves, bastante complicado.

Goio

Publicado por Invitado
Martes, 08 de noviembre de 2011 | 17:18

Muchas gracias por la molestia. Seguiré visitando el blog, Agur.

Publicado por deiedra
S?bado, 17 de diciembre de 2011 | 10:53

Aupa!

"Bonita Historia", nunca habia oido nada sobre el tema en esta zona,

Creo que me has podido inspirar para una cancion jejeje

 

salud!

 

www.deiedrafolk.com

Publicado por deKabiezes
S?bado, 17 de diciembre de 2011 | 14:12

Bravo Goio... buen trabajo!!!. No conocía el blog y a partir de esta historia tan interesante de la bruja de Kabiezes he empezado a bucear por toda la página y me he quedado encantado con el resto de artículos. En especial los relacionados con la cartografía y edificios históricos de la zona. En ese sentido quería aprovechar para preguntarte por la antigua ermita de San Pedro e Cabieces, sobre la que se construyó la actual parroquia de San Pedro. Hay alguna foto o descripción de como era la iglesia original?

Por otro lado, también leí hace mucho tiempo que a finales de los 80 del siglo pasado, cuando se hicieron obras en el interior de la iglesia de San Jorge, aparacieron unos huesos, que por el tamaño de los mismos debió ser un verdadero gigante. Se sabe algo más al respecto?

Gracias de nuevo y lo dicho, enhorabuena por este magnífico blog que ha pasado al TOP 1 de Mis favoritos.

Publicado por negrodehumo
Domingo, 01 de enero de 2012 | 12:53

Gracias por el comentario.

Referente a lo de los huesos, me imagino que es la misma historia de siempre: que si se ha oido a alguien que le oyó a otro... y así sucesivamente. La única que debe ser real en nuestro entorno es la referente a Lope García de Salazar, el cronista, cuyos restos eran los de un hombre de considerable estatura.

Sobre la ermita antigua miraré a ver si encuentro alguna foto.

Goio.